Publicidad
“Magallanes es un estrecho al Sur de Estados Unidos” Opinión

“Magallanes es un estrecho al Sur de Estados Unidos”

Publicidad
Gilberto Aranda B.
Por : Gilberto Aranda B. Académico de los Instituto de Estudios Internacionales de las Universidades de Chile y de la Universidad Arturo Prat
Ver Más

la Argentina de Milei es uno de los países de la región con la que Estados Unidos cultiva una interlocución más óptima, lo que no le exime del 10% de aranceles, aunque sí obtiene el estímulo de ser sede de una unidad regional de la Oficina de Asuntos Internacionales de Narcóticos.


El Mostrador Fuente Preferida

Cuando el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su secretario de Estado Marcos Rubio, explicaron los alcances del Escudo de las Américas (más allá de la declarada y necesaria cooperación en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado), surgieron interrogantes acerca del significado de una alianza con visos de neo guerra fría, que irrumpía como el sucedáneo de la era de los tratados de Libre Comercio.

El jefe de la diplomacia de Washington explicó que, si bien la colaboración tenía un indudable pilar antinarcóticos, era una oportunidad de asociación económica y diplomática entre las Américas, para hablar con una sola voz y votar juntos en los organismos internacionales.

Trump fue mucho más preciso, aseverando que el objetivo del blasón securitario buscaba proteger las riquezas naturales hemisféricas de potencias extranjeras hostiles, garantizando el control de oleoductos, recursos críticos (como tierras raras) y corredores comerciales. No pocos recordaron el título y verso central de una conocida canción de la banda rock chilena “Los Prisioneros”, impregnada de una crítica social opuesta a la subordinación política y la dependencia económica de Estados Unidos.

Pero aún faltaba más. El embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, en su intervención en el foro “Día del Comercio Global: Chile frente al nuevo orden”, decidió saltarse las normas diplomáticas de la convención de Viena (1961), espetando a su audiencia que “si quieren los recursos que tenemos para atacar al crimen organizado, si quieren un país que ayude a proteger sus derechos sobre el Estrecho de Magallanes, si quieren todas esas cosas; entonces van a tener que trabajar con nosotros en las cosas que también son importantes para nosotros”. Un lenguaje transaccional que reduce enormemente el margen de maniobra nacional.

El actual representante de Estados Unidos en Chile, un exagente de la Patrulla Fronteriza de Arizona, es un émulo del estridente estilo “trumpista”, empleando el guion de la administración a la que sirve en lo concerniente a las relaciones bilaterales, una práctica con elementos de anti-diplomacia; es decir, propiciando la transformación redentora y radical del entorno.

A diferencia de la inclinación de la clásica diplomacia a la negociación y la cautela, facilitadoras de la coexistencia, el estudioso James Der Derian la evalúa como contra-concepto orientado a erosionar un determinado orden político o subsistema de relaciones estatales mediante recursos como el secretismo, la utilización de canales alternativos de comunicación o la desafección por foros multilaterales, entre otros.

Lo anterior provoca en ciertos actores alienación y distanciamiento. Es lo que ha ocurrido en Chile con episodios desde la revelación de la adhesión chilena -en calidad de observador inicial- a la declaración conjunta de las América (12 de marzo) hasta la afirmación del representante de Washington de disponer de antecedentes sobre la autoría del estallido social en Chile. Sin duda que el referido embajador no es el único: solo basta mirar otros casos en Lima o Buenos Aires con altos enviados que en ocasiones participan del debate público.

Pero también se pueden observar las declaraciones emitidas en el Foro de Comercio Global de manera más estructural, un deja vú de otras épocas de mediados del siglo XX, cuando un informe estadounidense de 1942 afirmaba que “el distante estrecho de Magallanes que ha sido dejado bajo la débil protección de Chile, en cuyas más remotas regiones se encuentra este famoso e importante eslabón entre el Atlántico y el Pacífico. Las condiciones políticas y geográficas son ventajosas para los terribles planes de Hitler”. Si se hace el ejercicio de cambiar el nombre del líder nazi y se reemplaza por un país del Asia lejana, se podría decir que dichas palabras se escribieron en estos días.

Lo que ha cambiado es que hacia esa época cundía la desconfianza por las repúblicas sudamericanas que se declaraban neutrales en la conflagración global, negándose a declarar la guerra al Eje, lo que incluía a Chile y Argentina. Incluso con mayor sospecha hacia Buenos Aires, último país del hemisferio en romper relaciones con el Tercer Reich. Lo anterior tuvo su colofón en la manifiesta oposición del embajador Spruille Braden al candidato presidencial Juan Domingo Perón.

Hoy, en cambio, la Argentina de Milei es uno de los países de la región con la que Estados Unidos cultiva una interlocución más óptima, lo que no le exime del 10% de aranceles, aunque sí obtiene el estímulo de ser sede de una unidad regional de la Oficina de Asuntos Internacionales de Narcóticos y Aplicación de la Ley dependiente del Departamento de Estado, al tiempo que Ushuaia recibe a un grupo de marines para ejercicios conjuntos (no sin polémica con el intendente de Río Grande), aunque nada como la furia trumpista respecto de su aliado histórico inglés, la que es aprovechada por el gobierno de Milei a favor de la causa argentina de recuperación de las Malvinas.

En estos tiempos de intereses geopolíticos, donde la afinidad política ocupa lugares secundarios, dicha dinámica queda clara en ese laboratorio de las relaciones hemisféricas que hoy es Venezuela. Allí la sintonía de ideas entre Washington y María Corina Machado sirve de poco o nada (incluso con la cesión del Nobel por la última), mientras la distancia política entre la chavista Delcy Rodríguez y la administración Trump es abreviada por una simple ecuación: la presidenta encargada logra sobrevivir políticamente y Estados Unidos se asegura el control de relevantes reservas de hidrocarburos. En consecuencia, podría volverse a cantar sin remilgos ese pegajoso estribillo que reza “Latinoamérica es un pueblo al Sur de Estados Unidos”.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Publicidad