Opinión
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El mercado laboral ya envejeció; las políticas, todavía no
Sabemos que cada vez más personas siguen trabajando después de los 50. Lo que no sabemos con suficiente claridad es, en qué condiciones lo están haciendo.
El 30 de junio el INE publicó las cifras de empleo del trimestre marzo-mayo de 2026.
La tasa de desocupación llegó a 9,4% y, como era esperable, ese fue el dato que ocupó los titulares.
Pero en el mismo informe había otro dato que pasó prácticamente desapercibido: las personas entre 55 y 64 años fueron uno de los dos grupos que más aportó al crecimiento del empleo en los últimos doce meses, con un aumento de 2,8%. Vale la pena detenerse ahí.
Ese dato muestra algo que hace rato viene ocurriendo y que todavía cuesta incorporar en la discusión pública: el mercado laboral chileno ya está envejeciendo. Cada vez hay más personas trabajando cerca de la edad de jubilación o después de ella.
El propio INE entrega otra pista. En la presentación de estas cifras calcula una tasa de ocupación “acotada”, que considera solo a hombres hasta los 64 años y mujeres hasta los 59. La diferencia entre esa tasa y la tasa general viene aumentando de forma sostenida desde 2010. No es casualidad. La población en edad de jubilar pasó de representar el 17,9% de las personas en edad de trabajar en 2019 al 21,3% en 2026. El mercado laboral ya cambió. Las políticas todavía no.
Ese mismo día el Ministerio del Trabajo dio a conocer el Informe Final de la Mesa de Reactivación Laboral. El documento reúne 22 propuestas distribuidas en cinco ejes y constituye un trabajo serio. Hay medidas para fortalecer el empleo femenino, mejorar los subsidios, impulsar la capacitación, revisar aspectos regulatorios y perfeccionar la información del mercado laboral. Sin embargo, las personas entre 50 y 65 años aparecen apenas mencionadas, como uno de los grupos prioritarios para un subsidio al empleo.
No existe una propuesta que aborde de manera específica este envejecimiento de la fuerza de trabajo, así como la transición laboral de quienes enfrentan esta etapa de la vida. Y ahí hay una discusión pendiente.
Sabemos que cada vez más personas siguen trabajando después de los 50. Lo que no sabemos con suficiente claridad es, en qué condiciones lo están haciendo. ¿Cuántos vuelven a trabajar después de perder un empleo formal?, ¿Están encontrando empleos de calidad?, ¿Cuántos terminan en ocupaciones más precarias o informales? Responder esas preguntas tampoco es fácil porque el propio sistema estadístico tiene limitaciones.
La ENE no publica habitualmente información desagregada para el tramo entre 50 y 65 años. Cuando entrega cifras por edad, normalmente utiliza el grupo de 55 a 64 años. Justamente el período donde se producen muchas de las transiciones laborales más complejas y que queda parcialmente oculto.
Las cifras conocidas esta semana muestran que más personas mayores están trabajando. Pero eso, por sí solo, no indica si estamos frente a una buena noticia.
En el mismo período la ocupación informal aumentó 4,6% y el empleo formal volvió a caer por tercer trimestre consecutivo. Que el grupo de 55 a 64 años explique buena parte del crecimiento del empleo no alcanza para sacar conclusiones optimistas. Todo depende de la calidad de esos trabajos y de las trayectorias que hay detrás de esas cifras.
Esa conversación todavía está ausente de la formulación de las políticas públicas, y es precisamente esa evidencia la que el Observatorio de Longevidad Productiva busca poner sobre la mesa.
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