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El desempleo como coartada Opinión Crédito foto: Agencia Uno

El desempleo como coartada

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Chile va camino al 10% de desempleo. Son más de 900 mil personas buscando trabajo sin encontrarlo y sólo en lo que va de este gobierno se han destruido más de 70 mil plazas.


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Frente a esa cifra, el Gobierno de José Antonio Kast no ha implementado una sola política de empleo. Ha hecho algo distinto, y más grave: convertir esta cifra en el argumento central para imponer una agenda que nada tiene que ver con la creación de empleos.

Es cierto que el deterioro no nació en 2022. Entre 2013 y 2018 la desocupación saltó de 5,8% a 7,8% y, antes de las restricciones de movilidad que impuso la pandemia, ya alcanzaba 8,2%. Pero que el mal sea antiguo no exime a quien hoy gobierna y decide qué hacer con él. Y lo que este gobierno decidió hacer fue usar el desempleo como llave maestra para abrir una puerta que el empresariado lleva golpeando hace décadas.

Para eso convocó la Mesa de Reactivación Laboral, cuyo informe funciona como blindaje técnico de una decisión ya tomada: hacer retroceder los derechos laborales. Su razonamiento es simple y equivocado: ciertas regulaciones elevan costos de ajuste para la empresa, entonces flexibilizarlas creará empleo. Una conclusión empíricamente cuestionable, además de un error lógico que ningún economista, frente a la evidencia, podría suscribir.

Ampliar las razones para despedir, ampliar el plazo para el cálculo de la jornada o multiplicar funciones en un contrato modifica márgenes de ajuste empresariales, pero no tienen evidencia de que se traduzcan en más puestos de trabajo netos. Tanto es así que el informe final de la Mesa no plantea ninguna estimación – por bruta que sea – de cuántos empleos crearán.

Resulta llamativo que, de las 22 propuestas realizadas por la Mesa de Reactivación, la agenda que impulsa el Gobierno solo considere las referidas a desregulación. La Mesa propuso modificaciones a Sala Cuna Universal para que no haya copago y que se fortalezca la oferta pública en educación inicial. Propuso que se fortalezca el Subsidio Unificado de Empleo. Planteó hacer cambios a las concesiones en obras para que las inversiones se realicen en la mitad o un tercio del tiempo. Propuso ampliar fuertemente el programa de 4 a 7 para apoyar cuidados de niños en etapa escolar. Pero nada de eso ha sido parte de la agenda laboral de este gobierno. Al contrario, tiene al Congreso discutiendo de desregulación laboral y de las medidas que menor evidencia tienen de poder ser soluciones efectivas para el problema del desempleo.

Y la ironía es cruel. La flexibilización de jornada se ofrece a la agricultura y el turismo, los sectores con peor cumplimiento contractual y previsional. El contrato por hora y la polifuncionalidad se ofrecen al retail y los supermercados, cuyas versiones de multifuncionalidad la Corte Suprema ha declarado ilegales una y otra vez. No se está corrigiendo una distorsión, se está blanqueando una práctica que los tribunales ya condenaron.

El desempleo, entonces, no es más que otra excusa, una coartada, para la única promesa de campaña que les interesa cumplir: la que se hizo al empresariado chileno, primero en materia tributaria y ahora en materia laboral.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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