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Cecilia Cifuentes: “Chile tiene más de 700 programas sociales. ¿Cuántos realmente sirven?” PAÍS

Cecilia Cifuentes: “Chile tiene más de 700 programas sociales. ¿Cuántos realmente sirven?”

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La economista plantea que muchos beneficios son tan acotados que terminan diluyendo los recursos públicos. Su apuesta es menos programas, mayor impacto y más incentivos para crear empleo para los sectores más vulnerables.


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Cecilia Cifuentes (61), magister en economía y directora del Centro de Estudios Financieros del ESE Business School de la Universidad de Los Andes, podría representar a la Blancanieves en una obra de teatro. Es femenina, suave, pálida y con unos expresivos ojos azules. Pero quien la escuche en una testera o siga sus columnas en El Mercurio y en el Diario Financiero sabrá con qué chichita se está curando. 

Es muy educada, pero dice las cosas al pan, pan. Y al vino, vino. Responde directo y propone soluciones claras -no simples, ni menos fáciles- para resolver los graves problemas económicos y sociales que atraviesa Chile. 

“A la pobreza se la supera con empleo de calidad para las personas menos favorecidas del país. La creación de trabajo no es la única solución, pero es central”, afirma con gráficos, demostrando cómo la generación de empleo para esos grupos ha ido en franco descenso los últimos 10 años. 

Pero su análisis va “Más allá de la cifra”, tal como se tituló el seminario que desarrolló el ESE de la Universidad de Los Andres en alianza con el Hogar de Cristo. Para que profundizara en esa exposición, la invitamos a Hora de Conversar, donde llegó súper noticiosa, ya que integró la mesa expertos a los que el presidente José Antonio Kast encargó presentar propuestas para activar el empleo. 

Por los mismos días, además, el balde de agua fría fue tan gélido como han estado las madrugadas santiaguinas: el 30 de junio pasado el INE informó que el desempleo nacional es de 9,4%, el nivel más alto en casi cinco años. Y que el femenino alcanza el 10,5%, lo que significa que aproximadamente una de cada diez mujeres que participa en el mercado laboral está desocupada. 

En qué está el Sistema Nacional de Cuidados

-Cecilia, hay una idea que resume buena parte de tu planteamiento para reducir la pobreza en Chile: generar empleo para los sectores más vulnerables. ¿Esa es la clave?

-Es una muy buena síntesis la que haces. Cuando uno mira las cifras de la CASEN —que sigo con mucho detalle cada vez que se publican— hay un dato que me parece especialmente preocupante. Es un fenómeno que ya lleva más de diez años. Es anterior a la pandemia: las tasas de ocupación en los deciles de menores ingresos son cada vez más bajas en Chile. Si, además, uno pone el foco en el empleo formal, la situación es aún más dramática. 

Y se remite a la CASEN 2024, donde en el 10% más pobre de la población, sólo el 7% de las mujeres en edad de trabajar tiene un empleo formal. “Uno se pregunta cómo una familia va a salir de la pobreza si ni siquiera tiene acceso al mercado laboral. Muchas veces ni siquiera logran una ocupación parcial que les permita mejorar sus ingresos”, resume con cierta desolación.

Señala además una contradicción: “Cuando uno analiza los ingresos de esos hogares observa que no están cayendo; incluso han mejorado. Pero esa mejora proviene de subsidios y políticas asistencialistas, que son necesarias y cumplen un rol importante. Sin embargo, lo fundamental es que las personas puedan progresar gracias a su propio esfuerzo”.

-¿A qué atribuyes este descenso sostenido del empleo entre las personas de menores ingresos?

Son varios factores. Primero hay que mirar a las personas y luego a los empleadores. Por el lado de las personas, uno observa el impacto de la segregación urbana. En Santiago, por ejemplo, muchas viven muy lejos de donde existen buenas oportunidades laborales. En ese sentido, el Metro también es una buena política social porque acerca a las personas a los lugares donde pueden encontrar trabajo. Otro factor muy importante son los cuidados. Se ha puesto mucho énfasis en el Sistema Nacional de Cuidados, pero todavía es una política incipiente.

-Y tampoco parece estar generando todavía un impacto económico relevante.

Recién estamos ampliando la cobertura en materia de cuidado infantil y aún tenemos un déficit importante. Pero, además, en los sectores de menores ingresos está apareciendo otra restricción muy fuerte para las mujeres: el cuidado de los adultos mayores. En esos hogares ha aumentado el número de personas mayores que requieren asistencia permanente. Muchas mujeres no pueden incorporarse al mercado laboral porque están cuidando a familiares ancianos que no son autovalentes o que presentan discapacidades físicas o cognitivas.

