viernes, 22 de noviembre de 2019 Actualizado a las 16:25

Fuerte molestia de RN con La Moneda por manejo de la salida del ex ministro Teodoro Ribera

Don Carlos tira el mantel y renuncia a presidencia de RN desatando crisis política en el oficialismo

por 18 diciembre, 2012

Don Carlos tira el mantel y renuncia a presidencia de RN desatando crisis política en el oficialismo
De mal en peor. Cuando parecía que ya quedaba atrás una mala semana para el gobierno por el escándalo en la CNA, que hirió de muerte al ex ministro de Justicia, se abrió lo que puede ser una crisis de insospechadas consecuencias para el sector. Hasta anoche Larraín mantenía a firme su renuncia, pero la voluntad del resto de la mesa partidaria era tratar de revertir la decisión del senador designado. Palacio mantiene hermético silencio.
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Nada fue simple desde que —hace una semana— estalló el escándalo por el vínculo entre Teodoro Ribera y el ex presidente (s) de la CNA, Luis Eugenio Díaz. Su renuncia al ministerio de Justicia no fue la excepción ayer, ya que se desató una teleserie de proporciones que pasó desde los tiras y aflojas entre la Alianza y La Moneda para zanjar al sucesor de Ribera, que mantuvieron en ascuas el nombramiento hasta pocos momentos antes que se realizara, hasta el feroz golpe político que al final de la tarde dio el timonel de RN, Carlos Larraín, quien molesto con todo el episodio dejó la conducción del partido.

No habían pasado ni diez minutos desde que terminó la sobria ceremonia en el salón Pedro de Valdivia de La Moneda, en la que juró Patricia Pérez como la nueva ministra de Justicia, cuando reventó la confirmación sobre el enojo de Larraín y su decisión de no seguir como timonel. Una decisión que tuvo como antesala la señal política de molestia profunda que quiso dar la mesa de RN al marginarse intencionalmente del comité político de los lunes en Palacio y que ayer se realizó después que Ribera oficializara su renuncia.

Si ya en La Moneda se hablaba del enojo de RN, la durísima declaración pública que la directiva hizo ayer cerca de las 13:00 horas desde su sede de Antonio Varas, en la que “deploraban” que se dejara caer a Ribera y en la que se jugaban por la honorabilidad del ex ministro, quien finalmente salió del gobierno como otra víctima más de los conflictos de interés en la administración de Sebastián Piñera.

La cosa no terminó ahí. La directiva RN llegó pasadas las 14:00 horas a exponer explícitamente su furia ante el ministro del Interior, Andrés Chadwick, quien el domingo en la mañana dio la sentencia pública —todo el oficialismo lo leyó así— sobre la permanencia del aún ministro de Justicia con su intervención en el programa Estado Nacional de TVN. El hombre fuerte del gobierno habló ahí de la inocencia de Ribera, pero le hizo un flaco favor cuando dijo que “no fue lo más prudente contratar a Luis Eugenio Díaz en Gendarmería” ni al reconocer, recalcó, que los ministros están sujetos a exigencias de probidad mayores que el resto de las personas.

Una hora y media después, RN salió de la oficina de Chadwick en silencio, sin hacer declaraciones, remitiéndose a lo ya dicho previamente, pero reconociendo en privado que si bien entendían las explicaciones que les habían dado, no las compartían. Se les dijo que el Presidente había resuelto sacar a Ribera, porque había tomado plena conciencia que se iba a hacer “insostenible” su permanencia en Justicia y que “se le iba a buscar hasta la quinta pata al gato” a la trayectoria de Ribera.

Algunos de los asistentes de la reunión confesaron que la discusión giró en torno a “temas de fondo”, que son prioritarios en RN. Si es cierto, en el partido Ribera es querido, no es cualquier militante, goza —destacaban en Antonio Varas— de apoyos transversales en la colectividad, porque siempre ha sido “muy leal” con todos.

Pero el tema de fondo al que apuntaban es el “ninguneo” al que se han visto sometidos quienes tienen una trayectoria previa a los cargos públicos en el mundo de los negocios. El hasta ayer timonel de RN siempre ha defendido el derecho de tener “un pasado” empresarial, negocios y un patrimonio —él posee una fortuna no menor— y que ello no es incompatible con el ejercicio de la política.

