Opinión
Crédito foto: Lukas Solís, Agencia Uno
Adquisiciones militares y disuasión
Entre las diversas formas de evidenciar voluntad por parte del país que disuade destaca una: la adquisición de capacidades estratégicas y asociada a esta, la asignación de los recursos financieros correspondientes.
En tiempos de decisiones trascendentes para el desarrollo de las capacidades estratégicas del país, es oportuno recordar la vinculación entre las adquisiciones militares y la disuasión, una relación de causa efecto permanente e ineludible, cuyas dinámicas, largamente aprendidas, constituyen un tópico de especial importancia en los Estudios Estratégicos.
Desde Sun Tzu hasta Freedman, sin olvidar a Huntington, Robert J. Art y varios otros, han abordado la disuasión en sus más amplias dimensiones.
Sabido es que la disuasión como postura estratégica descansa en dos elementos principales: la capacidad del país que disuade de resistir una agresión de parte de otro estado y/o de tomar represalias significativas en su contra, y paralelamente, la voluntad de hacer uso efectivo de dichas capacidades ante un ataque.
Esta combinación ha de convencer a un potencial agresor de que los costos de su acción serían mayores que los beneficios que eventualmente obtendría de su acometida. Es un cálculo racional, sustentado en doctrinas comunes y tecnologías similares entre el que disuade y el disuadido.
Es un juego psicológico -aunque basado en capacidades materiales- que descansa en la aptitud del país que disuade de convencer a cualquier potencial agresor que tiene la voluntad efectiva de propender a su defensa, utilizando sus medios bélicos.
Si el juego fracasa, si la voluntad del que disuade no se comunica bien, la disuasión se desploma. De ahí la importancia que tiene la exhibición creíble de la voluntad del que disuade, lo que implica diversos mecanismos cuya significación es entendida por todas las partes involucradas.
En el campo de la estrategia nuclear, la realización de pruebas reales de armas atómicas constituye la más tangible manifestación de voluntad de su empleo. Técnicamente son innecesarias ya que existen modelos computacionales 100% fiables, pero el efecto sicológico y político de una prueba evidencia voluntad real de empleo.
Esto explica, por ejemplo, las reiteradas pruebas nucleares de Corea del Norte. A su turno, en la disuasión convencional la comunicación de voluntad se manifiesta de varias maneras. Por ejemplo, el despliegue militar de tiempo de paz del país que disuade, en cuanto la distribución geográfica de sus fuerzas evidencia sus prioridades estratégicas.
También manifiestan voluntad los desfiles militares con exhibición importante de medios tecnológicos así como la publicación de Libros Blancos que declaren formalmente la disuasión como postura estratégica y la difusión pública de doctrinas militares que apunten en el mismo sentido.
La comunicación de intenciones puede abarcar también maniobras militares, patrullajes fronterizos por tierra, en el aire, dentro del espacio aéreo soberano, o en los límites de sus aguas jurisdiccionales. Todas estas acciones, sin amenazar a nadie, manifiestan voluntad del país que disuade de utilizar sus medios ante una agresión. Son códigos compartidos y comprendidos por todos.
Entre las diversas formas de evidenciar voluntad por parte del país que disuade destaca una: la adquisición de capacidades estratégicas y asociada a esta, la asignación de los recursos financieros correspondientes. Ambos constituyen el binomio fundacional de toda postura estratégica disuasiva.
En esta dinámica, la adquisición de medios bélicos, forja, a un tiempo, las capacidades estratégicas indispensables para generar una disuasión creíble y, paralelamente, evidencia la voluntad de su empleo.
Cabe observar, además, que las adquisiciones de material bélico tienen un valor persuasivo propio, más allá que conformen las capacidades materiales de la función de defensa. Se tiene así que el efecto de las adquisiciones bien puede anteceder a la compra misma, haciéndose patente ya en las etapas decisionales previas.
Por cuanto la disuasión se manifiesta mucho en el plano de las percepciones, este último aspecto de las adquisiciones de sistemas de armas adquiere especial significación, en la medida que hace patente la preocupación de las autoridades políticas de propender a la seguridad del país.
Esta atención de las autoridades políticas a la función de defensa también contribuye a la percepción de voluntad indispensable en todo esquema disuasivo, lo que potencia el efecto demostrativo necesario por parte del país que lo implementa, en una suerte de círculo virtuoso de su seguridad.
Cabe recordar que esta preocupación del estamento político es un componente primigenio de un liderazgo civil en defensa, la forma más moderna y avanzada de relacionamiento civil-militar.
Todo lo expresado resulta aplicable en especial a Chile. Por lo pronto, la disuasión junto con la legítima defensa han constituido de antaño los pilares de la seguridad externa del país, reconocidos en los Libros de la Defensa y en la actual Política de Defensa Nacional.
Además, el país es hoy un actor geopolítico global, condición inédita en su historia, que conlleva responsabilidades estratégicas especialmente relevantes.
Al mismo tiempo, existe en la región un proceso de potenciamiento militar que, sin constituirse en una competencia armamentística, al menos por el momento, debe ser considerado en su horizonte estratégico.
A lo anterior debe sumarse que las condiciones de seguridad internacional, ya largamente conocidas, inexorablemente inciden en la condición de seguridad exterior del país. En esta dinámica, los actuales procesos de desarrollo de capacidades estratégicas potencian la disuasión como postura estratégica de Chile, incrementan sus capacidades de propender a su defensa en caso necesario y afianzan su posición en los más amplios escenarios de la seguridad internacional.
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