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Navia en picada contra victimización UDI en Pentagate: «Es el partido más poderoso del Congreso, el mejor conectado con el empresariado, y por años lideró ataques contra la clase política»

Navia en picada contra victimización UDI en Pentagate: «Es el partido más poderoso del Congreso, el mejor conectado con el empresariado, y por años lideró ataques contra la clase política»

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«Es verdad que nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario , pero la UDI a menudo fue el primer partido en rasgar vestiduras cuando acusaciones similarmente dañinas recayeron sobre otros políticos», afirma el columnista.


El analista político Patricio Navia salió a cuestionar la «victimización» en que, a su juicio, ha caído la UDI por la vinculación de personeros de sus filas en el denominado caso Pentagate.

En una columna publicada en la página web El Líbero, argumentó que la supuesta «persecución» de la que serían víctima los políticos del gremialismo mencionados en la trama de triangulaciones ilegales para el financiamiento de campañas por parte del Grupo Penta, difícilmente tendrán un efecto positivo en la opinión pública, por cuanto ésta «duda de la probidad de cualquiera que se dedica a la política».

«Peor aún, probablemente inducirá a la Fiscalía y al Poder Judicial a actuar con mayor celo en su afán de investigar posibles vinculaciones entre los delitos tributarios imputados y los pagos realizados a personas e instituciones cercanas a candidatos en las elecciones de 2013», agregó.

A su juicio, «bien pudiera ser que no haya forma de salir bien parado de este escándalo, pero es indudable que hay estrategias peores que otras. La estrategia de victimizarse no funciona cuando la utilizan aquellos que la gente considera como miembros fundadores de la clase privilegiada».

Y si bien considera que en algunos episodios la victimización ha rendido frutos, como cuando en su primer gobierno la Presidenta Michelle Bachelet deslindó su responsabilidad por la puesta en marcha del Transantiago, o cuando acusó ser el blanco de un «femicidio político», afirma que la situación del gremialismo es muy diferente a la de la mandataria.

«Cuando la UDI habla de persecución política, la evidencia muestra que ese partido es el más poderoso en el Congreso, el mejor conectado con el mundo empresarial, y el que por años lideró los ataques contra la clase política –potenciando figuras que supuestamente eran el antónimo de los políticos tradicionales–. Por eso, la opinión pública no será fácil de convencer», sostiene.

Navia enfatiza que «cuando el valentón del barrio alega mala fe, no puede pretender recibir la solidaridad inmediata del resto de los vecinos. Es verdad que nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario –por lo que el peso cae ahora en la fiscalía para demostrar culpabilidad, no sobre los supuestos involucrados para demostrar su inocencia–, pero la UDI a menudo fue el primer partido en rasgar vestiduras cuando acusaciones similarmente dañinas recayeron sobre otros políticos».

El columnista advierte también que el líder de Fuerza Pública, Andrés Velasco, también ha recurrido equivocadamente a la victimización y pone en tela de juicio su estrategia de entrar a la política no por la vía partidaria sino que mediante una organización «disfrazada» de think tank.

«Andrés Velasco no debiera esperar el mismo efecto positivo en la opinión pública que tuvo Bachelet. Después de que eligió la crítica a la mala política como su bandera de campaña, Velasco debió ser especialmente cuidadoso en evitar que sus negocios se mezclaran con su carrera política. En vez de crear un partido político –que es el camino institucional y éticamente correcto para intentar influir en la política como candidato– Velasco buscó tener los privilegios de los políticos pero sin pagar los costos de usar el uniforme».

Asimismo, manifestó que «pretender disfrazar de think-tank a una organización destinada a promover una campaña presidencial no es una buena forma de hacer política. Es perfectamente legítimo que Velasco quiera ser candidato –y muchos lo veríamos con buenos ojos–, pero la forma para entrar en política es creando un partido o sumándose a uno ya existente para liderarlo (una especie de OPA política), no pretendiendo ser consultor cuando en realidad se es candidato».

Y fiel a su estilo de no dejar títere con cabeza, Navia disparó también contra el manejo del gobierno y el Ministerio Público en el caso Pentagate.

«El proceso que ha rodeado el caso Pentagate ha estado plagado de errores del gobierno y de la fiscalía. Mientras el gobierno, a través de su ministro (Rodrigo) Peñailillo, ha dado señales erráticas de querer solucionar el problema por la vía legislativa o dejarlo seguir exclusivamente por la vía judicial, la fiscalía se ha convertido en un conventillo de filtraciones. Después de que el gobierno demostró su debilidad al justificar las desubicadas declaraciones del contralor, alegando que no valía la pena hacer nada porque solo le quedaban seis meses en el cargo, todos los funcionarios se sienten con derecho a decir cualquier cosa. Si el árbitro no expulsa a un jugador por una falta alevosa, difícilmente tendrá autoridad moral para sacar tarjeta amarilla cuando otro jugador hace tiempo».

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