En plena crisis la semana pasada, cuando Ribera cumplía el peregrinaje por los medios de comunicación defendiéndose, Larraín —junto a Alberto Espina y el vicepresidente de RN, Baldo Prokurica— salió en defensa de la honra del entonces cuestionado ministro. “Hay gente que quiere que nosotros tengamos personas saliendo de una incubadora, tenemos gente que viene del mundo real, con experiencias valiosas que ponen al servicio del país” y habló de una campaña para “descalificar permanentemente a las personas que trabajan lealmente para el gobierno, este apaleo a la honra de las personas no puede continuar”.

Al unísono, el mismo día y en la misma línea, pero de forma poco afortunada Ribera reiteró la idea, pero con una ironía que salió cara, cuando ante las críticas por conflictos de intereses precisó que quizás había que “ir a buscar hombres públicos al Hogar de Cristo”.

En esos días se comentaba en La Moneda que más que irregularidades lo que había en el caso Ribera era la intención clara de querer golpear al gobierno de Piñera en uno de sus principales flancos: los conflictos de interés entre la actividad política y los negocios privados.

Tarde de gallitos

Piñera se reunió en su casa con Ribera el domingo en la noche, conversación en la que se terminó de zanjar la salida del entonces ministro y que esta se realizara acorde a un libreto pre establecido, desde la llegada a La Moneda a las 9 a.m, la segunda reunión con el Mandatario, el pódium con el escudo con el que el ex ministro leyó su declaración de renuncia —en la que habló de “acusaciones tendenciosas”, que se ha tratado de involucrar a su familia y de la honra personal— hasta el espaldarazo público que le hizo el Presidente siete horas después al alabar sus cualidades personales en pleno juramento de Pérez como ministra.

Si en RN estaban molestos por el trasfondo político que observaban en el caso Ribera, nada contribuyó lo sucedido con el nombramiento de su sucesora. Desde el medio día que en La Moneda se comentaba que estaba listo el decreto para anunciar a Pérez, pero RN golpeó la mesa con Chadwick y puso nombres de abogados que a sus ojos tenían más abolengo en el partido: Juan Domingo Acosta —cercano a Espina y Carlos Zepeda—, el de Raúl Tavolari, conocido como el padre de la “reforma a la reforma” procesal penal que impulsa La Moneda y el de Pedro Rivas, que ha trabajado en el nuevo Código Procesal Civil.

Si en RN estaban molestos por el trasfondo político que observaban en el caso Ribera, nada contribuyó lo sucedido con el nombramiento de su sucesora. Desde el medio día que en La Moneda se comentaba que estaba listo el decreto para anunciar a Pérez, pero RN golpeó la mesa con Chadwick y puso nombres de abogados que a sus ojos tenían más abolengo en el partido: Juan Domingo Acosta —cercano a Espina y Carlos Zepeda—, el de Raúl Tavolari, conocido como el padre de la “reforma a la reforma” procesal penal que impulsa La Moneda y el de Pedro Rivas, que ha trabajado en el nuevo Código Procesal Civil.

No es gratuito que durante toda la tarde nadie confirmaba si se nombraría el reemplazante de Ribera ayer o que la decisión se postergaba hasta hoy, como tampoco se afirmaba si Pérez sería nombrada realmente, todo mientras se decía primero que a las 16:00 horas estaría zanjado el asunto, lo que se corrió más de tres horas, concretándose finalmente cerca de las 19:30.

Una prueba de la tensión imperante es que cerca de las 18:00 horas La Moneda aún no llamaba a Pérez para anunciarle oficialmente que sería la titular de Justicia. Hasta ese momento solo le habían dicho que asumiría como interina y en Palacio nadie se atrevía a quemarse y asegurar que ella sería la nueva ministra. Fue veinte minutos después que en el gobierno confirmaron la pauta del Presidente, la ceremonia y que en ese instante se había confirmado a Pérez.

Dado el gallito y negociaciones que hubo toda la tarde, el anuncio hizo augurar un incendio de proporciones con RN, pero nadie esperaba el balde de agua fría que cayó en Palacio con el golpe de Larraín. Se trata de una rebelión en el propio partido del Presidente, pues Larraín tiene el 70 % de respaldo interno en la colectividad y es sabido que ha financiado varias e importantes campañas de la tienda a nivel municipal y parlamentario.

