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Estrategia se aplicó tras cita extraordinaria en Cerro Castillo para ordenar versiones disonantes de la jornada

La tentación de La Moneda para regresar a la política de hermetismo comunicacional

por 31 julio, 2014

La tentación de La Moneda para regresar a la política de hermetismo comunicacional
La razón de aplicar un férreo hermetismo, agregaron en La Moneda, pasó por bajar una sola línea que privilegiara un tema: el trabajo exhaustivo de revisión y orden de la agenda legislativa para este segundo semestre y evitar, así, que el foco público estuviera en el “reto presidencial” para ordenar el comité político de Palacio, que ha pecado de falta de fiato y tensiones entre algunos de sus ministros, como también neutralizar salidas de libreto que han hecho ruido innecesario a las reformas emblemáticas del programa de gobierno, especialmente por el inconsulto estilo del titular de Educación.
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Fue bastante comentada y criticada en el propio gobierno la vocería que el ministro de la Segegob, Álvaro Elizalde, realizó el martes en la tarde, tras siete horas de reunión a puertas cerradas de la Presidenta Michelle Bachelet con los ministros políticos, de Hacienda y la tríada de Educación para ordenar la conducción política y la agenda legislativa del segundo semestre. Es que las declaraciones del secretario de Estado no aportaron nada, no dijo nada distinto a lo que hace semanas se afirmaba en el gobierno y no reflejaban el carácter extraordinario que tuvo el maratónico comité político que encabezó la Mandataria. Lo cierto es que ello respondió fielmente a una estrategia clara y definida en la cita, una que muchos pensaron que ya estaba en el olvido: el hermetismo.

En el gobierno varios explicaron que la vocería de Elizalde respondió a la orden expresa que se le dio desde la SECOM –cuya cabeza es Paula Walker, quien estaba presente en el comité político ampliado– de lo que estrictamente debía decir ante la prensa sobre la versión del encuentro de Cerro Castillo.  Y eso se debió a que se optó por desempolvar la estrategia del hermetismo comunicacional, que tanto en la primera administración de Bachelet (2006-2010) como en toda la última campaña presidencial fue el estilo que imperó.

Varios en el gobierno confiesan que “la tentación existe” de volver a esa lógica del secretismo, lo que no deja de ser un tema menor para el gobierno, que desde el cambio de mando del 11 de marzo notoriamente había optado por una política de puertas abiertas. Es más, en estos cuatro meses y medio de la segunda administración bacheletista, ha primado la estrategia de ministros dispuestos a responder todas las preguntas de la prensa nacional y regional, para que se empoderen de los temas de sus respectivas carteras, estilo de apertura que contaba, además, con el visto bueno de la SECOM.

La razón de aplicar un férreo hermetismo –agregaron en La Moneda– pasó por bajar una sola línea que privilegiara un tema: el trabajo exhaustivo de revisión y orden de la agenda legislativa para este segundo semestre y evitar, así, que el foco público estuviera en el “reto presidencial” para ordenar el comité político de Palacio, que ha pecado de falta de fiato y tensiones entre algunos de sus ministros, como también neutralizar salidas de libreto que han hecho ruido innecesario a las reformas emblemáticas del programa de gobierno, especialmente por el inconsulto estilo del titular de Educación.

La idea –añadieron en el gobierno– también apuntó a que es una forma de reducir el ruido interno, que ha dado la imagen pública de desorden en el oficialismo y que enojó a la Presidenta Bachelet.

Por eso, son pocos los que saben lo que realmente pasó en Cerro Castillo y el grueso de las versiones oficiales han tratado de bajar el perfil o tratar de desmentir lo que fue realmente el “castillazo” de la Mandataria y los varios puntos que efectivamente puso sobre la mesa, llamando al orden a su equipo.

Es cierto que  la extensión  de la reunión –más de nueve horas en total– efectivamente se debió al detallado repaso que Bachelet hizo de los proyectos de ley, sus tiempos de tramitación, los posibles focos de conflicto, pero el alineamiento que buscó la Presidenta es la pieza que hacía falta en las versiones públicas, ya que sin coordinación política –reconocen en La Moneda– va a costar sacar adelante las reformas.

