Opinión
El posliberalismo, el gran dilema de la derecha
En materia de gestión gubernamental el posliberalismo no solo es consciente de las dificultades que enfrenta, sino que asume la sustitución de la democracia y la limitación radical de la libertad como indispensables para enfrentar las amenazas.
Con la publicación del ensayo La ilusión posliberal. Patrick Deneen y el proyecto político de José Antonio Kast, Valentina Verbal ha asumido la tarea de caracterizar con seriedad, desde la derecha liberal, el proyecto político de José Antonio Kast y evidenciar los desafíos político – democráticos que enfrenta la derecha tradicional al adherir al actual gobierno.
Su punto de referencia es Patrick Deneen, autor del libro Por qué falló el liberalismo publicado en Chile por el Instituto de Estudios de la Sociedad (IES). (Para mayores antecedentes sobre Deneen remito a mi artículo en este link).
La pregunta central de Verbal es si la propuesta de Deneen de instalar un orden político que sustituya al liberalismo constituye una alternativa plausible en términos históricos y deseable desde un punto de vista filosófico. Su respuesta es negativa pues, según la autora, el posliberalismo cuestiona, radicalmente, presupuestos fundamentales del liberalismo contemporáneo, en especial su pretensión de neutralidad moral y la centralidad otorgada a la autonomía individual.
Como señala acertadamente Verbal, el posliberalismo busca imponer una idea de bienes y valores sustantivos, que no solo otorga mayor relevancia a instituciones como la familia o la religión, sino que opta por una opción en perjuicio de otras, así como por la promoción de una determinada concepción del bien común desde el ámbito político.
Junto a esta crítica sustantiva, Verbal afirma que el posliberalismo tiende a subestimar el carácter plural de las sociedades contemporáneas y los riesgos asociados a la promoción estatal de una concepción sustantiva del bien común.
Coincido con las críticas de Verbal. No obstante, enfatizar la pregunta de si el posliberalismo subestima las dificultades de implementar su propuesta, minimiza el desafío a la libertad, la igualdad y la democracia que representa el posliberalismo tanto en las afirmaciones de sus principales intelectuales como por el tipo de práctica gubernamental que han desarrollado.
En el 2007, Peter Thiel, por ejemplo, alertaba sobre la nueva vulnerabilidad de occidente que hacía necesaria más seguridad a costa de menos libertad, catalogando como manía fundamentalista y anacronismo el lenguaje de los derechos individuales inviolables.
Deneen, por su parte, sostiene que el triunfo del liberalismo, paradojalmente, tuvo como consecuencia que el mundo de hoy se parezca cada vez más al estado de naturaleza de Hobbes. En consecuencia, la única solución es un cambio de régimen.
En materia de gestión gubernamental el posliberalismo no solo es consciente de las dificultades que enfrenta, sino que asume la sustitución de la democracia y la limitación radical de la libertad como indispensables para enfrentar las amenazas apocalípticas (Thiel) que enfrenta la sociedad occidental. Ello queda en evidencia en las experiencias “iliberales” en varios países.
Sin duda, el caso de Chile con el Gobierno de Kast constituye una “noticia en desarrollo”. No obstante cabe preguntarse si lo que está en juego hoy día en la derecha chilena es la coexistencia entre liberalismo y conservadurismo, como afirma Verbal.
Resulta dudoso que el Partido Republicano y el Nacional Libertario representen una nueva versión del conservadurismo democrático. Como señala la propia Verbal, la “batalla cultural” que promueven y la idea de que su concepción moral debe proyectarse desde el Estado representa una clara ruptura con la tradición liberal democrática. Cabe agregar, entre otras cosas, el rechazo de la inmigración por razones racistas (Ver a Axel Kaiser en este link).
Tampoco es casual que se descarte la conformación de una coalición con la derecha tradicional que sustente el actual gobierno; tampoco las diferencias “de estilo”.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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