Opinión
Hacia un reporte corporativo “AI ready”
En Chile, donde la agenda de sostenibilidad, transparencia y reporte corporativo continúa madurando bajo estándares internacionales, este fenómeno merece atención.
La conversación sobre inteligencia artificial en las empresas suele centrarse en cómo usarla para mejorar procesos, aumentar la productividad o automatizar tareas.
Sin embargo, un cambio igual de relevante está ocurriendo en silencio: la IA ya no solo ayuda a producir información, también la está leyendo, interpretando y utilizando para tomar decisiones.
Según la Global Investor Survey 2025 de PwC, un 62% de los inversionistas ya utiliza IA para analizar reportes corporativos y transcripciones de resultados, mientras que un 56% la emplea para elaborar tesis de inversión y notas de análisis. Apenas un 4% declara no utilizar estas herramientas.
Estas cifras muestran que la IA dejó de ser una tecnología experimental para convertirse en un actor que influye directamente en la evaluación de las organizaciones.
Esto implica un cambio profundo para quienes preparan información financiera, de sostenibilidad y de desempeño corporativo. Tradicionalmente, los reportes se diseñaban pensando en lectores humanos capaces de interpretar contextos, matices y explicaciones. Los modelos de IA funcionan de manera distinta: procesan grandes volúmenes de información, identifican patrones, comparan datos y extraen señales de forma automatizada. Pero también pueden perder significado cuando la información está dispersa, expresada de forma inconsistente o excesivamente dependiente de gráficos, notas al pie o interpretaciones implícitas.
En este nuevo entorno, conceptos como consistencia, trazabilidad y estructura adquieren una relevancia estratégica. El uso uniforme de terminología, la definición clara de métricas y la conexión explícita entre estrategia, riesgos y resultados facilitan que la IA comprenda correctamente el mensaje que una organización busca transmitir. De lo contrario, aumenta el riesgo de que terceros —inversionistas, reguladores, clasificadoras o grupos de interés— lleguen a conclusiones distintas a las pretendidas.
El desafío es especialmente relevante en sostenibilidad. A diferencia de los estados financieros, las revelaciones ESG tienen un alto componente narrativo y se basan en múltiples marcos de reporte, los cuales a su vez no terminan de evolucionar.
Cuando una IA no logra reconciliar los compromisos declarados con los datos observables, pueden surgir señales de inconsistencia o incluso riesgos reputacionales asociados a percepciones de greenwashing.
Por ello, el concepto de reporte “AI ready” comienza a ganar espacio. No se trata de escribir para máquinas, sino de asegurar que la información sea comprensible tanto para personas como para sistemas que hoy participan activamente en procesos de inversión, supervisión y análisis.
Herramientas como el etiquetado estructurado de datos, las pruebas de interpretación semántica y la revisión desde distintas perspectivas de stakeholders permitirán reducir brechas entre lo que una empresa busca comunicar y lo que efectivamente se interpreta.
En Chile, donde la agenda de sostenibilidad, transparencia y reporte corporativo continúa madurando bajo estándares internacionales, este fenómeno merece atención. Quienes incorporen esta mirada desde hoy estarán mejor preparados para fortalecer la confianza y la credibilidad en un entorno cada vez más digital.
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