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Caco Fernández: «Las mías son fotos de personas, no de una tetita»

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Aunque parezca imposible, él puede retratar el movimiento, las ganas, los jadeos, la calentura. Ése es el truco: imágenes con carne de verdad, con aroma y ritmo. Testigo del amor en todas sus expresiones, este artista visual argentino tiene su agenda copada con peticiones de parejas que pagan por ser fotografiadas teniendo sexo.


Es arquitecto de profesión, pero su vocación es de cazador de imágenes, voyeurista del lente, fotógrafo del erotismo o como se le quiera decir. Lo han denominado «erotómano», pero a él, las etiquetas le dan igual.



Su estudio, en Buenos Aires, es en realidad su casa, y la comparte con otras doce personas, incluido su hijo. Allí, en una habitación especialmente acondicionada, el placer es el protagonista. Desde hace más de diez años fotografía intimidades. La historia, como casi siempre, comenzó de modo inesperado. "Tengo un hijo de 12 años, y cuando estaba en la panza, con mi ex mujer nos hicimos fotos a los cinco y a los nueve meses, desnudos. Me encantó. Supongo que eso fue lo que me disparó a pensar ‘si lo hice yo, que soy una persona común, lo va a hacer también otro’. Y así, hace más o menos nueve años, arranqué primero con un flaco, una chica, otra…", relata. Ése fue el inicio. Actualmente, su página web recibe miles de visitas y su correo se llena de solicitudes para una cita.




¿Su secreto? La capacidad de hacer que las personas se sientan desinhibidas, en confianza. "No es que yo sea un fotógrafo excelente, no uso estudios ni cosas raras, ni mido nada. Lo mío es muy casero. Es la comodidad de estar en un lugar sin maquilladores o con todo blanco."



Placer desvinculado de la genitalidad



Admite que fotografiar situaciones de esa intensidad le genera placer, aunque lo desvincula del goce sexual. Le alegra que hasta ahora nadie lo haya hermanado con la pornografía porque, asegura, en su esquema no hay modelos, sino gente común y corriente, dando rienda suelta a los instintos y fantasías.



– En un comienzo, sólo fotografiabas a conocidos, ¿o no?
– Sí, en principio sí. Era gente de cierto vínculo. Y después, cada vez más, cada vez más, y me empezó a llamar gente por contactos, porque sabían de las fotos. Hasta que un día surgió una masturbación, y me encantó hacer fotos. Luego, otra vez estaba haciéndole fotos al novio de una amiga y ella entró al cuarto; no sé qué pasó, porque no fue pensado, pero a los dos minutos estaban en pelotas y se pusieron a jugar. De ahí avanzaron, yo hice fotos y me encantó. No es una búsqueda mía, que yo dijera: estéticamente quiero… No. Surge el producto estético, pero no parto de eso.



– Pero inicialmente era de un erotismo más dulce.
– Lo que hice hace 12 años sí. Después empecé con cuerpos y luego vino el sexo. Y el sexo es un día más violento, otro día menos, un día con más onda, otro día con más fuerza. Yo registro eso. No tiene que ver con la pornografía, donde hay un esquema hecho. Acá cada uno hace lo que puede y quiere.



-Y en esa primera anécdota, con tu amiga, ¿pensaste en algún momento en salir o dijiste ‘no, yo esto lo tengo que fotografiar’?
– No, estaba todo bien. Obviamente que todo esto yo lo hago desde mi propio placer. Yo irradio esa energía. Nadie se pone a tener relaciones en un colectivo. Creo que genero una onda de comodidad y de deseo en la que el otro engancha.




"Hay sesiones en las que vuelo"



La clave de las fotografías que hace Caco Fernández está en la confianza que es capaz de generar en el o los fotografiados. Dice que a veces termina tomando té con ellos. Que las chicas más tímidas se quedan desnudas hasta mucho después de que ha terminado la sesión. Que el asunto está en dejar fluir lo que cada uno tiene adentro.



-¿Siempre quienes han visto tu trabajo han tenido la visión de que es artístico?¿Nunca te han dicho que es pornografía pura y dura?
– No, jamás. Sí hay gente que te dice ‘yo jamás haría eso’. Y está bien, no todo el mundo hace todo, pero en general no tengo ningún rechazo. Mi hijo, con sus 12 años, convive con esto, con la sexualidad abierta, y que no tiene nada de malo. Y además, como vos ves, lo que se refleja es el deseo y las ganas de los que estamos allí.



