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Controvertido programa se estrenó anoche

El prejuicio con “Las Argandoña”

por 10 octubre, 2012

El prejuicio con “Las Argandoña”
El controvertido “docureality” muestra la moral conservadora que, a pesar de las teleseries nocturnas del mismo canal, jamás se ha ido del todo. La costumbre tan arraigada de aparentar un estatus social mejor que el verdadero, el arribismo y finalmente todas las miserias que Raquel Argandoña ha decidido exponer durante tres décadas para mantenerse en televisión. Esa también es la misión de TVN.
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Mucho antes de que se estrenara el primer capítulo de “Las Argandoña”, ya se hablaba de este programa como el ejemplo más ilustrativo de la telebasura, del despilfarro y del estado terminal de nuestra pantalla.

La ira de los telespectadores apuntó contra la estación pública, al canal con misión que invierte en un producto que supuestamente no aportará nada.

En buena medida ayudó a este prejuicio el que se conocieran las cifras que TVN comprometió para realizar esta serie, cuyo primer capítulo se exhibió ayer. Más de $300 millones que se los llevan en gran parte Raquel Argandoña y su hija.

Es comprensible, porque mientras Tamara Acosta y el elenco de “Los ’80” lograron conmover al público, representando una esforzada familia de clase media, Raquel Argandoña y todo lo que la rodea representa la parte de esa década que nadie quiere recordar. Esto, porque implicaría reconocer que la dictadura no fue del todo mala.

El noticiario oficialista, el oropel de los concursos de belleza, y especialmente toda esa maquinaria de entretención montada por el régimen de Pinochet. Tan bien, que mucha gente evoca esos años como los mejores de su vida. Prueba de ello es que la nostalgia ochentera no ha dejado de ser un buen negocio.

El diccionario de una madre

La figura de Argandoña seguramente carga con todo eso. Pero el montaje del equipo encabezado por el director Eduardo Ravanal es preciso en lograr dejarla ante todo como una mamá. Una, que podría vivir en Cerro Navia o en un departamento en Manquehue, donde ocurre gran parte de este primer episodio.

Todos los que se dedican a producir ficción, saben que una historia tendrá éxito cuando el público logre encontrar algo suyo en los personajes que tiene al frente. Y eso, al menos, en este capítulo se logra en varios pasajes. Porque es un error creer que este programa es la realidad. El montaje construye ante todo personajes.

Tiene frases reconocibles en varias madres chilenas como “aunque vivas aquí la dueña de casa soy yo” o “no me gusta ese pololo, yo te voy a elegir uno”.

Una madre que sufre porque el hijo se fue de la casa y no le habla. Pero se encarga de estar enterada de todo lo que le pasa por otras vías, que controla las notas y los horarios de estudio.

Argandoña vive en el mismo barrio que su mamá octogenaria y se levanta todos los días antes que amanezca para llamarla y mirarla desde el balcón, apagar y prender la luz como señal de que sigue viva.

La Miss Chile 1975 revisa el facebook de su hijo y lo castiga por insolente, se preocupa de que Raquelita use el cinturón de seguridad cuando maneja su jeep de $30 millones y la reta porque va más atenta al teléfono que al camino. Vigila su ropero y le sugiere una tenida más brillante para ir a dar un examen de Derecho.

 La filosofía Argandoña

Madre e hija comparten la ropa, secretos de belleza (“cada vez que uses un maquillaje pregúntate si lo usaría la Kenita, si la respuesta es sí, no lo uses” dice Kel) y filosofía de café concert (“todos los hombres se ponen gordos y feos, ¿o crees que el tuyo va a hacer gimnasia para siempre?” comenta Raquel sobre Pablo Schilling, el novio de la hija). Discuten como dos adolescentes por un cahuín de farándula (“¡todo lo que te cuento lo dice la Ale Valle en Intrusos al día siguiente!”, se queja Raquelita).

La Argandoña después de todos los romances que se le han colgado a lo largo de 30 años, despierta ahora al lado de Nico, un pequeño Yorkshire Terrier. Sigue lo que dicen de ella en televisión como si fuera todavía la adolescente anónima de la Villa Frei y al final del día toma un café con la nana de la casa que es su verdadera confidente (y la madrina de confirmación de la hija).

La mano de los realizadores sabe escoger las imágenes que humanizan a la “diva”: su rostro lleno de cirugías, embotado por el llanto cuando le hablan de cualquier tema sensible, cambiándose los tacos altos por zapatos blandos en una escalera del canal; mostrándola como la celebridad a la que le preocupa envejecer y que la gente deje de hablar de ella.

Todos los que se dedican a producir ficción, saben que una historia tendrá éxito cuando el público logre encontrar algo suyo en los personajes que tiene al frente. Y eso, al menos, en este capítulo se logra en varios pasajes. Porque es un error creer que este programa es la realidad. El montaje construye ante todo personajes.

Cierto que Raquel Argandoña no es una celebridad de alcance mundial como Ozzy Osbourne o Gene Simmons (protagonistas de grandes éxitos en este formato).

Sin embargo, es un personaje que, despojándose de los prejuicios, deja a la vista del televidente mucho del estado actual de las cosas en Chile: la moral conservadora que, a pesar de las teleseries nocturnas del mismo canal, jamás se ha ido. La costumbre tan arraigada de aparentar un estatus social mejor que el verdadero, el arribismo y finalmente todas las miserias que la Argandoña ha decidido exponer durante tres décadas para mantenerse en televisión.

Mostrarlo también es parte de la misión de TVN.

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