Opinión
Crédito foto: Instituto Tele Arte
Archivo de Teleseries de Bernardo Oyarzún, memorias de barrio y la organización de la ignorancia
Poco después de la inauguración de la muestra de Oyarzún, el espacio físico fue cerrado. Tras diez años de exposiciones, se anunció su clausura “por problemas eléctricos”, una explicación que aparece inseparable de la precariedad cultural actual.
Bernardo Oyarzún realiza una revisión de su propio Proyecto Teleserie en la exposición Archivo de Teleseries (Instituto Tele Arte, Santiago).
Se trata de recorridos audiovisuales protagonizados por familias y vecinos de barrios populares chilenos, como su conocida Mal de Ojo (2007, Galería Metropolitana), un intento “deconstructivo” del género televisivo que buscó aproximarse a la revisión simbólica de la cultura urbana, mezclando drama latinoamericano barroco y fantas-ma-sías comunitarias.
En esta nueva muestra, Oyarzún rescata el melodrama barrial como lenguaje común. Los guiones sin pretensiones formales, la música tropical y el comercio callejero aparecen como “matrices de significación” que articulan la vida cotidiana. El matriarcado popular se presenta como eje transversal de la narrativa, mostrando al barrio mismo como un “set” y archivo vivo donde la grabación amateur se (con)funde con la experiencia diaria.
La exposición propone que estos códigos del barrio latinoamericano podrían requerir su correspondiente archivo instituyente, particularmente en un país donde la memoria cultural se vuelve cada vez más frágil.

Instituto Tele Arte
Oyarzún, más acá(a)llá del barrio
La trayectoria de Bernardo Oyarzún debería ser conocida, al menos en términos generales, por estudiantes de arte, por lo que no me extenderé en ella.
En Archivo de Teleseries no observamos simples ejercicios preliminares, sino un proyecto que existe gracias a su vinculación con la comunidad, donde los/as vecinos/as participantes forman parte de la obra y de su resultado.
Si se trata de una producción temprana de Oyarzún en un campo todavía experimental, el guion y el rodaje asumían una condición amateur que operaba como forma de “territorialización social”, integrando lo profesional y lo barrial.
Oyarzún mezcla humor callejero y estética kitsch mediante estereotipos de la televisión popular. El resultado es una mixtura entre archivo documental, teatro de barrio y cine barrial fotograma a fotograma.
Instituto Tele Arte, habitabilidad y “autogestión”
El proyecto se presenta, ahora en 2026, en el Instituto Tele Arte (ITA), galería “independiente” fundada en 2016 en la casa del artista Enrique Flores, en el barrio Franklin.
Tras trasladarse en 2021 a Serrano con Diez de Julio, el espacio continuó impulsando instancias colaborativas con la comunidad. Las relaciones entre arte contemporáneo, domesticidad y cultura popular mantienen un interesante cruce narrativo con experiencias como Galería Metropolitana, aunque esta última cuenta con dos décadas adicionales de trayectoria.
Poco después de la inauguración de la muestra de Oyarzún, el espacio físico fue cerrado. Tras diez años de exposiciones, se anunció su clausura “por problemas eléctricos”, una explicación que aparece inseparable de la precariedad cultural actual. El cierre interrumpe procesos donde lo periférico, en clave contemporánea, pierde una plataforma significativa de desarrollo y circulación.
Errónea zona de sacrificio cultural
Desde la llegada del actual gobierno -e incluso antes- diversos centros culturales han perdido estabilidad, financiamiento o continuidad. El ministro de Cultura, Undurraga, recortó cerca de un 10% del presupuesto, medida que revela una comprensión reductiva del papel histórico que la cultura ha desempeñado en los procesos de desarrollo de las sociedades occidentales.
Podrían mencionarse, rápidamente, situaciones que afectan a instituciones como el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), Centro Cultural Palacio La Moneda (CCPLM), Corporación Cultural Artistas del Acero en Concepción o programas comunitarios como Somos Barrio.
En todo esto, es pertinente preguntarse si es casual que, en medio de este progresivo deterioro artístico cultural, el Instituto Tele Arte haya debido cerrar sus puertas. En esta desconexión educativa de los funcionarios técno-políticos -que no es exclusiva de este gobierno, aunque sí particularmente visible-, el proyecto de Oyarzún devuelve al barrio y a su telenovela popular la condición de reconstrucción simbólica de un tejido social donde las políticas públicas nunca realizaron la tarea histórica del crecimiento cultural/económico de occidente.
Aquí, la exposición es una instalación/performance de activación lúdica de la memoria popular ante el horroroso desmantelamiento oficial.
Breve historia comparada
La cultura nunca fue un añadido en la reconstrucción de las economías hoy consideradas desarrolladas, sino parte del plan.
En Alemania Occidental, la recuperación industrial y la reconstrucción editorial ocurrieron simultáneamente. En Japón, la modernización económica convivió con la preservación activa de matrices culturales locales. En España, la inversión cultural -con casos “emblemáticos” como el Museo Guggenheim de Bilbao- fue concebida explícitamente como herramienta de reconversión económica y urbana. En ninguno de estos casos el gasto cultural fue tratado como un gasto prescindible frente al gasto productivo.
Las políticas populistas en Chile, que citan estos procesos como modelos de desarrollo económico, no conocen su estructura de desarrollo cultural, y eso que me estoy refiriendo al modelo Capitalista-Arte, con todas las reificaciones disidentes, “marginales” y de contestación que puedan considerarse en el camino.
Aquí, el cierre del ITA pareciera no ser una situación aislada en el agenciamiento político/ciudadano de tercer mundo.
El problema no fue causado por una mantención eléctrica (si fuera el caso, se cerraría la mitad de Santiago centro, y ni hablar de Valparaíso), sino años de precariedad estructural en el financiamiento de espacios culturales independientes, donde sujetos, o individuos, sienten empoderamiento cultural de retroceso como logro de competencia administrativa territorial en sus imaginarios de polarización política, en la cual no dimensionan la precariedad estructural de las inteligencias sensibles y críticas que también disminuirán en sus propios entornos reproductivos.
El proyecto de Oyarzún documenta parte de estos procesos comunitarios y barriales con rigor equivalente al de un archivo institucional, planteando el cuestionamiento obligatorio (consciente o no) de si es necesario que el arte (“contemporáneo”) pueda producirse fuera de los centros metropolitanos (también fragilizados o cerrados), como activación de presupuestos duros y simbólicos donde podamos extender la reflexión activa sobre si la política pública está dispuesta a considerar la evidencia histórica comparada, antes de seguir precarizando este sector, pues con ello, precarizan toda la herencia generacional, independiente del estrato socio cultural económico.
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