Y agrega:

Ese un problema que irá creciendo, dada la baja natalidad y el aumento de la esperanza de vida en Chile. Exactamente. Y la velocidad con que está envejeciendo Chile hace que el desafío sea todavía más urgente. Ha sido un proceso mucho más rápido que en los países desarrollados. 

Las famosas 40 horas

A Cecilia Cifuentes la satisface haber estado convocada por el gobierno a la Mesa de Reactivación Laboral convocada por el gobierno. En ella reafirmó que las barreras al empleo no dependen únicamente de las personas. También existen regulaciones que, a su juicio, han ido encareciendo y dificultando la contratación formal. En este punto, varios de sus colegas han sido rotundos, como el presidente de la Mesa, el economista David Bravo, al afirmar que las 40 horas han resultado muy depresivas en materia de contratación. 

-Hay temas relacionados con la rigidez de la regulación laboral y con la forma en que está estructurada la jornada de trabajo. El gobierno ha planteado los contratos por hora. Nosotros propusimos otra alternativa: mantener la jornada de 40 horas, pero permitir que pueda distribuirse en un período más amplio, de manera que resulte más adaptable tanto para las empresas como para los trabajadores.

Sostiene que si bien políticas como la de las 40 horas persiguen objetivos legítimos, de acuerdo a las circunstancias, pueden generar efectos negativos. “Un ejemplo es el aumento tan significativo del salario mínimo. Otro la reducción de la jornada laboral a 40 horas, que incrementa los costos para las empresas. Esos mayores costos afectan proporcionalmente más a los trabajadores de menor calificación”.

La reforma previsional, que la economista evalúa positivamente, de igual manera ha implicado un mayor costo de contratación porque el aumento de la cotización recae sobre los empleadores. “Eso también genera un desincentivo para la contratación formal”.

-¿Tu propuesta es trasladar ese costo a los propios trabajadores, porque eso suena muy impopular?

Sí. Yo creo más en generar incentivos para la inversión, el crecimiento y el empleo que en seguir aumentando los costos de contratación.

El paradigma de la mala política social

-Tú sostienes que el gasto social ha crecido de manera importante en los últimos años, pero que los resultados no han sido los esperados.

—En Chile se han destinado enormes recursos adicionales al gasto social y me parece correcto evaluar cómo están funcionando esos programas y descartar los que no dan resultados. De partida, tenemos demasiados: son más de 700. Muchas veces son de montos muy pequeños, llegan a pocas personas y, por lo mismo, su impacto es reducido, pero generan costos administrativos y burocráticos importantes.

Rescata como una política social efectiva y paradigmática la PGU. “La pensión garantizada universal ha tenido un impacto positivo en la reducción de la desigualdad porque es una transferencia directa a las cuentas de las personas, sin tanta burocracia de por medio y, además, representa un monto significativo.

Prefiere, sin duda, este tipo de políticas importantes antes que una enorme cantidad de programas pequeños, con objetivos muy específicos y múltiples requisitos de acceso.

-Entonces, más que una mayor focalización, ¿lo que propones es concentrar los recursos en menos programas y de mayor alcance?

—Lamentablemente, dada la situación fiscal del país, la focalización va a seguir siendo necesaria. Pero sí creo que deberíamos tener menos programas y que estos beneficien a un universo más amplio de personas. Hay muchos programas que ni siquiera son conocidos por quienes podrían acceder a ellos.

¿Hay alguno que te parezca el paradigma de una política mal diseñada?

—En materia laboral había tres instrumentos que ahora fueron modificados: el Bono al Trabajo de la Mujer, el subsidio a las cotizaciones de los jóvenes y el incentivo a la contratación juvenil. Llegaban a muy poca gente y, para las empresas, postular era muy engorroso. Los estudios mostraban que algunas mujeres recibían el beneficio, pero eso no se traducía en un aumento del empleo formal. Es decir, no producía el efecto que buscaba.

Eso se corrigió parcialmente con una reforma del año pasado, que unificó esos tres instrumentos. Sin embargo, siguen existiendo problemas de implementación.

Mesa de reactivación laboral

El diagnóstico lleva inevitablemente a otro tema: el crecimiento económico. Cecilia Cifuentes cuestiona la idea de que promover la inversión sea una política favorable únicamente para las empresas.

