Opinión
El “apagón” del conocimiento: una amenaza para el crecimiento del país
La ciencia no puede quedar en las sombras de una agenda de austeridad ciega. No debemos olvidar que un país no invierte en conocimiento porque es rico, sino que es rico porque decidió invertir en conocimiento.
La implementación de un recorte presupuestario transversal del 3% en todas las carteras del gobierno no es solo una medida de “eficiencia fiscal”. En el caso del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, esta decisión representa un golpe estructural que contradice las promesas de “sorprender positivamente” a la comunidad científica hechas al inicio del mandato. Recortar en conocimiento no es ahorro, es una descapitalización intelectual que compromete nuestra autonomía nacional.
Es alarmante que la primera gran acción de la ministra Ximena Lincolao sea la suspensión de las becas de magíster y posdoctorado en el extranjero. Justificar esta medida bajo la premisa de “evaluar” los programas o “eliminar burocracia” es un eufemismo peligroso. La formación de capital humano avanzado en los centros de excelencia más importantes del mundo no es un lujo prescindible, sino el motor de la sofisticación productiva. Sin investigadores insertos en las fronteras del saber, Chile se condena a ser un eterno espectador del progreso ajeno, profundizando su dependencia de la exportación de materias primas.
En relación al reciente oficio del Ministerio de Hacienda sobre discontinuaciones y rebajas, además se observa que no estamos ante un ajuste rutinario. Se sumó la incertidumbre sobre fondos críticos e históricos, como la Iniciativa Científica Milenio (ICM), las Becas de Postgrado, el instrumento InES (Innovación en Educación Superior), el FIU (Financiamiento Estructural Universitario I+D+i) y el fondo de Startup Ciencia. Al recortar estos fondos, el gobierno pone en riesgo la autonomía de las universidades, la base misma de la I+D+i nacional y la continuidad de investigaciones que tardan décadas en madurar. La investigación de alto impacto requiere estabilidad y visión de largo plazo. La eliminación de los concursos de Anillos de Investigación en áreas temáticas, instrumentos que invierten en investigación asociativa en áreas prioritarias, aportando en conocimiento y formación de profesionales para los desafíos del país, es quizás la medida más peligrosa. Es precisamente en la investigación asociativa donde se forman los profesionales que hoy demandan los actuales desafíos en transición energética y crisis climática. La riqueza del país nace de la innovación. La inversión en CTI+i (Ciencia, Tecnología, Innovación + emprendimiento) no es un gasto suntuario, sino el activo más rentable de una nación.
La evidencia económica sostiene que recortar la inversión en I+D perjudica el crecimiento potencial a mediano y largo plazo más que al PIB inmediato. Al estancarse la I+D, se debilita la productividad total de factores, se limita la absorción tecnológica y se fomenta una dependencia de sectores extractivos de bajo valor agregado. La OCDE vincula la baja productividad de Chile, directamente con esta falta de innovación. Según el Banco Central, el gasto en I+D per cápita es un motor crítico de eficiencia; además, existe una complementariedad clave donde cada aumento del 1% en inversión pública puede incentivar un incremento similar en la privada. Finalmente, el FMI estima que políticas sólidas de fomento a la investigación podrían elevar el PIB hasta un 2%, demostrando que la I+D es el pilar fundamental para diversificar la economía y asegurar la prosperidad futura. Uno de los mecanismos posibles es la complementariedad entre investigación pública y privada.
La ciencia es necesaria para desarrollar un pensamiento crítico robusto. Al capacitar profesionales bajo esta premisa, estamos dotando al país de una capacidad de analizar datos con objetividad y discernir entre información veraz y sesgada. En un futuro marcado por incertidumbres, inteligencia artificial y dilemas éticos complejos, contar con expertos que utilicen la evidencia científica es fundamental para diseñar soluciones innovadoras y con un alto sentido de responsabilidad social.
Mientras el mundo compite ferozmente por liderar en inteligencia artificial y transición energética (áreas donde Chile ha mostrado un liderazgo Regional), el actual gobierno parece optar por el repliegue. Este “apagón” del conocimiento nos pasará una factura impagable: cuando necesitemos soluciones locales para desafíos críticos, nos veremos obligados a importar el talento y la tecnología que hoy decidimos dejar de cultivar.
La ciencia no puede quedar en las sombras de una agenda de austeridad ciega. No debemos olvidar que un país no invierte en conocimiento porque es rico, sino que es rico porque decidió invertir en conocimiento.
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