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El escudo de Trump
Presidente Kast: combatir el narcotráfico no puede convertirse en el caballo de Troya para entregar nuestra soberanía económica. Chile no necesita ponerse bajo el escudo de Trump. Necesita defenderse de él.
Presidente Kast: Chile no necesita convertirse en el patio trasero de Donald Trump para combatir el narcotráfico y el crimen organizado.
La adhesión de Chile al denominado Escudo de las Américas se presentó como un mecanismo de cooperación en seguridad. Suena razonable. El problema es que esa cooperación ya existe y funciona. Chile intercambia inteligencia, coordina policías, extradita delincuentes y persigue organizaciones transnacionales junto a otros Estados.
Entonces, ¿para qué necesitamos el Escudo?
La respuesta está en el propio documento que Chile firmó. Junto con combatir el crimen organizado, incorpora un pilar económico que propone mecanismos de control de inversiones, proteger las cadenas de suministro de minerales críticos y establecer quiénes son “proveedores confiables” de infraestructura digital.
Ahí aparece el verdadero escudo.
Estados Unidos quiere recuperar control sobre América Latina frente al avance de China y asegurarse acceso privilegiado a cobre, litio, tierras raras, infraestructura y cadenas logísticas estratégicas. Y Chile tiene demasiado que perder: somos una potencia minera y China es nuestro principal socio comercial.
Ya conocemos cómo opera esta presión. Estados Unidos sancionó a autoridades chilenas por siquiera evaluar un cable submarino entre Chile y China. Ahora adherimos a un acuerdo que incorpora precisamente mecanismos para filtrar inversiones extranjeras y seleccionar proveedores “confiables”.
¿Confiables para Chile o confiables para Washington?
También sabemos cómo Trump entiende los acuerdos internacionales. Su gobierno impuso aranceles a Chile vulnerando compromisos del Tratado de Libre Comercio y luego presionó para que adhiriéramos al Escudo. Creer que rindiéndole pleitesía obtendremos un trato privilegiado es de una ingenuidad sorprendente.
Chile ya vivió esta historia. A fines del siglo XIX nuestra principal riqueza, el salitre, quedó mayoritariamente en manos británicas. En el siglo XX, el cobre estuvo dominado por compañías estadounidenses hasta su chilenización y posterior nacionalización en 1971. En el siglo XXI nuestros minerales estratégicos vuelven a despertar el apetito de las grandes potencias.
Trump desempolvó la Doctrina Monroe y la transformó en su Doctrina Donroe: América para los intereses de Estados Unidos.
El argumento del narcotráfico resulta además tremendamente cómodo para Washington. Estados Unidos nos “invita” a endurecer la lucha contra las drogasm mientras hace poco por reducir el gigantesco consumo y combatir el narcotráfico dentro de sus propias fronteras.
Y hay otra responsabilidad que tampoco puede eludir: cerca del 75% de las armas recuperadas en México y sometidas a rastreo tuvieron origen en Estados Unidos. El narcotráfico tiene dos lados de la frontera, pero Trump pretende que América Latina cargue con buena parte de la responsabilidad y del costo.
Chile necesita y ya tiene cooperación internacional para enfrentar el crimen organizado. Lo que no necesita es entregar autonomía estratégica, permitir que una potencia extranjera filtre nuestras inversiones ni aceptar que decida con quién podemos comerciar, conectarnos digitalmente o desarrollar nuestros recursos naturales.
Nuestros gobiernos aprendieron durante décadas a relacionarse simultáneamente con Estados Unidos, China, Europa y el resto del mundo, defendiendo nuestros propios intereses.
Presidente Kast: combatir el narcotráfico no puede convertirse en el caballo de Troya para entregar nuestra soberanía económica. Chile no necesita ponerse bajo el escudo de Trump. Necesita defenderse de él.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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