Viajes
Casco Antiguo de Panamá: el barrio que renació para convertirse en el alma de la ciudad
Entre iglesias y plazas centenarias, calles de adoquines y coloridas casonas restauradas, el Casco Antiguo de Ciudad de Panamá se transformó de un barrio olvidado en uno de los grandes referentes turísticos de América Latina, ofreciendo una experiencia donde el patrimonio, se encuentra a cada paso.
Hay ciudades que cuentan su historia a través de sus calles y resiliencia. Una de ellas es Ciudad de Panamá. Refundada en 1673 tras la destrucción de Panamá Viejo por el pirata Henry Morgan, encontró un nuevo refugio en una península rocosa más fácil de defender.
Tres siglos y medio después, el Casco Antiguo -también llamado Casco Viejo- sigue siendo el corazón histórico de la capital, aunque durante mucho tiempo pareció destinado al olvido. Muchas de sus casonas coloniales se deterioraron, algunas quedaron abandonadas y varias calles perdieron el esplendor que alguna vez las caracterizó.
Sin embargo, logró cambiar su destino en una de las restauraciones urbanas más exitosas de América Latina. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997, el barrio vive hoy una nueva edad dorada.
Por eso, la mejor forma de descubrirlo no es siguiendo un itinerario rígido. Es caminar sin prisa. Los balcones de hierro forjado cubiertos de flores y plantas se enredan con fachadas coloridas que esconden patios interiores llenos de vegetación tropical, antiguos conventos convertidos en hoteles y residencias históricas transformadas en espacios culturales.

Créditos: Loreto Santibáñez.
El corazón del Casco Antiguo
Casi todos los caminos terminan conduciendo a la Plaza de la Independencia, conocida también como Plaza Catedral. Es el corazón del Casco Antiguo y el lugar donde mejor se percibe el ritmo del barrio. Turistas y residentes se encuentran entre vendedores ambulantes, músicos y fotógrafos que dan vida al espacio, todo dominado por la imponente Catedral Basílica Santa María la Antigua, una de las imágenes más reconocibles de Panamá, con sus torres revestidas en nácar que brillan bajo el sol tropical.

Créditos: Loreto Santibáñez.
Aquí conviene hacer una pausa. El calor tropical invita a hacer lo que hacen los panameños: comprar un raspao, un granizado cubierto con jarabes de colores. O mejor aún, probar el de José Agudo, quien lleva más de 30 años vendiendo en el lugar con su propuesta hecho con jugos y frutas naturales. Por algo es parte del programa cultural Sabores del Barrio y un imperdible para locales y turistas.

Créditos: Loreto Santibáñez.
Cada pocas cuadras aparece una plaza distinta. La Plaza Bolívar, rodeada de edificios históricos, ofrece un ambiente más tranquilo y está dominada por la iglesia San Francisco de Asís. Más adelante, la Plaza de Francia recuerda la participación francesa en la construcción del Canal de Panamá y se abre hacia el mar con un monumento que mira directamente al Pacífico.
Desde allí comienza el Paseo Esteban Huertas, construido sobre las antiguas murallas de la ciudad, probablemente uno de los mejores balcones para contemplar el impresionante contraste entre el perfil colonial del Casco Antiguo y el moderno bosque de rascacielos que domina la bahía panameña.

Créditos: Loreto Santibáñez.
Ese diálogo permanente entre pasado y presente es precisamente lo que hace único al barrio. En una misma calle puede aparecer una iglesia del siglo XVII junto a una cafetería donde se sirve café geisha panameño, o una antigua casona convertida en galería de arte o un elegante rooftop desde donde cae la tarde observando el océano.
Conservando la historia
Uno de los ejemplos más notables de esta transformación es el Sofitel Legend Casco Viejo. Más que un hotel de lujo, representa la filosofía que ha marcado la recuperación del barrio de conservar el patrimonio histórico mientras se le entrega una nueva vida.

Créditos: Sofitel
Esa misma visión se refleja en Caleta, el restaurante del hotel. Bajo la dirección del chef ejecutivo Lorenzo Di Gravio, la cocina propone un recorrido por los sabores de Panamá utilizando productos del mar, frutas tropicales e ingredientes locales tratados con técnica francesa. La experiencia no busca simplemente servir buena comida, sino contar la historia culinaria del país desde una mirada contemporánea y sofisticada.

Créditos: Loreto Santibáñez.
Su menú degustación “Entre Mares” propone un recorrido por las costas panameñas, transformando ingredientes, tradiciones y paisajes en una experiencia que permite conocer el país a través de la mesa.
Artesanía con identidad panameña
Más allá de sus plazas e iglesias, el Casco Antiguo también es una vitrina de la diversidad cultural de Panamá. En las plazas o entre galerías y pequeños talleres aparecen algunas de las expresiones artesanales más representativas del país, muchas de ellas vinculadas a pueblos originarios que han preservado sus técnicas durante generaciones.
Uno de los objetos más buscados por los viajeros son las coloridas carteras, bolsos y accesorios confeccionados con molas, el tradicional arte textil del pueblo Guna. También destacan los textiles elaborados por comunidades Emberá y Wounaan, reconocibles por sus coloridos diseños y patrones inspirados en la selva. A ellos se suman canastos tejidos con fibras naturales, tallados en madera de cocobolo y piezas decorativas que reflejan la estrecha relación entre estas culturas y su entorno.

Créditos: Loreto Santibáñez.
También es posible encontrar los conocidos “sombreros de Panamá” aunque, realmente, su origen es ecuatoriano. Sin embargo, alcanzaron su fama internacional durante la construcción del Canal de Panamá, cuando ingenieros, empresarios y viajeros comenzaron a utilizarlos para protegerse del intenso sol tropical, quedando para siempre asociados al país.
Guayacán Hats es una de las sombrererías más reconocidas del Casco Antiguo, donde comprar un sombrero se transforma en una experiencia única y personalizada. Su nombre, inspirado en el guayacán —el árbol nacional de Panamá, famoso por su intensa floración amarilla—, refleja ese vínculo con la identidad y el patrimonio del país.

Créditos: Loreto Santibáñez.
Un asesor recibe a cada visitante, explica las diferencias entre las fibras y las distintas calidades, recomienda el modelo que mejor se adapta al rostro y al estilo personal, toma las medidas de la cabeza y realiza los ajustes necesarios para conseguir un calce perfecto. También es posible personalizar cintas, colores y terminaciones, creando una pieza única que trasciende el concepto de souvenir para convertirse en un accesorio hecho a medida y pensado para durar toda la vida.
Sabores para cerrar el paseo

Créditos: Loreto Santibáñez.
A medida que avanza la caminata también cambia el paisaje gastronómico. Antiguas casas coloniales albergan cafeterías donde el café panameño, considerado entre los mejores del mundo gracias al geisha, se sirve junto a repostería artesanal. También es posible encontrar chocolate. En los últimos años, productores panameños han comenzado a destacar en concursos internacionales gracias a granos que presentan notas de frutas tropicales, miel, frutos secos, flores e incluso matices cítricos.
Más adelante aparecen restaurantes que rescatan recetas tradicionales como el sancocho panameño, el arroz con coco, los patacones y pescados, mientras otros reinterpretan esos mismos ingredientes desde una mirada más moderna.
Así, el Casco Antiguo confirma por qué se ha transformado en uno de los mayores atractivos turísticos de Panamá. Lo que alguna vez fue un barrio olvidado es hoy un ejemplo de recuperación patrimonial de una ciudad que decidió reencontrarse con su historia.