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La lluvia también detiene el turismo Opinión Créditos: El Mostrador.

La lluvia también detiene el turismo

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Francesca Machiavello Narvaez
Por : Francesca Machiavello Narvaez Académica Administración en Ecoturismo de la Universidad Andrés Bello.
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Una vez más las lluvias, que han marcado este invierno y en especial julio, exponen la vulnerabilidad de muchos territorios del país. Mientras la atención se concentra, con justa razón, en las personas afectadas, los daños a la infraestructura y el restablecimiento de los servicios básicos existen otros impactos menos visibles, como las consecuencias que estos temporales tienen sobre el turismo y las economías locales que dependen de esta actividad.

Lo que ocurre es que cuando un camino se corta, un parque nacional cierra temporalmente o una alerta meteorológica obliga a suspender actividades, el turismo prácticamente se detiene. Los visitantes cancelan reservas, modifican sus itinerarios o simplemente eligen otro destino. Lo que para un turista puede significar un cambio de planes, para cientos de emprendedores representa una pérdida directa de ingresos.

En nuestro país gran parte de la actividad turística está sostenida por pequeñas y medianas empresas. Son alojamientos familiares, restaurantes, cafeterías, guías locales, transportistas, artesanos y operadores turísticos que dependen de temporadas muy acotadas para equilibrar sus ingresos. Las vacaciones de invierno, por ejemplo, constituyen uno de los períodos de mayor movimiento para numerosos destinos. Perder una semana de reservas o un fin de semana largo puede significar una parte importante de los ingresos esperados para toda la temporada.

Es importante señalar que esto no se trata solo de una percepción. El propio Servicio Nacional de Turismo (SERNATUR) advierte que la ocurrencia de eventos climáticos extremos implica una disminución en el flujo de turistas y un deterioro generalizado del sector. Además, reconoce que las variaciones en las precipitaciones y la afectación de los atractivos naturales representan una amenaza para el desarrollo turístico del país. En otras palabras, cada temporal no solo pone a prueba la infraestructura de una localidad, sino también la estabilidad económica de quienes viven del turismo.

Sin embargo, el verdadero desafío comienza cuando el temporal termina. Aunque la conectividad se restablezca y los servicios vuelvan a operar gradualmente, la recuperación para el turismo no es inmediata. Este proceso implica volver a generar confianza, comunicar que los atractivos están disponibles y demostrar que la experiencia turística puede desarrollarse de manera segura. Las imágenes que circularon durante la emergencia suelen permanecer por más tiempo que los propios daños, prolongando sus efectos sobre la demanda y retrasando la recuperación económica de las comunidades.

Aquí donde cobra relevancia la resiliencia de los destinos, es decir, la capacidad de prepararse, responder y recuperarse con rapidez de los desastres, minimizando sus impactos sociales y económicos. Esto no depende únicamente de reparar caminos o reconstruir infraestructura, también implica fortalecer la coordinación entre instituciones, entregar información oportuna a los visitantes, apoyar a los emprendedores locales y contar con estrategias que permitan reactivar la actividad turística una vez superada la emergencia.

Este enfoque ya está siendo incorporado por SERNATUR a través del Plan de Adaptación al Cambio Climático para el sector Turismo, que reconoce la necesidad de preparar los destinos frente a eventos meteorológicos cada vez más frecuentes e intensos. Se trata de un paso importante, porque pone sobre la mesa una realidad ineludible, el turismo no puede seguir planificándose como si las emergencias fueran excepcionales.

Como geógrafa, resulta evidente que el turismo depende profundamente del territorio. El paisaje, la biodiversidad, los ríos, las montañas y las áreas protegidas constituyen el principal patrimonio de muchos destinos, pero también son espacios especialmente sensibles a las transformaciones ambientales. Cada evento extremo modifica las condiciones en que se desarrolla la actividad turística y nos recuerda que la relación entre turismo y territorio exige una planificación cada vez más integrada.

Los temporales seguirán formando parte de nuestra realidad. La pregunta ya no es si volverán a ocurrir, sino cuán preparados estaremos para enfrentarlos. El desafío no termina cuando deja de llover; recién comienza. Construir destinos resilientes será clave para que el turismo siga siendo una oportunidad de desarrollo para las comunidades que viven de él.

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