¿Generas un vínculo con cada pareja a la que fotografías?
– ¡Seguro! Hay sesiones en las que vuelo. Justamente hace dos días tuve una para una radio. Trajeron a un chico de unos 19 años, que nunca se había hecho fotos, y era una maravilla el flaco. Ellos querían grabar el audio. Estaban los dos periodistas mirando al costado, y conversábamos con él. De golpe y porrazo pongo un tema de David Bowie, se conecta con la música y yo con el flaco… o sea, volamos. Terminó el tema y yo dije ‘paramos acá’, era una sobredosis. Y las fotos son maravillosas.



– Te sientes haciendo el amor con la gente a través del lente.
– Mirá, la gente siempre me pregunta si me excito, si entro o si no entro sexualmente. Y es que el lente te mediatiza mucho. Si uno se excita y pasa a ser parte, te perdés todo lo que te da el placer de hacer fotos. Es un placer, pero que no tiene que ver con lo genital.




De la timidez a la desinhibición



– ¿Cómo consigues que la gente se sienta cómoda? Porque no debe ser fácil para la gente que no está acostumbrada tener sexo con alguien mirando.
– Primero, creo que evidentemente hay algo en mí que genera confianza. Después, que siempre muestro el producto antes: o las fotos o la página o algo. Además, siempre charlo mucho. Por ejemplo, hay una pregunta infalible, que es buenísima: ‘describime el cuerpo de arriba abajo’. Y hay gente que no se sabe describir. El otro día vino un flaco para hacerse un book. Dijo ‘tengo las piernas chicas, me faltaría gimnasio…’ Todo eso, con ropa. Se pone en bolas, empezamos a hacer fotos, y yo pensaba ‘este flaco no se vio nunca’. Tenía unas piernas gigantescas. Le saco una foto, se la muestro en la pantalla y me dice ‘no puedo creer que yo soy eso’. Tenía un registro corporal de él distinto.



– ¿Crees que esto ayuda a que la gente se vea de verdad? ¿qué se redescubran a sí mismos y en el sexo?
– Algo hay. Por algo hacés esto. Nadie lo hace por casualidad. Por más desinhibido que seas, sacarse la ropa ya es un tema. Aparte, tiene que ver con la belleza que hay en cualquier cuerpo, más allá de que tengas estrías o no, más o menos levantado, con panza o no. Para mí, cualquiera tiene poesía si la quiere dejar salir. Y ,en general, el sexo tiene eso de que uno no se está cuidando, el sexo es muy desprolijo. Eso le da algo bello. Son fotos de personas, no de una tetita. Lo que vos ves es una tetita, pero atrás de eso hay una persona que habló, que se expuso. Hay una vida. El otro día vinieron tres prostitutas a hacerse fotos, y se sintieron súper cómodas. Terminaron mostrándome las fotos de sus hijos, como si fuese una foto de carné la que yo les hago. Y media hora antes estaban de patas abiertas. Me decían ‘nos sentimos personas cuando creímos que íbamos a ser objetos’. Me parece que la emoción mía es eso: tiene que ver con lo profundo de cada uno. Yo no soy un gran fotógrafo y la gente no es modelo; nada de esto podría salir bien si no hubiera un factor humano de enganche.



-¿Cómo logras que las parejas se ambienten? ¿pueden llevar su música, por ejemplo?
– Lo que quieran. Yo dejo que cada uno resuelva, que tome su tiempo, diga qué música quiere, si quieren estar solos un rato… lo que sí, el cambio a la deshinibición es muy rápido. Me doy cuenta de que a la cuarta foto te olvidaste.



"Si venís a hacerte daño, andate"



– Las fotos que tomas están en tu página y han salido en los medios, pero ¿te han ofrecido exponer en una galería de arte, por ejemplo?
– En todo este tiempo nunca quise exponer. Recién ahora quiero hacerlo, pero nunca me he visto con diez o veinte cuadritos en muros. No sé por qué, no me va a mí esa estética. Tengo pensado un evento para mostrar mis fotos con un evento en vivo. Algún día llegará, pero no puedo forzar ciertas cosas. Tengo pensado un evento con sexo explícito. Aparte de eso, me gustaría exponer en algún museo, pero más con una instalación que con cuadritos. Estoy tirando puntas, porque no pasa por lo prolijo lo mío, me gusta lo masivo.



– ¿Qué cosas no fotografiarías?
– En general no tengo dramas, todo bien, más allá de que no sea una estética mía. Tiene que ver con esto que me enseñó una sicóloga: transitar el miedo, esto que te da cosita, puede ser válido; transitar el daño no. Si vos venís con una propuesta para hacerte daño, andate. El resto, qué sé yo. Si vos te querés meter una botella y te gusta -que no es el caso, no se ha dado nunca-, yo no tendría drama. Siempre y cuando seas honesto.





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