-Durante mucho tiempo se caricaturizó la idea de que el crecimiento terminaba “chorreando” hacia los más pobres. ¿Cómo respondes a esa crítica?

—Creo que “la teoría del chorreo” es una consigna equivocada. Sabemos que cuando hay más crecimiento se crea más empleo, pero, en realidad, quien genera ese empleo es la inversión. Hay un dato bien ilustrativo: la correlación entre crecimiento de la inversión y crecimiento de la ocupación alcanza aproximadamente el 80%. ¿Y qué ocurre cuando alguien invierte? Los primeros beneficiados son los trabajadores, no el inversionista. El empresario primero tiene que desembolsar recursos, desarrollar el proyecto, asumir riesgos e incluso puede terminar perdiendo.

Rotunda y convencida, sentencia: “El trabajo es el primer fruto de la inversión y con ellos las personas. Creo firmemente que el crecimiento económico y la inversión constituyen la mejor política social”.

Con un escenario económico bastante más estrecho que hace algunos años, ¿ves señales de que el nuevo Gobierno esté apuntando a recuperar la inversión y el empleo?

—Creo que sí. El proyecto de reconstrucción nacional busca incentivar la inversión por tres caminos que me parecen complementarios. El que más discusión ha generado es la rebaja de impuestos. Yo creo que es importante, pero por sí solo no basta. Para mí es más relevante entregar certeza jurídica a quienes invierten. Venimos de años con muchos cambios tributarios y modificaciones permanentes en las reglas del juego. Ese péndulo genera mucha incertidumbre.

Agrega el otro tema que genera trabas: “la permisología”. 

-No tiene sentido que un proyecto de inversión deba esperar diez años para poder comenzar. Agilizar esos procesos va en la dirección correcta, aunque tampoco es suficiente. Hay otras iniciativas importantes, como las reformas al mercado de capitales, el impulso a las concesiones de obras públicas y, por supuesto, avanzar en las propuestas que elaboramos en la Mesa de Reactivación Laboral.

Si yo fuera ministra del trabajo

-La polarización ideológica traba los avances, ¿cómo se contrarresta ese clima tan dicotómico en que estamos inmersos? 

—La polarización nos está afectando y es un fenómeno que no ocurre solo en Chile. Estaba leyendo un informe del Banco Mundial sobre las perspectivas para 2026 y concluía que probablemente ésta será una década perdida para los países en desarrollo.

A su juicio, una parte importante del problema radica en la desconfianza que se ha instalado entre los gremios empresariales y los trabajadores. “Pero todo esto se resuelve conversando. Lo importante es avanzar sin precarizar las condiciones laborales que existen hoy”, dice, sabiendo que no es fácil que esta expresión de deseo se convierta en realidad.

—Hemos visto abusos por parte de empresas y empleadores. Casos de colusión que dañan profundamente la confianza. Pero también hay prácticas que terminan perjudicando a los propios trabajadores, como la creciente judicialización de los conflictos laborales. Al final, eso también genera costos y desincentivos para contratar.

-Teniendo tantas convicciones y respuestas, ¿por qué nunca has dejado la academia y has ocupado un cargo ministerial? 

Cuenta que ha pensado en esa posibilidad, aunque durante años hubo una razón muy concreta para mantener distancia.

—Compatibilizar el trabajo con la familia siempre ha sido una prioridad para mí. Además, la exposición pública se ha vuelto muy difícil. Uno no quisiera exponer a un hijo o al marido a lo que ocurre hoy en redes sociales. Eso me frenó bastante durante mucho tiempo. Ahora que mis hijos ya están grandes, esas restricciones son menores.

Le proponemos que se imagine asumiendo responsabilidades en el Ministerio del Trabajo. “Mi primera prioridad sería aumentar las oportunidades laborales para las mujeres, especialmente para las de menores ingresos”.

Entre las medidas que impulsaría menciona la Sala Cuna Universal, pero advierte que aún existe un vacío importante. “Hoy queda completamente descubierto el período entre los dos y los tres años de los niños. Ahí no tenemos prácticamente nada”.

Sin embargo, insiste en que el problema no se resuelve solo con políticas públicas.

—También hay un cambio cultural pendiente. Los roles familiares tienen que entenderse como una responsabilidad compartida entre hombres y mujeres, y también de la sociedad. Las empresas deben asumir que quienes trabajan allí no son solo trabajadores: son personas con responsabilidades familiares. Tienen que existir facilidades para compatibilizar ambos mundos sin que eso sea mal visto.

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