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PAÍS

Huracán Bolsonaro deja dando vueltas en círculos a la izquierda chilena

por 10 octubre, 2018

Huracán Bolsonaro deja dando vueltas en círculos a la izquierda chilena
La votación de más de un 46% alcanzada por el candidato a la Presidencia de Brasil, el ultraderechista Jair Bolsonaro, confirmó que el avance de los denominados liderazgos neofascistas arribó con fuerza al vecindario y llegó para quedarse. En la centroizquierda chilena, y como en otras ocasiones, aparecieron los autoflagelantes y autocomplacientes en un espacio donde la mayoría de sus miembros insiste en una falta de profunda autocrítica como factor determinante. Como ejemplo del difícil rearme del sector, la denominada nueva “Convergencia Progresista”, que reúne al PS, PPD y PR, no partió de la mejor manera.
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Cuando se conocieron los resultados de la primera vuelta en Brasil, con la arrolladora ventaja del ultraderechista Jair Bolsonaro, el comentario obligado en las redes sociales y chats de la centroizquierda criolla, desde el Frente Amplio hasta la ex Nueva Mayoría, fue la necesidad de frenar el avance de las ideas totalitarias y conservadoras personificadas en el ex paracaidista, entre ellas, la misoginia y la defensa de los crímenes en dictadura.

La votación de Bolsonaro impactó en los análisis de la centroizquierda chilena. “Sinceramente quedamos corriendo en círculos”, reconoce un parlamentario del Frente Amplio. Y es que, a pesar de las voluntades expresadas transversalmente, el estado de crisis pesa en la actual oposición chilena, y el desafío ante el avance de estas fuerzas populistas y de ultraderecha parece quedar un poco grande. “Estamos frente al surgimiento del fascismo, y yo no sé cómo lo vamos a afrontar. Quien tenga la respuesta que me la dé”, resume el diputado liberal Vlado Mirosevic.

Para el director de la Fundación Casa Común, Fernando Atria, existe “conciencia de que es un peligro o un problema que hay que enfrentar”, sin embargo faltan respuestas, y asume que “preguntarse cómo la centroizquierda está pensando, como si estuviera haciendo algo como tal, no es realista”.

Según Atria, la crisis de los últimos años ha traído consigo la agudización de la percepción de que “la política es una ocupación de una clase política que no es capaz de ser interpelada por la sociedad”, que existe un mundo político que tiene agenda propia y no se hace eco de las demandas sociales, como es el caso de las críticas contra el sistema de pensiones.

En parte de la oposición reconocen que se encuentran en un estado crítico, asumen que la segregación de los partidos y la distancia con la sociedad han calado hondo. Estos factores le “han dejado abierta la cancha” al denominado fascismo y a las fuerzas de derecha, hoy personificadas en Chile en la figura de José Antonio Kast y la emergencia de liderazgos “ultra” del mundo evangélico.

La necesaria autoflagelación

Uno de los principales puntos que causa conflicto al interior de las fuerzas de oposición al Gobierno de Sebastián Piñera es la falta de mea culpa o de un reconocimiento de los errores del pasado, que terminaron con la profundización del modelo neoliberal y con casos de corrupción y financiamiento irregular a la política. Revisión necesaria que recaería principalmente en las fuerzas de la ex Concertación, las que para muchos buscan hacer un “borrón y cuenta nueva, sin asumir errores que hoy demanda la ciudadanía”, recalcan desde la ex Nueva Mayoría.

En este aspecto, el ex ministro del Trabajo del primer Gobierno de la ex Presidenta Michelle Bachelet, Osvaldo Andrade, reflexiona: “Yo la autocrítica no la hago desde la mirada del pasado, la hago desde lo que es hoy día. No estoy ni autocomplaciente ni autoflagelante, pero sí hago un juicio de la transición desde lo que fue. Hacer un juicio de la transición con la perspectiva de hoy creo que es un error, puedo ser crítico de muchas cosas, pero el peligro de la involución autoritaria marcó la transición y por eso fue una transición temerosa”.

