Viajes
Núñez: de barrio residencial a una interesante escena gastronómica en Buenos Aires
Una de las fortalezas de Nuñez es que combina una vida de barrio con gastronomía, espacios verdes, río, arquitectura. Un equilibrio perfecto entre ambiente tranquilo, seguro y de perfil familiar, con conectividad urbana y vida al aire libre.
Buenos Aires tiene una virtud que pocas ciudades conservan después de décadas de exposición turística: siempre encuentra la forma de sorprender. Incluso para quienes la visitan con frecuencia, la capital argentina mantiene esa capacidad de reinventarse barrio a barrio, de abrir nuevas conversaciones y de convertir rincones cotidianos en nuevos destinos de interés.
Uno de esos lugares es Nuñez, que durante años pasó casi inadvertido para los viajeros. Ubicado en el norte de la ciudad, entre avenidas arboladas, casonas antiguas y la cercanía del Río de la Plata, el barrio aparecía más como un punto de paso hacia zonas más conocidas —como Palermo, Belgrano o la Costanera— que como un atractivo en sí mismo.

Créditos: Club Ciudad de Buenos Aires.
Sin embargo, algo cambió. Lo que alguna vez fue un barrio residencial de fines del siglo XIX comenzó a transformarse de manera silenciosa. De las calles arboladas y casas bajas en la zona de “Lomas de Núñez”, a modernas torres de apartamentos y una activa zona comercial de la Avenida Cabildo. Pero donde también cafeterías de especialidad, cocinas de autor, bares de diseño y bistrós contemporáneos encontraron en sus calles tranquilas el escenario perfecto para desarrollar propuestas con identidad propia. El resultado: una escena gastronómica novedosa, pero que mantiene el ritmo pausado y la escala humana que siempre caracterizaron a Núñez.
Precisamente esa combinación de patrimonio arquitectónico y calidad de vida ha permitido que numerosas casonas sean recuperadas y transformadas en proyectos gastronómicos y culturales que dialogan con el pasado sin renunciar a la modernidad.
Hoy, recorrer Núñez es descubrir cómo la gastronomía se convirtió en una nueva forma de habitar el barrio.
La conexión con el Río de la Plata
Núñez es un buen lugar para recorrer a pie. Las calles cercanas a Libertador, Campos Salles, O’Higgins, 3 de Febrero y Grecia concentran muchas de las nuevas aperturas gastronómicas.
La gracia está en perderse un poco: desayunar en una cafetería de especialidad, recorrer las calles arboladas y lo pequeños jardines urbanos, y terminar la tarde en alguno de los nuevos restaurantes que están redefiniendo la identidad del barrio.
El sector de Ciudad Universitaria también merece una visita. Su ubicación junto al río ofrece algunas de las mejores vistas abiertas de la ciudad y ayuda a entender por qué esta parte de Buenos Aires se siente tan diferente del centro más denso y turístico.
Aunque técnicamente el estadio pertenece al barrio vecino de Belgrano, el “Monumental de Núñez” del Club Atlético River Plate tiene su atractivo propio. Los días de partido la zona adquiere una energía completamente distinta, con bares, movimiento y vida callejera.

Créditos: Visit Buenos Aires
Uno de los paseos imprescindibles es Parque de la Memoria – Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado, un espacio de 14 hectáreas que combina arte contemporáneo, reflexión histórica y vistas abiertas al Río de la Plata. Es uno de los lugares más conmovedores de la ciudad y alberga esculturas, exposiciones y el monumento dedicado a las víctimas del terrorismo de Estado.
Muy cerca se encuentra Parque de los Niños, uno de los parques más grandes de Buenos Aires. Sus senderos, áreas verdes y miradores hacia el río lo convierten en un lugar ideal para caminar, hacer picnic o simplemente ver el atardecer.

Parque de los Niños. Créditos: Visit Buenos Aires
La nueva gastronomía de Núñez
La transformación gastronómica de Núñez también se explica a través de una generación de restaurantes que han convertido al barrio en uno de los polos culinarios más interesantes de Buenos Aires. Cada uno tiene una identidad propia, pero todos comparten una mirada contemporánea sobre la cocina, el servicio y la experiencia.
Entre los nombres que mejor representan este cambio destaca Ness, incluido en la lista ampliada de Latin America’s 50 Best Restaurants. Liderado por el chef Leo Lanussol junto a Esteban Cigliutti, el restaurante ocupa un antiguo galpón de techos altos. La ausencia de barreras entre la cocina y el salón convierten al fuego en el verdadero protagonista de la experiencia, donde todo ocurre a la vista.

