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El límite de la libertad: una reflexión frente a los actos de vandalismo Opinión Imagen: @KuschelSenador

El límite de la libertad: una reflexión frente a los actos de vandalismo

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Dafne Englander
Por : Dafne Englander Directora Ejecutiva de la Comunidad Judía de Chile.
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Chile es un país diverso, enriquecido por la coexistencia de distintas culturas, creencias y tradiciones. Los actos de intolerancia que hemos vivido no deben definirnos, pero sí deben movilizarnos para rechazar con firmeza el odio en cualquiera de sus formas.


La frase “Mi libertad termina donde comienza la de los demás”, adquiere especial relevancia en estos días, en los que hemos sido testigos de actos de intolerancia que trascienden el debate legítimo para adentrarse en el terreno de la cancelación y la violencia. Esta reconocida frase nos recuerda que el ejercicio de la libertad requiere delicado equilibrio entre nuestros derechos y el respeto hacia los demás.

La vandalización de janukuot en Puerto Montt y Las Condes, un símbolo espiritual y religioso que representa la luz y la esperanza para el pueblo judío, son expresiones preocupantes de un creciente aumento de antisemitismo en nuestro país. Estos actos se enmarcan en posturas y narrativas que buscan desinformar y confundir, instalando un conflicto que ocurre a miles de kilómetros de Chile, alimentando un clima donde el respeto, la fraternidad y la diversidad que enriquece a nuestra sociedad desparecen.

No podemos ignorar el poder del lenguaje. Humberto Maturana decía que “el lenguaje crea realidades”. Cada palabra, especialmente cuando proviene de figuras públicas, tiene el potencial de construir o destruir. Decir que una janukiá —símbolo de una festividad milenaria religiosa— es un “emblema del mal” no solo es aberrante, sino profundamente irresponsable.

Cuando a través del lenguaje se intenta deshumanizar o demonizar a personas, grupos o instituciones, no deberíamos sorprendernos ante comportamientos discriminatorios y violentos, que sin duda atentan contra nuestra democracia y bien común.

Estar en desacuerdo con una persona o grupo no otorga permiso ni derecho para violentar. La diferencia de opiniones es el pilar de una sociedad pluralista y debe expresarse con respeto y dentro de los límites que impone una convivencia civilizada. Vandalizar símbolos de la religión que sea, es un ataque contra los principios fundamentales que sostienen nuestra sociedad.

Hoy, más que nunca, necesitamos responsabilidad en dichos y acciones. La historia nos ha enseñado repetidamente que promover el odio solo conduce a divisiones y sufrimiento. Estar del lado correcto de la historia es condenar estos actos y valoramos y agradecemos a quienes lo hacen por su solidaridad y sensatez.

Chile es un país diverso, enriquecido por la coexistencia de distintas culturas, creencias y tradiciones. Los actos de intolerancia que hemos vivido no deben definirnos, pero sí deben movilizarnos para rechazar con firmeza el odio en cualquiera de sus formas. Nuestro compromiso con la libertad, el respeto mutuo y la convivencia pacífica debe ser más fuerte que cualquier diferencia.

Así como las luces de la janukiá iluminan con fuerza en medio de la oscuridad, seamos portadores de los valores esenciales que enaltecen la humanidad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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