Opinión
Educación parvularia: el nivel (nuevamente) olvidado
Cada año el diagnóstico se repite y siempre las urgencias terminan desplazando a la educación parvularia al final de la lista, pero seguir postergando este nivel no solo implica descuidar una etapa clave del desarrollo infantil.
Terminada una nueva Cuenta Pública, quedó claro cuáles serán los temas que marcarán la agenda del gobierno al menos durante este año: crecimiento económico, seguridad y reconstrucción. Sin embargo, en este mapa de prioridades, la educación parvularia volvió a quedar relegada a un segundo plano, como si fuera un anexo opcional más que la base del sistema.
No es que falten razones para priorizarla: la ciencia es clara al señalar que los primeros cinco años son un período crítico para el desarrollo del cerebro y el que presenta mayores retornos sociales. La evidencia muestra que para los niños asistir a este nivel no solo impacta positivamente en lo cognitivo y socioemocional, sino que también en sus trayectorias educativas futuras, la participación laboral y las posibilidades de reducir desigualdades de origen, con efectos que se proyectan durante toda la vida adulta. Sin embargo, cada vez que el país define sus urgencias presupuestarias o legislativas, rara vez ocupa un lugar proporcional a su trascendencia.
Los datos muestran señales preocupantes. Según la Radiografía de Educación Parvularia 2025 de Acción Educar, la matrícula ha caído sostenidamente desde 2019, con cerca de 138 mil niños menos en el sistema -una disminución de 16,9%-, concentrada especialmente en prekínder y kínder. Si bien parte de esta caída puede explicarse por factores demográficos, eso no alcanza para entender completamente el fenómeno, pues aún persisten barreras de acceso, dificultades de asistencia y un desajuste entre la oferta y las distintas realidades familiares y territoriales que afectan la participación en el nivel.
Aunque la cobertura -que es la proporción de niños que asiste respecto al total que tiene la edad para hacerlo-, ha aumentado en los últimos años, los niveles más tempranos siguen mostrando rezagos importantes. Actualmente, 3 de cada 4 niños en edad de sala cuna no asisten a educación parvularia. Entre las familias cuyos hijos no participan, 2 de cada 3 señalan que son cuidados en el hogar, mientras que 1 de cada 5 considera que este nivel no es necesario. Esto refleja que la baja participación no responde únicamente a la disponibilidad de oferta, sino también a decisiones familiares asociadas a información, valoración y confianza en el sistema, que inciden directamente en la asistencia en los primeros años.
A esto se suman diferencias de financiamiento difíciles de justificar. Los jardines Vía Transferencia de Fondos (VTF), que representan más de la mitad de la red JUNJI, reciben alrededor de un 44% menos de recursos por niño que los establecimientos de administración directa, pese a atender contextos similares. Estas brechas terminan impactando las condiciones en las que funcionan los establecimientos y las posibilidades de fortalecer la calidad educativa en sectores que, muchas veces, concentran mayores niveles de vulnerabilidad, lo que se traduce en diferencias concretas en capacidad de gestión, inversión pedagógica y estabilidad de los equipos educativos.
Ante este escenario, fortalecer este nivel no requiere reinventar el sistema, necesita de decisiones concretas que llevan demasiado tiempo pendientes. Equiparar el financiamiento entre distintos tipos de jardines, donde hoy las brechas superan el 40% por niño, es una corrección elemental de equidad. Flexibilizar los horarios y modalidades de asistencia permitiría que muchas familias que hoy no pueden participar, si lo hagan. Finalmente, mejorar las condiciones laborales y de formación profesional de educadoras y técnicos es urgente en un contexto donde el interés por estudiar la carrera ha caído a casi la mitad en menos de una década, lo que tensiona la sostenibilidad del sistema en el mediano plazo y las necesidades crecientes del nivel
Cada año el diagnóstico se repite y siempre las urgencias terminan desplazando a la educación parvularia al final de la lista, pero seguir postergando este nivel no solo implica descuidar una etapa clave del desarrollo infantil, sino también renuncias a una de las herramientas más efectivas para reducir desigualdades desde los primeros años. La Cuenta Pública de este lunes fue una oportunidad para romper ese ciclo y darle a la primera infancia el espacio que corresponde en las prioridades del país. Lamentablemente, todo indica que seguirá siendo una tarea pendiente.
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