Opinión
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De la Inteligencia Artificial a la Inteligencia Apostólica, el rol de las universidades católicas
La Encíclica es clara en su llamado a entender la IA como medio, como herramienta, que debe ser usada en beneficio de la construcción de una sociedad más cohesionada, más justa, más sostenible e inspirada en los valores del Evangelio.
La pregunta por el impacto de la IA en el mundo y específicamente en la actividad universitaria ha generado mucha reflexión y debate. Su uso en la formación, investigación y gestión da cuenta de luces y sombras, de grandes potencialidades y múltiples riesgos.
La Encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV, entrega orientaciones y elementos que enriquecen la reflexión. No haremos acá un resumen de los principales tópicos que la carta pastoral aborda, el texto amerita una reflexión profunda y requiere de tiempo y maduración. Sacar conclusiones apresuradas puede ser una muestra, precisamente, de la superficialidad y estrechez de mirada que la misma Encíclica advierte como riesgo.
En esta línea, nos parece sugerente preguntarnos por el procesamiento que las universidades en general y las católicas en particular, debemos hacer del tema.
Al respecto, tres ideas preliminares, sujetas a discusión y que, ciertamente, pueden ser complementadas.
Lo primero es que el mensaje que León XIV transmite – no solo la Encíclica, también su discurso de presentación- es una invitación a mirar el tema con mayor profundidad, calma y, tal vez, lentitud. No se espera tener respuestas rápidas, tomar acciones, la invitación es a hacerse preguntas fundantes, que apuntan al corazón de lo que hacemos. Como universidades católicas, debemos sumarnos a esta invitación de pensar con profundidad. La respuesta no está únicamente acometer acciones que acompañen la introducción de la IA en la actividad académica, no basta con crear cursos, generar estructuras, políticas o hacer grandes inversiones. Todo ello apunta al cómo y la pregunta que el Papa formula es para qué.
En tanto, para responder al para qué, es clave distinguir medios de fines. Las Encíclica Magnifica Humanitas se inscribe en la tradición del magisterio, es una carta que se inspira en otras y, con seguridad, orientará las que vienen. Las universidades católicas debemos responder a la pregunta del para qué, inspiradas en esa tradición y en nuestro sello institucional, en nuestro ser y quehacer. En este sentido, conviene remirar Ex Corde Ecclesiae (1990) y su invitación a buscar, con responsabilidad y humildad, la convergencia entre la verdad revelada y la descubierta. El Magisterio Latinoamericano también inspira esta reflexión y refuerza el potencial apostólico de la universidad católica en los documentos de Medellín (1968), Puebla (1979), Santo Domingo (1992) y Aparecida (2007).
Los documentos del magisterio coinciden en que, ante todo, la universidad católica debe ser universidad, eso significa que su misión esencial es la búsqueda de la verdad y la generación y difusión del conocimiento científico. Esto requiere de un permanente diálogo con otras disciplinas, con el Humanismo, y con la moderna cultura técnica, donde la búsqueda de la verdad es el horizonte que guía el trabajo conjunto de toda la comunidad universitaria.
La Encíclica es clara en su llamado a entender la IA como medio, como herramienta, que debe ser usada en beneficio de la construcción de una sociedad más cohesionada, más justa, más sostenible e inspirada en los valores del Evangelio.
Finalmente, y entendido ésto, parece desafiante preguntarse por el potencial apostólico de la IA, de qué manera esa herramienta nos ayuda a cumplir la misión encomendada, a no sacrificar aquello que sólo la universidad puede y debe hacer.
En resumen, tal vez debemos pasar de la reflexión acerca de la Inteligencia Artificial a la Inteligencia Apostólica, de modo que la herramienta quede sujeta a la finalidad y no al revés.
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