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Reconstruir con memoria: evitar nuevas catástrofes en la Región de Coquimbo Opinión Temporal en Región de Coquimbo

Reconstruir con memoria: evitar nuevas catástrofes en la Región de Coquimbo

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María Valladares Antón
Por : María Valladares Antón Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Católica del Norte, Laboratorio de Conservación y Bienestar Humano – Instituto de Ecología y Biodiversidad, Programa de Becarios para Soluciones Costeras del Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell
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Muchos esperamos que este evento histórico, tanto por los milímetros acumulados como por los damnificados, marque un punto de inflexión en la relación que tenemos en la región con estos ecosistemas.


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Han pasado varios días desde la llegada del histórico temporal a la Región de Coquimbo y el sur de la Región de Atacama. Hemos visto imágenes desoladoras de familias afectadas, casas destruidas e infraestructura dañada, en lo que podría denominarse uno de los desastres socio-naturales de mayor envergadura de las últimas décadas para la zona.

Frente a este panorama desalentador, y en contraposición, muchas personas han salido a recrearse con el espectáculo inédito de ríos, como el Elqui, cruzando La Serena por su antaño seco cauce hasta alcanzar la unión con el océano; con quebradas que por más de 30 años se mantuvieron silentes, a la espera, y que, sin embargo, permanecían vivas en la memoria local; o con los drásticos cambios geomorfológicos del Estero de Tongoy, la playa Socos o el humedal La Boca. 

Este contraste de desolación, daños y pérdidas frente al retorno a sus cauces de quebradas y ríos plantea dos preguntas principales: ¿Cómo nos relacionamos con estos ecosistemas? y ¿Cómo se integran en el ordenamiento territorial, en la gestión del riesgo de desastres y en la adaptación y mitigación al cambio climático? 

Desde hace años, múltiple evidencia viene alertando y prediciendo la tragedia ahora consumada: construcción en lechos de quebradas y ríos y sobre dunas; relleno y fragmentación de humedales; extracción de áridos, presencia de basurales y relaves en cauces hasta ahora secos. Este paisaje repetido es la consecuencia de décadas de olvido y de dar la espalda a estos valiosos ecosistemas. Olvidamos que la bahía de Coquimbo estuvo conformada por múltiples humedales, desecados a mediados del siglo XX por considerarse vegas pestilentes; olvidamos las escenas del tsunami que en 2015 asoló Coquimbo, en zonas que ya habían sido impactadas en 1922 por otro maremoto. En definitiva, olvidamos que ríos, humedales y dunas proveen múltiples servicios ecosistémicos: nos protegen ante eventos extremos como aluviones, tsunamis o marejadas, además de entregar servicios culturales como la belleza escénica, la recreación y ser una fuente de identidad cultural. 

Esta falta de memoria y valoración de los ecosistemas se traduce directamente en pérdida de vidas e infraestructura, con construcciones arrasadas en el río Elqui, casas inundadas en La Herradura por edificarse sobre el humedal, o viviendas de la bahía de Guanaqueros con cimientos expuestos por levantarse sobre dunas.

No todo, sin embargo, es negativo. Este evento histórico releva fortalezas y abre oportunidades que debemos aprovechar. La Región de Coquimbo posee un tejido organizacional consolidado vinculado a la protección de la zona costera, con diversas organizaciones de la sociedad civil implicadas en poner en valor estos ecosistemas. Las múltiples limpiezas de playas simultáneas de estos días no son fruto del azar, sino de años de colaboración y construcción de confianzas, basadas en el desarrollo conjunto de prácticas de ecología cívica: educación ambiental, denuncia o ciencia ciudadana. 

Asimismo, existen varias iniciativas articuladas en alianzas intersectoriales entre la academia, el sector público y la sociedad civil. Es el caso del Programa de Monitores Ambientales de Humedales de CONAF, que trabaja en la desembocadura del río Elqui y El Culebrón, o de los Guardianes del Río Grande, en Monte Patria, así como múltiples proyectos de investigación, monitoreo y divulgación. 

Además, en 2025 la Región de Coquimbo aprobó su Plan de Acción Regional de Cambio Climático, que contempla medidas para enfrentar la urgencia climática. Entre ellas, figuran la conservación y restauración de ecosistemas, incluyendo humedales, ecosistemas hídricos, dunas y playas, junto con el fortalecimiento institucional para promover la planificación y gestión integrada de cuencas. A ello se suman los Planes de Acción Comunal de Cambio Climático, en elaboración o recientemente aprobados, como el de la comuna de Coquimbo, los Planes de Gestión Integral del Humedal Río Elqui y El Culebrón, y la elaboración del Plan de Infraestructura Verde del Área Metropolitana La Serena-Coquimbo. 

En síntesis, la Región de Coquimbo cuenta con un tejido intersectorial articulado tras años de colaboración, así como con múltiples instrumentos coproducidos que entregan una hoja de ruta para enfrentar el cambio climático, gestionar el riesgo de desastres y proteger los ecosistemas. El camino para poner en valor y sacar del olvido a estos ecosistemas ya está trazado.

En este momento, cuando se discute la reconstrucción, calculada en al menos 500 millones de dólares, es necesario integrar una mirada de largo plazo, considerando que estos eventos extremos serán cada vez más frecuentes por el cambio climático. Aprendamos de la experiencia. ¿Queremos volver a construir en quebradas, ríos, humedales y dunas? ¿O es preferible integrar estos ecosistemas como infraestructura verde y azul en la planificación y en la gestión del riesgo de desastres? Se abre la oportunidad de que la inversión en infraestructura pública y privada destine también fondos a incorporar la infraestructura natural y a implementar los múltiples planes y políticas ya diseñados en la región. Debemos dejar de ignorar estos ecosistemas y empezar a verlos como un recurso valioso, tanto por su valor intrínseco como por los servicios que proveen al bienestar humano.

Chile aprendió de los sismos y mejoró su normativa, porque prevenir resultaba más eficiente que reconstruir. ¿Por qué no aprendemos de la memoria que este temporal revive? ¿Por qué no transformamos la visión de “desarrollo” que ignora estos ecosistemas y transitamos hacia una planificación que los integre con un enfoque de justicia ambiental y climática? 

Muchos esperamos que este evento histórico, tanto por los milímetros acumulados como por los damnificados, marque un punto de inflexión en la relación que tenemos en la región con estos ecosistemas. Que la memoria perdure y nos permita salvar vidas a la vez que resguardamos nuestro patrimonio natural. Son muchas las voces que lo piden, escuchémoslas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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