Publicidad
A 25 años del 11S de Estados Unidos: de Al Qaeda a la competencia entre potencias Opinión Archivo

A 25 años del 11S de Estados Unidos: de Al Qaeda a la competencia entre potencias

Publicidad
Alberto Rojas
Por : Alberto Rojas Director del Observatorio de Asuntos Internacionales de la Escuela de Periodismo y Comunicación de la U. Finis Terrae. @arojas_inter
Ver Más

China habría ascendido de todas maneras y Rusia igual habría intentado recuperar su influencia, con o sin los atentados contra Nueva York y Washington, pero estos sí alteraron profundamente las prioridades estadounidenses, precisamente, durante las dos décadas en que sus futuros competidores acumula


El Mostrador Fuente Preferida

El 10 de septiembre de 2001 Estados Unidos era la única superpotencia de un mundo que todavía parecía unipolar. Rusia intentaba recuperarse del colapso de la Unión Soviética y China crecía a paso firme, pero aún no constituía un rival estratégico de Washington. Al Qaeda, en tanto, era prácticamente desconocida fuera de los círculos especializados.

Un día después, ese mundo comenzó a cambiar de rumbo. Los atentados del 11 de septiembre de ese año dejaron 2.977 muertos y llevaron a Estados Unidos a iniciar una inédita Guerra contra el Terrorismo que marcaría las dos décadas siguientes. Y, de esa forma, Afganistán, Osama bin Laden, Guantánamo, la invasión a Irak, el Estado Islámico, la irrupción de los drones y las llamadas forever wars terminarían formando parte de una misma época.

Afganistán fue una respuesta directa al 11-S. El régimen talibán albergaba a Bin Laden y a la estructura central de Al Qaeda en su territorio. Sin embargo, una campaña militar inicialmente exitosa terminó transformándose en un esfuerzo de 20 años por construir un Estado afgano capaz de sobrevivir sin la presencia occidental. Una idea que se hizo mil pedazos en agosto de 2021, cuando Estados Unidos abandonó el país y los talibanes regresaron al poder.

Irak, por su parte, fue distinto y sus consecuencias resultaron todavía más profundas. Básicamente, porque Saddam Hussein no participó en el 11-S y nunca se demostró una relación operacional entre su régimen y Al Qaeda, así como tampoco se encontraron las supuestas armas de destrucción masiva iraquíes.

El punto es que la caída de Hussein eliminó uno de los principales contrapesos regionales de Irán y abrió un espacio que Teherán supo aprovechar. Asimismo, la disolución del Ejército iraquí, la “desbaazificación” del país y el vacío de poder alimentaron una insurgencia de la que surgiría la franquicia de Al Qaeda en Irak y, posteriormente, el Estado Islámico.

La paradoja resulta difícil de ignorar. Una invasión emprendida en el contexto de la Guerra contra el Terrorismo terminó fortaleciendo indirectamente a Irán y contribuyendo a crear las condiciones para el surgimiento de una organización yihadista que llegó a controlar extensos territorios de Irak y Siria.

Afganistán e Irak demostraron, además, algo que la extraordinaria superioridad militar estadounidense había contribuido a olvidar: existe una enorme diferencia entre ganar una guerra, derribar un gobierno y construir un orden político estable.

El costo de aquella época fue gigantesco. Así lo demostró el proyecto Costs of War, de la Universidad de Brown, que ha estimado en alrededor de ocho billones de dólares los costos presupuestarios y obligaciones futuras de las guerras posteriores al 11-S, además de contabilizar al menos 940.000 muertes directas y unos 38 millones de desplazados.

Pero posiblemente el costo más trascendente no pueda medirse en dólares ni en tropas desplegadas. Estamos hablando del costo de oportunidad estratégico.

Durante casi dos décadas, Estados Unidos concentró enormes recursos militares, capacidades de inteligencia, atención presidencial y capital diplomático en combatir organizaciones terroristas e insurgencias. Pero, mientras tanto, el sistema internacional estaba experimentando una transformación mucho más profunda.

China ingresó a la Organización Mundial del Comercio apenas tres meses después del 11-S y comenzó una extraordinaria expansión económica, tecnológica y militar que terminaría convirtiéndola en el principal competidor estratégico de Estados Unidos. Rusia, por su parte, siguió otro camino, pero también recuperó poder y demostró estar dispuesta a utilizar el revisionismo político y la fuerza militar para modificar el orden europeo.

El 11-S no provocó directamente ninguno de esos procesos. China habría ascendido de todas maneras y Rusia igual habría intentado recuperar su influencia, con o sin los atentados contra Nueva York y Washington, pero estos sí alteraron profundamente las prioridades estadounidenses, precisamente, durante las dos décadas en que sus futuros competidores acumularon poder.

Esa quizás sea la gran paradoja estratégica del 11-S. Estados Unidos respondió al mayor ataque sufrido en su territorio utilizando una capacidad militar que ninguna otra potencia podía igualar. Ganó campañas militares, derribó gobiernos, persiguió a Al Qaeda alrededor del mundo y finalmente mató a Osama bin Laden en 2011. Pero mientras libraba esas guerras, el escenario internacional sobre el cual descansaba su extraordinaria supremacía estaba desapareciendo. Y cuando Washington volvió a situar la competencia entre grandes potencias en el centro de su estrategia, ya era tarde: el mundo no era el mismo de septiembre de 2001.

Veinticinco años después, Estados Unidos continúa siendo la principal potencia militar del planeta. Sin embargo, ahora enfrenta a una China convertida en competidor estratégico y a una Rusia que ha vuelto a utilizar la guerra como instrumento para modificar fronteras y equilibrios de poder.

El 11-S no creó ese nuevo mundo, pero condicionó profundamente la manera en que Estados Unidos llegó hasta él. Y ese es el mundo en el que hoy estamos viviendo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Inscríbete en el Newsletter +Política de El Mostrador, súmate a nuestra comunidad para informado/a con noticias precisas, seguimiento detallado de políticas públicas y entrevistas con personajes que influyen.

Publicidad