Opinión
La competencia que aún falta en medicamentos
En un ámbito tan sensible como el de los medicamentos, no basta con hablar de libre competencia.
La Fiscalía Nacional Económica volvió a poner el mercado de los medicamentos bajo la lupa. Pocas áreas afectan tanto el presupuesto de las familias y del Estado, y pocas muestran con tanta claridad que el problema no es solo cuánto cuesta un fármaco, sino también cómo se compite para venderlo.
Chile lleva años discutiendo sobre el precio. Pero ese debate suele quedarse corto si no se mira algo más básico: la competencia no es realmente libre cuando los actores juegan con distintas reglas.
Los laboratorios instalados en el país enfrentan altas exigencias sanitarias, laborales y ambientales. Eso es correcto y necesario. El problema aparece cuando se ingresan productos provenientes de sistemas con fiscalización menos homogénea. Ahí la cancha deja de ser pareja.
Esa misma lógica debería aplicarse al retail farmacéutico. La concentración de las grandes cadenas no es un detalle menor. Quien controla el acceso al consumidor final también influye en el surtido, en la negociación y en la decisión de compra. Si la alternativa más barata no siempre termina imponiéndose, no basta con mirar la receta o la bioequivalencia.
Algo parecido ocurre con Cenabast. Su papel ha sido importante en acceso y precios, pero eso no la exime de una revisión seria desde la libre competencia. Las bases de licitación, condiciones de participación y diseño de procesos pueden abrir la puerta a más oferentes o, por el contrario, estrecharla. No se trata de poner en duda su función, sino de exigir que un instrumento útil no termine reduciendo la rivalidad que justamente busca promover.
Y en materia de patentes, el punto es igual de delicado. La propiedad industrial cumple una función legítima: incentivar la innovación. Pero cuando se usa para prolongar exclusividades o retrasar la entrada de nuevos oferentes, deja de cumplir ese propósito y pasa a operar como barrera. En materia de terapias farmacológicas, eso puede demorar la llegada de similares y biosimilares, justo cuando más se necesita mejorar las condiciones competitivas.
Por eso, el nuevo estudio de la FNE no debería limitarse a repetir los diagnósticos conocidos. Hablar de dinámica competitiva en medicamentos exige mirar la ruta completa de acceso: fiscalización sanitaria, retail, compras públicas y patentes. El desafío no es solo que existan más oferentes. Es que todos puedan participar de manera efectiva y sobre reglas comparables.
En un ámbito tan sensible como el de los medicamentos, no basta con hablar de libre competencia. Hay que asegurarse de que realmente compita quien puede, quien cumple y quien entra bajo las mismas condiciones. Todo lo demás es solo una apariencia de mercado.
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