Algo de eso, eso sí, dejó entrever ayer el ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo. Dijo que hubo “instrucciones claras de la Presidenta de la República tanto en la reforma política, que es el cambio del sistema electoral, por otro lado la reforma tributaria y parte importante de lo que es la reforma educacional en los proyectos de ley que tienen que ver con primera infancia, el administrador provisional, los que terminan con el lucro, copago y selección que sean tramitados durante este año, y eso requiere de un equipo legislativo, que haga la tarea muy bien. Hay que sacarlas este año”.

Y luego añadió: “Lo que hay aquí es un trabajo, un calendario, muy preciso para que cumplamos lo que la Presidenta ha pedido, que es llevar adelante la reforma política, tributaria y educacional con la eficiencia necesaria y todas las coordinaciones con los partidos de la Nueva Mayoría”.

La tentación

En La Moneda reconocen que no hay claridad a ciencia cierta respecto a si el hermetismo aplicado intencionalmente al encuentro de Cerro Castillo es un hecho aislado o es una “peligrosa señal” –como recalcan los detractores– que obedece a un intento por retomar el camino de esa cuestionada estrategia comunicacional del secretismo, que no sólo abarcaba a la prensa, sino que a partidos, parlamentarios y dirigentes de ser necesario. Una fórmula a la que irónica y despectivamente se le ha llamado la lógica de la RDA, aludiendo a la política comunicacional uniforme y controlada que imperó en Alemania Oriental, donde la Presidenta vivió varios años de exilio durante la dictadura.

Varios en el gobierno confiesan que “la tentación existe” de volver a esa lógica del secretismo, lo que no deja de ser un tema menor para el gobierno, que desde el cambio de mando del 11 de marzo notoriamente había optado por una política de puertas abiertas. Es más, en estos cuatro meses y medio de la segunda administración bacheletista, ha primado la estrategia de ministros dispuestos a responder todas las preguntas de la prensa nacional y regional, para que se empoderen de los temas de sus respectivas carteras, estilo de apertura que contaba, además, con el visto bueno de la SECOM.

Si se aplica un regreso a la lógica del hermetismo comunicacional, no será una decisión fácil, ya que dicha estrategia no es compartida por todos. De concretarse esta tentación del hermetismo, explican en el gobierno, sería un error con el que harían pagar “a justos por pecadores”, porque el ruido interno que molesta a La Moneda está identificado y no representa el estilo de la mayoría de los Ministerios.

Por ahora, hermetismo o no, se reconoce en privado en el gobierno que era necesario ordenar la casa, puntualmente la coordinación política entre los ministros de Palacio, y potenciar aún más el famoso “trabajo prelegislativo”, que en castellano simple quiere decir más trabajo político del gobierno con los distintos actores involucrados en las reformas estructurales y, especialmente, con los parlamentarios, antes de seguir ingresando proyectos al Congreso.

Lo anterior pasa por adelantarse a posibles conflictos. Según informó La Segunda, en la reunión de Cerro Castillo se habló también de la posibilidad de explorar una suerte de protocolo con la Iglesia Católica para aplacar las críticas a la reforma educacional.

Ello coincide con lo que se señalaba el lunes en La Moneda sobre las alarmas que había encendido en el gobierno la nueva arremetida del arzobispo de Santiago, monseñor Ricardo Ezatti, que cuestionó duramente la reforma, acusando su “falta de arquitectura”, palabras que no se condicen con el tono de entendimiento que había en el diálogo que sostenía hasta ahora el gobierno con Hernán Vargas, encargado del área de educación en el mundo eclesiástico y considerado el interlocutor válido en esta materia.

Sobre dicha posibilidad, Peñailillo no lo desmintió: “El ministro (Eyzaguirre) está conversando con todos los sectores y con la Iglesia lo está haciendo desde el primer día, así que por supuesto que nosotros esperamos los mejores acuerdos, pero siempre llevando de la mano que aquí hay que terminar con el lucro, que en Chile no se puede seleccionar, discriminar y, al mismo tiempo, lo que es el financiamiento compartido es un sistema que segrega. En esa línea, bienvenidos sean los acuerdos”.

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