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Kast y Quiroz: ¿Quién manda a quién? Opinión Archivo (AgenciaUno)

Kast y Quiroz: ¿Quién manda a quién?

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Germán Silva Cuadra
Por : Germán Silva Cuadra Psicólogo, académico y consultor
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Más allá del poder de Quiroz, el impasse del requerimiento al Tribunal Constitucional dejó al descubierto un problema mayor: la falta de liderazgo del presidente para intervenir en estos temas.


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“El único cambio es reiterarle a los ministros mi número de teléfono” respondió Claudio Alvarado, intentando poner una pequeña dosis de humor -que no es uno de sus fuertes- y de minimizar un hecho que, políticamente, representó un impasse importante no solo por ser el jefe del gabinete, sino por su rol de vocero de Gobierno.

Fue tan evidente el desconcierto del ministro, que pese a lo poco expresivo que suele ser, su posición corporal lo delató. Se acababa de enterar por la prensa -literalmente- de un hecho político trascendente: La Moneda había optado por ir al Tribunal Constitucional para evitar presentar un veto supresivo, que dejaría a los parlamentarios oficialistas expuestos a pronunciarse ante la ciudadanía en un tema muy impopular: impugnar la norma que obliga a reconectar gratuitamente servicios básicos, como agua, electricidad y gas, en zonas afectadas por catástrofes, una paradoja que choca con el relato de “reconstrucción” privilegiando a las empresas y perjudicando a los afectados de una catástrofe.

¿Se habrá dado cuenta la gente de las zonas siniestradas de esto? De seguro que no. Cuando los damnificados de futuros temporales, incendios en verano, terremotos y otras tragedias que suelen vivir los chilenos, se pregunten por qué deben pagar por reponer los servicios, ya saben a quién cobrarle la boleta.

La política chilena está llena de historias de ministros que hicieron ver su molestia ante impasses o decisiones que no compartían o que se habían enterado por casualidad (cómo olvidar las protestas inteligentes de Enrique Correa o Ricardo Lagos en su momento), pero eso se ha ido perdiendo con el tiempo. Hoy un ministro cuida la pega, aunque lo pasen a llevar políticamente. Trabajo es trabajo.

El hecho es que unos días antes el Presidente José Antonio Kast, junto a los ministros Poduje, García, Rincón y De Grange, firmaron el requerimiento ante el TC. Por cierto, el autor intelectual fue Jorge Quiroz, como muchas otras medidas que se han tomado en el último tiempo. Pero a nadie se le ocurrió contarle al ministro de Interior y vocero del Ejecutivo. No solo fue una descortesía, sino que además, dejaron offside al hombre encargado de comunicar lo que hace el gobierno.

Lo cierto es que en este impasse se cumplieron varias de las sentencias que pronunció Mara Sedini en su entrevista del despecho hace un mes. Primero: que se toman decisiones en un espacio cercano al presidente sin consultar ni siquiera a los ministros sectoriales. Segundo: que existe una triada que maneja el poder en el gobierno sin contrapeso. De lo que se desprende de las declaraciones de la ex “Sin Filtros”, esta correspondería a Jorge Quiroz y a los integrantes del segundo piso, Alejandro Irarrázabal y Cristian Valenzuela.

Y en tercer lugar, que la vocería del gobierno está representando un problema. No solo por lo que ella calificó de “fome”, en evidente alusión a Alvarado (tanto que él mismo se hizo cargo del ataque, reconociendo lo obvio). Alvarado es un político con habilidades de negociación, experimentado, bonachón y de la vieja guardia, habilidades de sobra para ser ministro del Interior, pero no vocero de gobierno.

Más allá del impasse, que el mismo Kast intentó desdramatizar, lo que quedó en evidencia es que Jorge Quiroz ha pasado a constituirse en la pieza clave del gobierno, imponiendo su agenda sin contrapeso. Desde antes de asumir el cargo, el economista se encargó de marcar el rumbo de lo que sería la gestión de La Moneda: con un sello económico, proempresarial. Tanto es así, que el presidente aceptó partir por este eje y no por seguridad.

Un error que el gobierno pagó muy caro, ya que el mínimo análisis político -experiencia que no tenía Quiroz- indicaba que, las sobre expectativas creadas en la campaña y que le permitieron a Kast de subir de 24% a 58% en segunda vuelta, obligaban a la nueva administración partir por ahí. Pero no: recién al cumplir cinco meses en el poder, el mandatario anuncio su plan de seguridad. Para ser justos, cuando Trinidad Steiner reconoció a los dos meses de ejercer el cargo que no existía un plan, tenía razón.

Pero el mandatario asumió el riesgo que le planteó su hombre más cercano y las consecuencias están a la vista. Durante los primeros cinco meses de gobierno, Kast logró superar las cifras de Boric en términos de la desaprobación en las encuestas, algo no menor, considerando la críticas destempladas y ácidas de quienes estaban en ese momento en la oposición, quienes dijeron del frenteamplista, entre algunas, que era un “incompetente”, “amateur” y otros descalificativos.

En la práctica, Quiroz cumple el rol de un supra ministro. Opina en todos los ámbitos porque tiene una visión económica de la sociedad, negocia en el parlamento, con la oposición e impone su agenda, lo que quedó claro en la megarreforma.

Es la figura más visible del gobierno -aunque el peor evaluado, ahora que se fue Duco-, pese a su inexperiencia política y escasa vinculación con los partidos que apoyan al gobierno.

En cambio, la dupla más política, Alvarado-García Ruminot, pareciera tener un rol secundario en las decisiones. De hecho, en los últimos dos meses, el ministro de la Segpres -desde mi perspectiva, el político más avezado del gabinete- prácticamente ha desaparecido de la agenda, después de un inicio que hacía presumir que RN podía poner un cierto equilibrio político frente al partido de Kast, los republicanos.

Pero más allá del poder de Quiroz, el impasse del requerimiento al Tribunal Constitucional dejó al descubierto un problema mayor: la falta de liderazgo del presidente para intervenir en estos temas. Desde la mirada pública, Kast sigue cultivando un estilo donde deja la cancha abierta para que sus ministros hablen con toda libertad y disputen la pelota entre ellos.

Recordemos la controversia entre Quiroz y el ministro con mejor evaluación, Iván Poduje. ¿Qué ocurrió ahí? El titular de Hacienda marca las decisiones con irrestricto criterio económico, sin importar las consecuencias políticas. Y aunque Poduje levantó la voz, la decisión se mantuvo inalterable. ¿Y Kast dónde estaba? Dejando que Quiroz actúe a sus anchas

El episodio del TC debe haber creado inquietud entre las filas del gobierno. Por un lado, porque demuestra que no fue una decisión acertada que Alvarado tenga el doble rol. El exparlamentario tiene la experiencia y estampa para ocupar el cargo de jefe del gabinete, sin embargo, no parece sentirse cómodo en la vocería y eso se nota. Y por supuesto, porque por más que se haya dado por superado el evento, deja un daño colateral innegable y una pregunta dando vueltas: ¿Quién manda a quien en el gobierno?

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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