Respecto a desde dónde y hacia dónde debiese apuntar la izquierda chilena, el ex presidente del PS agrega que "por eso el triunfo de Piñera fue tan holgado, porque hoy día no encontramos las coordenadas para enfrentar estos temas. Estoy escribiendo un artículo tratando de vincular crecimiento, empleo y derechos laborales, si eso lo hubiera escrito hace un año, habría escrito derechos laborales. En simple, yo creo que el eje de un nuevo proyecto político de izquierda tiene que partir por eso, por ese tipo de relaciones que antes no hacíamos. Antes hay cosas que veíamos desde la contradicción y que ahora hay que ver desde cómo somos capaces de proponer una complementariedad de esas cosas, es un desafío jodido y a lo mejor puede sonar un tanto crudo, pero no tenemos otra alternativa, porque, de lo contrario, vamos a ir quedando fuera”.

Otro de los referentes de la era concertacionista es el ex ministro de Educación de Ricardo Lagos y del MOP con Michelle Bachelet, el PPD Sergio Bitar. Consultado respecto a una eventual falta de autocrítica de aquella etapa posdictadura, apunta a que “es un equilibrio que hay que tener, reconocer lo bueno que se hizo, y no me cabe menor duda que la Concertación es un proceso bastante exitoso, pero hacer los análisis críticos para corregir y mejorar, el que no reconoce lo que hizo, reniega, por ende, no tiene legitimidad, y quien cree que todo lo que hizo está bien, no tiene capacidad de innovar”.

Para el diputado de Movimiento Autonomista, Gonzalo Winter, es “importante asumir el fracaso del ciclo progresista de América Latina en función de correr el cerco y cambiar para siempre las estructuras sociales”. Destaca que el periodo de la Concertación “es una historia bastante distinta a la del PT”, y recalca asimismo que la derrota del proceso “que pierde en manos de Piñera y del Frente Amplio” tiene que ver con que el bloque “surgió como impugnación a la dictadura”, pero termina profundizando su modelo.

“Llega un punto en que llegan a haber en Chile más ministros de la Concertación en los directorios de AFP, de universidades privadas y de colegios particulares subvencionados, que ministros de la dictadura. En esa indiferenciación es que un sector de la sociedad dice que salga la copia y entre la original, y hay otro sector que dice estos dos son los mismos, prefiero al Frente Amplio. Y eso no es exactamente lo que le pasó al Partido de los Trabajadores de Brasil”, añade.

Respecto a la reflexión del rol que jugó la centroizquierda en las causas de la crisis, Atria resalta que “es una cuestión fundamental, que ha sido imposible hacerla con seriedad”. El abogado explica que hasta ahora hay dos posiciones al respecto: por un lado, se plantea celebrar los 20 años de Concertación; o rechazar todo lo que se hizo en esos años, buscando una "refundación total”, una ecuación que no tomaría mucho sentido a la hora de buscar una nueva alianza común.

Destaca que “lo que sí tiene sentido preguntarnos es qué hay en la política posdictadura que, a pesar de sus logros –que no puede ser negados– termina con una sociedad que mira a la política con distancia y desprecia. Mientras eso no sea discutido en serio, no se podrá afrontar la crisis”.

Para afrontar este proceso de desintegración, el senador y ex concertacionista, Alejandro Navarro, resalta que es importante dar un debate que “se ha eludido en la izquierda chilena; no recuerdo a nadie que haya puesto el tema de la Constitución, no se resolvió ni con Aylwin, ni con Frei, ni con Lagos, ni siquiera con la llegada de la derecha a La Moneda. La transición sigue pendiente y el cierre a la transición es una nueva Constitución”. Agrega que “crear una nueva unidad política de la izquierda sin cuestionar la institucionalidad en la que ésta se da, es un error”.

Al ser consultado respecto a los casos de corrupción que han estallado en los últimos años, destaca que “ha sido transversal, partiendo por el Presidente de la República, que sigue altamente cuestionado”. Destaca que el problema no está solo en “la ilegalidad de recibir dineros fuera del marco de la ley en las campañas, sino de quién da ese dinero, que fue el tema de Soquimich y Julio Ponce Lerou, pero eso es seguir ahondando en buscar responsabilidades individuales, pero yo creo que aquí hay una responsabilidad colectiva”.

