Opinión
Imagen: agrarias.uach.cl
El recorrido de la Ciencia
La sociedad necesita ver con claridad cómo la ciencia contribuye al bienestar humano: en salud, educación, medio ambiente, producción de alimentos, innovación social, cultura y desarrollo económico. Generar esos indicadores es un compromiso del sistema universitarios chileno.
En el sur de nuestro país, la Universidad Austral de Chile ha desarrollado históricamente un sello basado en una combinación especialmente valiosa: investigación de excelencia con pertinencia territorial. Desde regiones, lejos de los grandes centros urbanos, la universidad ha construido capacidades científicas que hoy impacta en áreas como salud, producción de alimentos, medio ambiente, educación e innovación tecnológica.
No es casual que posea acreditación de excelencia, incluyendo la dimensión investigación. Detrás de ello existe un ecosistema complejo de laboratorios, centros de investigación, formación de capital humano avanzado, redes internacionales y trabajo interdisciplinario que conecta ciencia de frontera con necesidades concretas.
Vitulus, por ejemplo, es un suplemento alimenticio desarrollado para machos de lechería destinados a la línea cárnica. En solo dos años, el IVA generado por la comercialización del producto devolvió al Estado la inversión realizada originalmente.
Algo similar ocurre con los módulos de faenamiento desarrollados por FABE-Austral, que permiten a pequeños ganaderos mejorar estándares sanitarios y producción, operando en varias municipalidades del país.
También existen desarrollos menos visibles económicamente, pero profundamente transformadores en lo social, como manuales y herramientas para educadores que facilitan la inclusión de niños y niñas neurodivergentes en el sistema escolar.
O también en el sur austral, investigaciones desarrolladas en torno a Monte Verde han contribuido a cambiar la comprensión del poblamiento temprano de América, posicionando a Chile en una discusión científica mundial y demostrando cómo la investigación de frontera realizada desde regiones puede transformar el conocimiento histórico de la humanidad.
En salud, el impacto potencial es aún más evidente. Investigadores de la universidad trabajan en el desarrollo de nanoanticuerpos derivados de alpacas, una línea científica altamente innovadora con vista a nuevas alternativas terapéuticas y preventivas frente al virus Hanta, una amenaza emergente en Chile y el mundo.
Del mismo modo, diversos grupos científicos desarrollan investigación en cáncer, particularmente en patologías altamente prevalentes en nuestra macrozona, como el cáncer biliar y el cáncer de mama. Estos trabajos abarcan desde investigación biomédica básica hasta potenciales herramientas diagnósticas, biomarcadores y estrategias terapéuticas para la detección temprana.
Hemos además participado de la génesis y desarrollo de la naciente Política Nacional de Construcción Naval que busca garantizar la seguridad marítima de Chile y promover el desarrollo de la industria.
¿Cómo entendemos entonces el valor de la ciencia y cuál es el verdadero recorrido del conocimiento hasta transformarse en bienestar para las personas?
La secuencia es conocida: primero se genera conocimiento; luego aparecen aplicaciones; posteriormente innovación; y finalmente impacto social y económico. Ese “pipeline” del conocimiento rara vez es inmediato, pero cuando madura puede transformar industrias completas y mejorar la vida cotidiana de millones de personas.
Una de las dimensiones que precisamente otorga complejidad y riqueza a una universidad es la investigación. No basta con impartir clases: las universidades acreditadas en investigación deben demostrar productividad científica, formación de capital humano avanzado, redes internacionales, impacto territorial, infraestructura y sistemas de aseguramiento de calidad.
Y existe además otra dimensión poco discutida: las universidades chilenas están comenzando a generar cada vez más empresas de base científico-tecnológica. Estas startups nacen directamente desde el conocimiento generado en laboratorios y centros de investigación, creando empleos altamente especializados, atrayendo inversión y diversificando economías regionales.
Quienes dirigimos políticas y estrategias de investigación en las universidades tenemos también la responsabilidad de avanzar desde indicadores centrados únicamente en productos, papers, proyectos o publicaciones, hacia indicadores de impacto real y comprensible para la ciudadanía. La sociedad necesita ver con claridad cómo la ciencia contribuye al bienestar humano: en salud, educación, medio ambiente, producción de alimentos, innovación social, cultura y desarrollo económico. Generar esos indicadores es un compromiso del sistema universitarios chileno.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Inscríbete en el Newsletter +Política de El Mostrador, súmate a nuestra comunidad para informado/a con noticias precisas, seguimiento detallado de políticas públicas y entrevistas con personajes que influyen.