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La IA y la obsolescencia estratégica acelerada Opinión

La IA y la obsolescencia estratégica acelerada

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Federico Morello
Por : Federico Morello Socio Líder Consultoría y Asesoría Empresarial, PwC Chile
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El verdadero riesgo ya no es quedarse atrás en la adopción de la IA. Es quedar atrapado en una estrategia diseñada para un mundo que ya dejó de existir.


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Michael Porter definía la estrategia como la capacidad de construir una posición única y valiosa mediante un sistema de actividades difícil de imitar. Pero toda estrategia descansa sobre un supuesto pocas veces explicitado: que el entorno competitivo cambia más lento que la capacidad de las organizaciones para adaptarse a él.

Hoy, la inteligencia artificial está destruyendo ese supuesto. Durante décadas, las empresas formularon sus estrategias observando a sus clientes, segmentando mercados, diferenciándose de sus competidores y analizando las grandes tendencias del entorno. La estabilidad relativa de esos factores permitía construir ventajas competitivas capaces de sostenerse durante años. Sin embargo, la irrupción de la IA está alterando simultáneamente todos esos elementos.

Los clientes cambian sus expectativas a una velocidad inédita. La personalización deja de ser una ventaja para transformarse en una exigencia básica. La inmediatez reemplaza a la espera. La interacción con sistemas inteligentes comienza a redefinir los estándares de servicio en prácticamente todas las industrias.

Al mismo tiempo, la competencia también cambia. La IA reduce barreras de entrada históricas y permite que organizaciones pequeñas accedan a capacidades que antes estaban reservadas para grandes corporaciones. Actividades que requerían equipos numerosos, años de experiencia o inversiones millonarias hoy pueden ejecutarse con una fracción de los recursos. Como resultado, muchas ventajas competitivas tradicionales comienzan a erosionarse.

Pero quizás el cambio más profundo ocurre en el propio concepto de valor. La inteligencia artificial no solo permite hacer mejor las cosas. También modifica qué cosas son valiosas. Capacidades que durante años justificaron márgenes, posiciones dominantes o diferenciación pueden perder relevancia cuando se vuelven accesibles a cualquier actor que disponga de la tecnología adecuada.

PwC estima que la IA podría incrementar el PIB global en torno a un 15% hacia 2035. Sin embargo, el dato más relevante no es el crecimiento económico potencial, sino el desplazamiento masivo de valor que ocurrirá entre industrias, empresas y modelos de negocio. Trillones de dólares cambiarán de manos a medida que nuevos actores capturen oportunidades y otros pierdan relevancia.

Estamos entrando así en una era que podríamos denominar de “obsolescencia estratégica acelerada”: un contexto en el que las ventajas competitivas envejecen más rápido que nunca. Lo que ayer constituía una fortaleza puede convertirse mañana en una debilidad. Lo que durante años aseguró rentabilidad puede transformarse rápidamente en una capacidad indiferenciada.

Por eso, el desafío de las organizaciones no es simplemente adoptar herramientas de inteligencia artificial. Es revisar los supuestos sobre los cuales construyeron su estrategia. Preguntarse nuevamente qué valoran sus clientes, qué capacidades seguirán siendo distintivas, dónde se generarán los márgenes futuros y cómo cambiarán las reglas de competencia de su industria.

Muchas empresas están abordando la IA como un proyecto tecnológico. Ese puede ser su principal error. La inteligencia artificial no es solo una innovación tecnológica; es una fuerza capaz de reconfigurar mercados completos.

El verdadero riesgo ya no es quedarse atrás en la adopción de la IA. Es quedar atrapado en una estrategia diseñada para un mundo que ya dejó de existir.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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