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Viejo, mi querido viejo Opinión

Viejo, mi querido viejo

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Sergio Arancibia
Por : Sergio Arancibia Doctor en Economía, Licenciado en Comunicación Social, profesor universitario e investigador Instituto Igualdad
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Entre los mayores que todavía no llegan a la edad de jubilar hay una perspectiva poco optimista sobre lo que les espera cuando ese momento llegue.


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Un estudio reciente de la Caja Los Andes, en conjunto con la empresa Cadem, ha puesto de manifiesto una serie de antecedentes importantes sobre la situación que enfrentan hoy en día en el país los mayores de 50 años.

Una primera cuestión que salta a la vista es que el porcentaje de mayores – de 50 años o más – que está ocupada era de 30% hace 10 años y ahora ese porcentaje ha bajado a 26%. Paralelamente, los mayores han aumentado en número y en porcentaje en el país, hasta llegar hoy en día a ser el 33.6 % de la población chilena. Hay un proceso manifiesto de envejecimiento de la población, lo cual ha quedado a la vista en múltiples estadísticas y estudios, pero solo un porcentaje menor de ellos logra estar en situación de ocupado. Hay un porcentaje mayor, por lo tanto, que queda como desocupado o como fuera de la fuerza de trabajo.

Entre los mayores que todavía no llegan a la edad de jubilar hay una perspectiva poco optimista sobre lo que les espera cuando ese momento llegue. Un 32 % de ellos piensa se demorarán entre 1 a 5 años en encontrar un nuevo trabajo, el 27% cree que se tomarán más de 5 años después de la fecha legal de jubilación para volver a encontrar trabajo y un 22 % visualiza que no pueden dejar de trabajar una vez que alcancen la edad de jubilar. A todo eso se agrega que el 72 % de los que tienen más de 50 años exhibe una visión negativa asociada a la idea de jubilar. No ven la jubilación como una situación al fin alcanzada en que podrán recoger los frutos de lo trabajado y lo sembrado durante varias décadas de duro trabajo. La ven más como un castigo que les impone la vida y la sociedad, que tendrán que enfrentar, pero que será una etapa difícil de sus vidas. La idea romántica de que la jubilación es un premio que la sociedad les ofrece por sus largos años de trabajo, no se corresponde para nada con la realidad.

Los temores que van asociados con la jubilación y con la vejez, según se desprende del estudio mencionado, dicen relación en un 69 % de los casos con la perspectiva de perder autonomía, es decir, tener que pasar que depender de otros. El 51 % dice que los ingresos no le alcanzarán y un 51% agrega también que tendrán problema de salud que no saben cómo van a enfrentar.

Otra situación que se pone de manifiesto en el estudio es que entre los mayores de 50 años o más, hay un 39% que tiene hijos dependientes, un 21 % dice tener pareja dependiente y un 14% tiene padres que dependen del que está trabajando, lo cual agrava el miedo que le tienen a la idea de jubilar.

Estos últimos datos también ponen de relieve los cambios habidos en las últimas décadas en la estructura de las familias chilenas, en términos de las dificultades de los jóvenes para encontrar trabajo; de los padres que no han recibido en su momento un ingreso como para tener una vejez tranquila y la dificultad de las mujeres como para encontrar oportunidades en el mercado del trabajo. Pero por sobre todas las cosas, lo que se pone de manifiesto – aun cuando no se diga explícitamente en el estudio analizado, es que el sistema de previsión imperante en el país no cumple con su función de otorgar pensiones que impliquen tranquilidad, ingresos y dignidad a nuestros queridos viejos. Arrastramos una deuda con todos ellos.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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