 Las uvas de la ira

El secretario general de Renovación Nacional, Mario Desbordes, debió referirse al tema luego que la prensa encontrara a toda la mesa junto al renunciado timonel en una actividad en el Hotel Marriott, donde si bien confirmó que Larraín había tomado la decisión de dejar la presidencia, también aseguró que están en curso las gestiones para que reconsidere su decisión.

Según Desbordes, don Carlos “siente con justa razón que ha habido varios conflictos importantes con el gobierno que no se han resuelto adecuadamente”, por lo que la salida de Ribera, indicó, sólo habría sido el detonante de la complicada relación entre el Ejecutivo y el partido del Presidente.

Dijo que en este minuto se están evaluando todos los escenarios, pero los dirigentes están conscientes de la necesidad de mantener el partido unido en medio de un importante proceso de primarias que tiene enfrentados al aspirante de RN, Andrés Allamand, con el de la UDI, Laurence Golborne.

Por lo mismo, Desbordes recalcó que, de no mediar este proceso, hubiera sido altamente probable que toda la mesa renunciara junto al timonel.

Por su parte, uno de los vicepresidentes, el senador Francisco Chahuán, insistió en la molestia de la dirigencia respecto de la forma cómo el gobierno ha enfrentado varios temas, haciendo hincapié en que se enteró de la renuncia del ex titular de Justicia sólo cuando ésta se había concretado. Y recalcó que  RN ni siquiera participó en el proceso de reemplazo.

Si bien en el partido no quieren centrar esta molestia en la salida de Ribera, Chahuán fue enfático en recordar que el ex ministro “representa el alma de Renovación Nacional”.

Se ha especulado que el reemplazante de Larraín sería otro de los vicepresidentes, el senador Baldo Prokurica, quien sería ratificado por una comisión política ampliada para no tener que llevar al partido a una elección interna en medio del proceso de primarias.

También se ha mencionado la posibilidad de que sea el propio Desbordes el que asuma al frente de la tienda, por lo que se aprovecharía el Consejo General convocado para ratificar la candidatura de Andrés Allamand —el  19 de enero— para también ratificar a quien encabece la directiva.

Como sea, otras fuentes aseguran que éstos son escenarios hipotéticos que no se han analizado en profundidad y esperan no tener que llevarlos a la práctica, ya que por ahora están poniendo todas sus energías en lograr que Larraín eche pie atrás.

En el partido se comenta que el problema de fondo es el mismo por el que el renunciado timonel ha venido reclamando desde el inicio de este gobierno: el ninguneo del que ha sido objeto RN desde que Piñera llegó a La Moneda, donde no se han respetado las formas y menos el fondo con el partido del Presidente. Esta molestia se había acumulado hasta desencadenar la renuncia de Larraín a raíz de la renuncia de Ribera, que es considerado parte del ADN del partido.

El problema, según se comenta en el partido, no es el nombre de la persona elegida para reemplazar a Teodoro Ribera —la hasta ahora subsecretaria de Justicia, Patricia Pérez—. Es más bien el hecho que se estaría afectando a un militante que encarna el alma política de Renovación Nacional, un estilo que Larraín defendió desde el principio del gobierno, cuando Piñera optó por un gabinete eminentemente técnico.

Las copas de champange

Luego que Ribera se fuera de La Moneda ya renunciado, se retiró sin hacer más declaraciones, salvo asegurar que se iba tranquilo y que “la política es sin dolor y sin rencor”. De ahí se fue directo, por última vez, a su oficina en el Ministerio de Justicia, de donde se retiró antes del mediodía con una caja con sus artículos personales, no sin mediar una ironía de por medio: mientras salía de las dependencias del edificio de Moneda con Morandé, estaban listas las copas y el champange para la celebración del aniversario de dicha repartición, que se había preparado acuciosamente con anticipación y que incluso había sido organizada por el jefe de gabinete del ex ministro.

Ribera no participó del acto, se retiró antes, mientras ya llegaban varios de sus antecesores, quienes fueron reconocidos por su labor con una medalla de regalo. Es más, por todo lo acontecido, la ceremonia —como un vaticinio de lo que venía horas después— tuvo que ser encabezada por Pérez.

Piñera dijo en la tarde —antes de saber lo de Larraín— en plena ceremonia de juramento de Pérez que discrepaba en algo con Ribera: “A veces la política es con dolor y eso es algo que sabemos”. Una frase que cobra más sentido ahora que el mandatario y La Moneda enfrentan la furia de RN y la salida de Larraín se transformó en un gran, pero gran dolor de cabeza.

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