Asumir los casos de corrupción en las filas de la ex Concertación y ex Nueva Mayoría es uno de los puntos más sensibles para esta parte de la oposición. La “vista gorda” denunciada por sectores sociales, el Partido Comunista y parte del Frente Amplio, hacen que las distancias para lograr una convergencia que afronte el avance de las ideas fascistas se intensifiquen.

Durante el pasado lunes, desde la Democracia Cristiana sacaron un comunicado en el que se apunta a la centroizquierda y su responsabilidad, en este caso en Brasil. En uno de sus puntos se puede leer: “Creemos que el avance de caudillos populistas, tanto de izquierda como derecha, no hace más que poner en peligro las bases de la democracia en la región, pero también da cuenta de una centroizquierda que toleró por mucho tiempo la corrupción dentro de sus filas, e incluso la promovió, como fue el apoyo electoral de algunas figuras ligadas a casos de corrupción”. De pasada, un fuerte cuestionamiento a quienes firmaron la carta en respaldo a Lula Da Silva, entre ellos, la ex Presidenta Michelle Bachelet.

Desde el frenteamplismo recalcan que, como nuevo conglomerado, “hemos intentado ser implacables ante cualquier situación de corrupción, por eso acusamos al fiscal Jorge Abbott, por eso queremos escuchar la llamada del Presidente Piñera para la compra de acciones de LAN”, destaca el diputado Winter.

Además, recalca que “si el Presidente de la República fuera del Frente Amplio y alguien dice que tiene un audio en donde está cometiendo un delito, yo también voy a ser el primero en decir quiero conocer el contenido de aquello”.

De todas formas, desde la tercera fuerza en el Parlamento destacan que como bloque tampoco pueden “sacar cuentas alegres”. Detallan que, a pesar de ser una fuerza joven con buenos resultados electorales, en “nuestra corta vida aún no podemos superar la desconexión del mundo político con el social. Hemos extremado los recursos en la fuerza parlamentaria, dejando muchas veces de lado nuestro trabajo territorial y social, lo que nos puede terminar pasando la cuenta”, destaca un alto dirigente frenteamplista.

Pacto antineoliberal

A pesar de lo poco alentador del panorama, desde los partidos de la ex Nueva Mayoría hasta el frenteamplismo recalcan que uno de los ejes aglutinadores debería estar en la posición antineoliberal. Destacan que la implementación de este modelo en la dictadura y su profundización en los posteriores gobiernos ha sido uno de los factores vitales para el avance de las ideas. “El neoliberalismo es gran responsable del surgimiento de este neofascismo, sin ninguna duda”, destacó Mirosevic en un foro de reflexión a 30 años del plebiscito del No, realizado por Fundación Nodo XXI.

Para el secretario general de Izquierda Libertaria, Lucas Cifuentes, estos fenómenos como el de Brasil “disfrazados de outsider y proteccionistas, están dando respuestas que la izquierda y socialdemocracia dejaron de dar” a la sociedad en general. Recalca que en la oposición existe una “carencia ideológica y falencia política” al pensar que el discurso de “todos contra la derecha fascista” es la salida. “Nosotros pensamos una reconsideración completa de los proyectos, no se trata de construir un gran círculo sanitario contra la derecha”, comenta.

Por otra parte, el dirigente frenteamplista se distancia de la postura que plantea que es necesario retornar al centro político, destacado por la Democracia Cristiana en su comunicado. “La única forma de dar alternativa es ofrecer un proyecto político nuevo, que ya no puede ser a expensas de aportar a un centro que solo es condescendiente con el neoliberalismo”, proyectos que han terminado siendo “los sostenedores de esta derecha”.

Desde la ex Nueva Mayoría, Atria destaca que es necesario que la izquierda asuma “una postura clara antineoliberal y una salida al modelo neoliberal. Desde ahí ir construyendo convergencias y alianzas. Para que no sean vistas como acuerdos cupulares necesitan tener una acción entre los que convergen en la sociedad y el mundo político”.

