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La derecha universitaria y la política del miedo Opinión Archivo (AgenciaUno)

La derecha universitaria y la política del miedo

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Antonia Navarro
Por : Antonia Navarro Coordinadora general de la Nueva Acción Universitaria (NAU).
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Si quieren debatir, debatamos: discutamos sobre educación, sobre democracia, sobre financiamiento, sobre participación estudiantil, sobre el rol público de la universidad; pero con honestidad y no desde el miedo, no desde la caricatura, no desde la comodidad de acusar a otros de violentos mientras s


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En política universitaria se puede estar en desacuerdo, se puede criticar una convocatoria, cuestionar una estrategia o disputar una lectura del país. Lo que no tiene cabida es reemplazar la discusión por una caricatura, convertir una marcha democrática en una amenaza, llamar “violentistas” o “delincuentes” a estudiantes que ejercieron un derecho básico y acusar, sin fundamento, que un movimiento estudiantil independiente está “tomado” por partidos.

Frente a una convocatoria democrática de la Confech, acompañada por estudiantes, la FEUC y la NAU, donde no hubo violencia por parte de nuestra militancia ni de miembros del bloque UC, la respuesta de la derecha universitaria no fue debatir el fondo, sino acusar, infundir miedo y mentir.

¿Se cuestionaron por qué miles de estudiantes se movilizaron, qué malestar expresaban o qué responsabilidad tiene la autoridad frente a una comunidad que exige diálogo?

lo que hemos visto durante estos días sugiere que no.

El vicepresidente externo del Movimiento Gremial fue a Radio Agricultura a insistir en una tesis falsa: presentar a la Nueva Acción Universitaria (NAU) como un movimiento violentista, frenteamplista y capturado por intereses partidarios. Esa afirmación no solo es deshonesta, sino que revela una forma pobrísima de entender la democracia universitaria.

La NAU es un movimiento autónomo, con historia propia, con diversidad interna y con militantes que pueden tener trayectorias políticas distintas. Que existan militantes socialistas, frenteamplistas, independientes o de otras sensibilidades políticas no convierte a un movimiento en sucursal de ningún partido.

Pero este truco es viejo: cuando no se quiere discutir el fondo, se ensucia al interlocutor. Cuando no se quiere responder a las demandas estudiantiles, se acusa a quienes las levantan. Cuando no se quiere reconocer que existe una movilización amplia, democrática y legítima, se inventa una amenaza.

Así opera la política de la mala fe: no busca convencer, busca asustar; no busca deliberar, busca disciplinar; no busca verdad, busca instalar sospecha.

Llamar “delincuentes” a estudiantes movilizados no es una opinión dura: es una imputación irresponsable. Llamar “violentista” a un movimiento sin acreditar violencia de sus miembros no es valentía: es propaganda. Decir que la NAU está tomada por intereses partidarios -cuando su estructura y trayectoria demuestran independencia- es una mentira útil para quienes le temen a una universidad politizada.

Pareciera que a ciertos sectores les incomoda que en la universidad se vuelva a hablar del país. Les incomoda que la FEUC y el movimiento estudiantil entiendan que la educación, la democracia y la justicia social no son consignas decorativas, sino asuntos concretos que atraviesan la vida de miles de familias. Por eso necesitan reducir toda movilización a violencia, toda organización a manipulación y toda crítica al extremismo.

Pero la verdad es más simple: marchar no es delinquir, organizarse no es ser manipulado y exigir diálogo no es violentar la democracia; es practicarla.

Si quieren debatir, debatamos: discutamos sobre educación, sobre democracia, sobre financiamiento, sobre participación estudiantil, sobre el rol público de la universidad; pero con honestidad y no desde el miedo, no desde la caricatura, no desde la comodidad de acusar a otros de violentos mientras se violenta la verdad.

Hay una violencia política que no rompe vidrios, pero sí rompe la posibilidad de deliberar: la violencia de la mentira sistemática, que instala a todo estudiante movilizado como sospechoso y que trata a la organización democrática como amenaza.

No vamos a renunciar a la política democrática solo porque algunos prefieran gobernar el debate desde el miedo. No vamos a aceptar que se criminalice a estudiantes por marchar.

La universidad no necesita menos política, sino una con altura de miras, que discuta de frente, que no le tenga miedo al conflicto democrático y que entienda que la verdad importa. La derecha universitaria puede seguir el camino la mentira. Nosotros elegimos el de organizar, movilizar, dialogar y defender una universidad que no se arrodille ante el miedo.

Porque cuando la derecha universitaria no tiene argumentos, acusa. Cuando no tiene proyecto, infunde miedo. Cuando no logra frenar la organización estudiantil, intenta ensuciarla.

No les vamos a regalar esas mentiras (o metáforas, como dicen por ahí).

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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