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Cuando lo humanitario se politiza y/o lo político se deshumaniza

por 16 junio, 2020

Cuando lo humanitario se politiza y/o lo político se deshumaniza
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La semana pasado fuimos testigos de dos ejemplos que muestran una grave confusión respecto del buen uso del concepto “humanitario”. Algunos piensan que la confusión no es tal, sino que hay una intencionalidad política precisa.

El primero, que ha reflejado el uso político que se le está dando a la entrega pauteada en detalle por parte de La Moneda a los dos millones y medio de cajas de alimentos para las personas más necesitadas de nuestro país, como resultado de la pandemia.

El segundo, tiene relación con la oferta de un vuelo “humanitario” de repatriación para ciudadanos extranjeros varados en Chile a consecuencia del coronavirus. El Gobierno ofreció esa posibilidad bajo la “promesa voluntaria” de que las personas beneficiadas con el retorno firmaran un documento donde se comprometan a no volver a Chile durante nueve años.

Se trata, sin duda, de dos grupos de personas que se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad y que precisan de asistencia urgente. Es una cuestión de respeto a los derechos y principios humanitarios fundamentales, internacionalmente reconocidos, que garantizan la vida, la protección y la dignidad de las personas. Principios todos a los que Chile ha adherido a través de la firma y vigencia de múltiples tratados internacionales, que obligan a sus autoridades a actuar en concordancia.

El hambre está golpeando muy fuerte a millones de chilenos, lo cual pone en riesgo sus vidas, ya sea por falta de alimentos o por tener que salir a buscarlos desesperadamente, arriesgando ser contagiados por este fatídico virus.

La publicidad y el sentido propagandístico con que se han distribuido las cajas de alimentos entre la población vulnerable dista mucho del respeto que merecen las personas beneficiadas. De hecho, la brutal invasión de la privacidad con tal de destacar una acción política, revela la falta precisamente de sentido humanitario. Y pese a que se han anunciado correcciones a futuro, ha quedado en evidencia que el trasfondo de la entrega poco tiene que ver con mitigar el hambre de la población.

Por otra parte, los extranjeros precisan volver porque han perdido sus fuentes de trabajo y no pueden sobrevivir en un país como Chile, que lucha con grandes dificultades para poder siquiera asegurar la salud de sus connacionales. Los extranjeros han quedado así a la deriva, sin protección y sus países de origen tampoco les dan el auxilio que se merecen por razones probablemente muy similares a las chilenas.

Pero lo cierto es que ambos grupos precisan urgentemente de asistencia humanitaria real.

 Una aclaración necesaria

La asistencia humanitaria es un imperativo ético, que obliga a actuar sin poner condiciones de ningún tipo y sin usar a los receptores de la ayuda para otros fines que no sean su propia dignidad y sobrevivencia. Es más, la acción humanitaria se basa en cuatro principios inviolables, largamente ejercitados en múltiples situaciones críticas: humanidad, imparcialidad, neutralidad e independencia. Y todas esas situaciones delimitan su aplicación.

Humanidad: referida a la obligación de adoptar todas las medidas posibles para evitar o aliviar el sufrimiento humano provocado por conflictos o calamidades, proteger la vida y la salud y garantizar el respeto de las personas.

Imparcialidad: donde la acción humanitaria debe llevarse a cabo en función de las necesidades, dando prioridad a los casos más urgentes y sin hacer distinción de nacionalidad, etnia, sexo, creencia religiosa, clase u opinión política.

Neutralidad: que exige no tomar partido en las hostilidades y en las controversias de orden político, étnico, religioso o ideológico.

Independencia: que indica que la acción  humanitaria debe ser autónoma de los objetivos políticos, económicos, militares o de otro tipo que cualquier agente humanitario pueda tener respecto de las zonas donde se estén ejecutando medidas humanitarias.

Llevados a los dos ejemplos mencionados, hay que decir que el código de conducta para la acción humanitaria prohíbe explícitamente condicionar la asistencia a las personas, lo mismo que hacer uso para fines políticos y propagandísticos de cualquier tipo. Se trata de un derecho de todas las personas a ser asistidas libre y dignamente.

Lo ocurrido esta semana nos lleva seriamente a preguntarnos si lo humanitario lo quieren politizar para fines muy pequeños y cortoplacistas, o si lo político se está deshumanizando. Cualquiera sea la respuesta, ninguna es aceptable, y menos si se dan las dos juntas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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