Postura que es compartida por la diputada comunista Karol Cariola, quien también en el foro de Nodo XXI reconoció que “es evidente que acá (en la centroizquierda) hay una serie de diferencias profundas… pero hay un elemento común que yo creo que no hay que pasarlo a llevar, que es lo de fondo: ser antineoliberales es la mirada estratégica de las distintas fuerzas políticas que hoy podemos converger”.

También destacó, ante la audiencia, que “vienen momentos muy duros para América Latina y para Chile y mirar este proceso es uno de los desafíos más grandes que tiene esta generación, y que tienen aquellos que hoy en día estamos a la cabeza en el mundo político, sindical y social. En la contraposición al modelo neoliberal vigente, ahí es donde se va a desgranar el choclo”.

Lucas Cifuentes va más allá y plantea que “la izquierda en Chile, dentro o fuera del Frente Amplio, tiene que construir un espacio propio, que construya un proyecto social y popular propio. Si hay sectores de la ex Nueva Mayoría que están dispuestos a plegarse y a sumarse, entendiendo que es una apuesta alejada de lo que fue la Concertación, claramente serán bienvenidos”. Agrega que esto aún está en “un momento muy incipiente, no es algo que está sucediendo, porque tanto el Frente Amplio como la ex Nueva Mayoría aún no son capaces de tener una lectura propia de este fenómeno”.

Convergencia Progresista, con el pie izquierdo

El fraccionamiento interno y el divorcio entre lo político y lo social profundizado en la posdictadura y bajo la administración de la Concertación, hacen que la dificultad para enfrentar el avance del conservadurismo se acreciente. Y eso volvió a quedar en evidencia en el incipiente reordenamiento de los partidos de la ex Nueva Mayoría.

El lunes recién pasado y tras la reunión de los presidentes del PS, Álvaro Elizalde, del PPD, Heraldo Muñoz, y del PR, Carlos Maldonado, se dio a conocer –para sorpresa de varios integrantes del bloque– un nuevo nombre que pretende, a lo menos comunicacionalmente, dar un paso hacia adelante y dejar atrás la pesada carga de las reminiscencias de la ex Nueva Mayoría: Convergencia Progresista.

En la ocasión, el presidente del PPD señaló que “esto no significa que vamos a limitar nuestro esfuerzo electoral a estos tres partidos, hablaremos con otros", en tanto el presidente del PR aseguraba que "hemos acordado profundizar este trabajo conjunto dándole una dimensión programática de futuro".

Pero si bien para algunos parlamentarios el anuncio de esta alianza se transformó en “una grata sorpresa”, para otros, como el diputado PS Marcelo Díaz, esto no fue tan así. En Radio Infinita, quien fuera el vocero del gobierno de la ex Presidenta Michelle Bachelet señaló que “no tenía la más remota idea que íbamos a avanzar hacia la creación de ese espacio de comunicación como un bautismo formal, con un nombre determinado. Socialistas, radicales y PPD nos enteramos por la prensa”.

En la interna del PS existe preocupación, pues no estaba en su agenda esta salida repentina que –entienden– estaba presupuestada para más adelante, “con más sustancia” e, irónicamente, con “mayor convergencia”.

En la tienda liderada por Álvaro Elizalde el hecho de haber salido a presentar este reducido grupo de partidos, entienden algunos, podría traer complicaciones para poder concretar su mayor aspiración en la actualidad, que es atraer a la mayor parte de las fuerzas progresistas del país, y –aseguran– esto puede dibujar un cerco imaginario.

Fue el propio senador y líder del PS quien, solo un día después de que se diese a conocer Convergencia Progresista, en entrevista con Emol retrocedió al expresar que “el espacio que hemos construido es un esfuerzo de coordinación, pero en absoluto constituye la respuesta definitiva que debemos dar para construir una mayoría. Y por eso, hemos señalado que este es un espacio de coordinación, pero el esfuerzo de unidad de todo el progresismo debemos realizarlo sin excluir a ningún actor”.

La posición que adoptó el PS en esta ocasión no cayó del todo bien entre sus socios, quienes señalan que ésta sería nuevamente una nueva maniobra para intentar erigirse como “El” partido articulador de la oposición.

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