Créditos: Loreto Santibáñez.
Aquí no existe el gas. Toda la cocina funciona con parrilla a leña, carbón y horno de barro, una decisión que define tanto la técnica como el carácter de cada plato. Fermentos, conservas elaboradas en casa —como misos y garums— y un aprovechamiento integral de los ingredientes construyen una propuesta de sabores intensos, rústicos y, al mismo tiempo, refinados.
La hospitalidad también rompe con los códigos clásicos de la alta cocina. El servicio es cercano, relajado y sin ceremonias, mientras el diseño contemporáneo y la energía del espacio convierten cada comida en una experiencia dinámica y envolvente.
A pocas cuadras, Piedra Pasillo, recomendado por la Guía Michelin de Buenos Aires, propone un lenguaje completamente distinto. Ubicado en una casona restaurada de la década de 1920, el restaurante conserva la esencia de la arquitectura original con ladrillos a la vista y muros expuestos, creando una atmósfera íntima y elegante.

Morillas asadas, queso toscano, puré de cebollas asado. Créditos: Loreto Santibáñez.
El proyecto, liderado por los cocineros Lucas Canga y Tomás Couriel, cuenta con una carta que evoluciona según la disponibilidad diaria de los mejores productos, permitiendo que la estacionalidad marque naturalmente el ritmo de la cocina. Las técnicas contemporáneas, los fermentos caseros y las reinterpretaciones de clásicos argentinos aparecen siempre al servicio del sabor, en una propuesta creativa, precisa y sin excesos.
En la misma casona funciona Al Fondo, un proyecto hermano que comparte la filosofía culinaria de Piedra Pasillo, aunque con una personalidad mucho más nocturna.

Créditos: Loreto Santibáñez.
Aquí la coctelería adquiere un rol protagónico y la gastronomía se mueve hacia un formato más distendido, pensado para compartir. La iluminación tenue, la música y un ambiente relajado transforman el espacio en uno de esos lugares donde la sobremesa se extiende naturalmente y la noche parece no tener apuro. Más que un anexo, Al Fondo funciona como la continuación de la experiencia, desde una alternativa más lúdica.
Pero si Piedra Pasillo representa la sofisticación silenciosa de la nueva escena de Núñez, Garabato Bistró refleja su lado más cotidiano y social.

Ensaladilla de trucha. Créditos: Loreto Santibáñez.
El neo bistró creado por la pareja Clara Corso y Lucas Canga combina técnica y creatividad con una atmósfera cálida que invita a quedarse. El espacio ofrece distintas maneras de vivir la experiencia: desde las mesas del salón y la vereda de inspiración parisina hasta la barra junto al gran ventanal o una mesa comunitaria ubicada frente al despacho de la cocina, donde la acción culinaria ocurre a pocos metros.
La inspiración europea aparece reinterpretada con sensibilidad porteña. Los platos, concebidos para compartir, cambian con la temporada y privilegian el disfrute por sobre el protocolo. Hay precisión técnica, pero también relajo, en una cocina que dialoga naturalmente con el vino y el ritmo del barrio del día a día, consolidando a Garabato como uno de los mejores ejemplos de la nueva generación de bistrós porteños.
El nuevo Núñez
Lo más interesante de la transformación de Núñez es que no responde a una estrategia planificada ni a una moda pasajera. Se trata de una evolución orgánica donde arquitectura, calidad de vida y creatividad gastronómica encontraron un punto de encuentro natural.
Entre cafeterías de especialidad, bares escondidos, cocinas de autor y casonas recuperadas, el barrio ha construido una personalidad que lo distingue dentro del mapa porteño.
Para quienes creen conocer Buenos Aires de memoria, Núñez es una invitación a mirar nuevamente. Porque en una ciudad que nunca deja de reinventarse, algunos de los descubrimientos más interesantes ocurren precisamente allí donde antes nadie pensaba detenerse.