PAÍS
Kast sacrifica a Sedini y obliga a Alvarado a bajar a las trincheras
La salida de Mara Sedini confirma el primer gran remezón político del Gobierno de José Antonio Kast antes de cumplir tres meses. Claudio Alvarado entra a las trincheras de la vocería en medio del desgaste oficialista y su llegada además marca un rayado de cancha al poder de Cristián Valenzuela.
La decisión se terminó de cerrar en silencio, pero el ruido político venía creciendo hacía semanas dentro de La Moneda. Cada punto de prensa errático, cada frase mal calibrada y cada intento fallido por contener una crisis terminaban golpeando directamente la aprobación del Presidente José Antonio Kast. Mara Sedini dejó de ser solo una ministra debilitada: se había convertido en un problema estructural para un Gobierno que, a menos de tres meses de haber comenzado, ya enfrenta síntomas evidentes de desgaste político prematuro.
El cambio de gabinete llevado a cabo este martes –con la salida de Sedini de la Secretaría General de Gobierno– no solo representa la primera gran derrota interna del oficialismo. También instala un dato que se quiso eludir, pero fue inevitable para Palacio: Kast se vio obligado a corregir el rumbo antes de su primera Cuenta Pública del próximo 1 de junio. Y lo hizo marcando un récord.
Ningún Gobierno desde el retorno a la democracia había removido a un ministro en un plazo tan corto desde el inicio del mandato. El dato refleja algo más profundo que un simple ajuste ministerial: evidencia que el Ejecutivo perdió capacidad para encapsular errores, controlar daños y ordenar la agenda pública en un momento clave de instalación.
Porque los problemas no fueron aislados. Desde la polémica instalación del concepto de “Estado quebrado” –que terminó con un oficio de Contraloría pidiendo antecedentes técnicos– hasta errores comunicacionales reiterados, frases confusas y vocerías inseguras, Sedini nunca logró estabilizar la relación del Gobierno con la opinión pública.
Y en La Moneda comenzaron a detectar algo incluso más delicado: cada crisis de la vocería terminaba trasladándose directamente a la figura presidencial.
En el oficialismo reconocen que el problema dejó de ser exclusivamente comunicacional hace semanas. La evaluación interna era que Sedini no conseguía contener las controversias, sino que las amplificaba. Cuando intentaba cerrar un flanco, muchas veces abría otro. Y cada descoordinación terminaba alimentando la percepción de improvisación en un Gobierno que había prometido orden, control y conducción firme.
En lo personal, Sedini probablemente descansará del escarnio público, ya que, como pocas autoridades antes, sus apariciones terminaban rápidamente convertidas en material para humoristas y standaperos.
Alvarado: del trabajo de campo a las trincheras
Kast no optó por traer una nueva figura política a la Segegob ni abrir espacio a un relevo desde los partidos aliados. La vocería quedará ahora en manos del ministro del Interior, Claudio Alvarado, quien asumirá simultáneamente la conducción política del gabinete y la relación cotidiana con la prensa.
La decisión es leída en el Congreso y en sectores del oficialismo como una señal de escasez de figuras de confianza dentro del propio sector. Pero además implica una sobrecarga política considerable para Alvarado.
Hasta ahora, el titular de Interior había logrado mantener uno de los pocos espacios de estabilidad dentro del gabinete: la negociación legislativa, el vínculo con parlamentarios y la coordinación política reservada. Era, en la práctica, el principal articulador del Gobierno con el Congreso. Desde ahora deberá sumar además la exposición diaria ante los medios, los puntos de prensa y el desgaste permanente de la contingencia.
En otras palabras, pasará de trabajo de campo también a las trincheras.
En Palacio saben que eso tiene costos.
La vocería consume tiempo, energía política y capacidad de maniobra. Obliga a responder minuto a minuto a la agenda pública y reduce espacios para la negociación silenciosa, precisamente el terreno donde Alvarado se movía con mayor comodidad.
Pero el movimiento tiene además una dimensión menos visible y mucho más sensible dentro del oficialismo.
El rayado de cancha al Segundo Piso
La llegada de Alvarado a la Segegob también es interpretada como un límite directo al poder que había acumulado Cristián Valenzuela en el Segundo Piso de La Moneda. El asesor, identificado internamente como uno de los arquitectos de la narrativa del “Estado quebrado”, había ganado enorme influencia sobre Sedini, al punto de que en sectores oficialistas lo describían como una suerte de “jefe de facto” de la vocería.
Según fuentes vinculadas al oficialismo, Valenzuela no solo definía líneas comunicacionales, sino que incidía directamente en las pautas políticas de Sedini y en el tono confrontacional que terminó caracterizando a la Segegob.
Con Alvarado en la vocería, ese equilibrio cambia.
A diferencia de Sedini, el ministro del Interior tiene peso político propio, redes internas y autonomía suficiente como para cerrar la puerta del despacho a las intervenciones del Segundo Piso. En el oficialismo incluso describen el movimiento como un “rayado de cancha” hacia Valenzuela, cuya influencia comenzó a ser crecientemente cuestionada tras el deterioro comunicacional del Gobierno.
Por eso, el cambio de gabinete no solo remeció a la Segegob. También abrió una disputa interna sobre quién controla realmente la estrategia política de La Moneda.