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¡Me retracto!

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¡Buenas tardes, estimados y estimadas tripulantes de este Universo Paralelo! 

Entre 1998 y 2002, Jan Hendrik Schön era uno de los físicos más admirados de su generación. Trabajaba en Bell Labs, el mismo donde se inventó el transistor, el láser y la teoría de la información. Publicaba, en promedio, un artículo científico cada ocho días (incluso leer uno cada ocho días es un desafío).

  • Sus artículos se publicaban en las revistas más prestigiosas. Anunciaba revoluciones en el campo de los materiales superconductores y semiconductores, con aplicaciones espectaculares a la electrónica. Sus colegas lo nominaban al Nobel.

Las sospechas comenzaron cuando alguien notó que en dos experimentos distintos había reportado exactamente los mismos datos. Nadie pudo replicar sus experimentos. Tuvo que retractar muchos de sus artículos. Treinta y seis, según el célebre sitio Retraction Watch, cuyos fundadores escriben en este número.

En septiembre de 2002, Bell Labs lo despidió. La Universidad de Konstanza le retiró el doctorado. En su caso hubo una clara intención de defraudar. No son tantos los casos como el de Schön, pero el número de artículos que son retractados cada año es enorme, la mayoría de las veces por simple descuido. Pero un descuido que se basa en los incentivos perversos que el sistema académico adoptó en los últimos 50 años: el “publish or perish”.

Hoy, la métrica más importante con la que las universidades y las agencias de financiamiento evalúan a sus académicos es el número de publicaciones y de citas. Esta forma de medir tiene una causa legítima: evitar que las contrataciones, los ascensos y los fondos de investigación se decidan por nepotismo, amistad o afinidad ideológica.

Pero tiene un problema que casi todos los científicos reconocen en voz baja: es fácil de defraudar. Tanto o más que el sistema antiguo. Solo que lo que ahora se cuela no son amigos ni parientes, sino que ciencia de calidad cuestionable, y negocios construidos en torno a ella.

  • Revistas depredadoras que cobran por publicar sin revisar. Coautorías infladas. Trabajos fragmentados para multiplicar los números. Citas cruzadas entre grupos que no olvidan mencionarse mutuamente. Nada de esto requiere el descaro de Schön. Requiere solo conocer las reglas del juego y jugarlas con frialdad.

El aumento de las retractaciones es apenas un síntoma de una enfermedad profunda, cuyo resultado es un sistema que crece, se autoperpetúa, consume recursos, y les hace un daño gigantesco a la ciencia y la libertad intelectual.

Peter Higgs, el físico británico que postuló la existencia del bosón que lleva su nombre y que recibió el Premio Nobel de Física en 2013, dijo ese año: “Hoy no conseguiría un trabajo académico. Es así de simple. No creo que me consideraran suficientemente productivo”.

¿Qué hacer? No hay respuesta simple, pero sí una dirección. Las métricas que no pueden medir lo importante, como la originalidad de una pregunta, el valor de una idea o el coraje intelectual de ir contra la corriente, terminan midiendo otra cosa y llamándola excelencia. Revertir eso exige abrir espacio a metodologías de evaluación más diversas: comités de pares que lean el trabajo real, no que cuenten papers. Sistemas de acreditación que, en lugar de uniformizar, celebren la diversidad y permitan la disidencia orquestada por líderes intelectuales con coraje.

La ciencia avanza cuando alguien se atreve a hacer, justamente, una pregunta fuera de la caja. Lejana a toda fuente de financiamiento. Su desarrollo requiere tiempo, silencio y la posibilidad del fracaso. Ninguna métrica medirá jamás eso. Solo la subjetividad humana puede hacerlo. Dejemos de temerle.

Hoy queremos profundizar en esta temática a través de las miradas de Adam Marcus e Ivan Oransky, cofundadores de Retraction Watch, un medio especializado en monitorear retractaciones y malas prácticas en la investigación científica.

También contamos con la participación de Natalia Chahin Inostroza, kinesióloga y magíster en Epidemiología Clínica, presidenta del Comité Ético Científico Institucional de la Universidad Mayor y vicepresidenta del Comité Ético Científico del Servicio de Salud Araucanía Sur; Camilo Sánchez, geólogo y académico de la Escuela de Geología de la Universidad Mayor; Francisco Crespo, antropólogo social; y la periodista Francisca Munita.

  • Gracias por acompañarnos en este número de Universo Paralelo. Comenta y comparte este link. Y si este newsletter te llegó gracias a alguien interesado en cómo se construye, corrige y fiscaliza el conocimiento científico, inscríbete aquí. Equivocarse, corregirse y volver a empezar no son señales de debilidad: son parte del proceso que ha permitido construir algunas de las ideas más sólidas que tenemos sobre el mundo.
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RETRACTION WATCH: LOS SABUESOS DE LAS PUBLICACIONES CIENTÍFICAS

Imagen generada por IA

Por Adam Marcus
Fundador de Retraction Watch
Por Ivan Oransky
Fundador de Retraction Watch

Si una investigación publicada presenta fallas suficientes como para poner en cuestión la fiabilidad de los hallazgos informados, las revistas pueden optar por retractar el artículo: una advertencia para otros científicos de que no deben basarse en ese trabajo.

Cuando lanzamos Retraction Watch en 2010, las revistas retractaban alrededor de 400 artículos por año. Hoy, la cifra se acerca a 500 por mes. Como tasa, ese número ha pasado de aproximadamente 1 de cada 5 mil hace unos 20 años a 1 de cada 500 en la actualidad. Aunque la retractación de miles de artículos científicos al año pueda parecer mucho, creemos que la cifra adecuada es mucho más alta: cerca del 2% de todos los artículos, o uno de cada 50.

  • Nuestra organización matriz sin fines de lucro, el Center for Scientific Integrity, mantiene la base de datos más completa del mundo sobre artículos retractados, con más de 65 mil entradas y en aumento.

Las revistas retractan por una amplia variedad de razones, desde errores honestos hasta desaciertos de las editoriales, pero el principal factor impulsor es alguna forma de mala conducta: plagio, datos fabricados, imágenes manipuladas. Otras faltas también, como no declarar adecuadamente un conflicto de intereses financiero en la investigación, como ocurrió en un artículo de 2025 en Proceedings of the National Academy of Sciences por Mariano Barbacid, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, y sus colegas.

Nuestra base de datos cuenta actualmente con casi 70 retractaciones vinculadas a investigadores en Chile. La mayoría de ellas también involucró a investigadores de otros países y partes del mundo. Y una de ellas es un buen ejemplo de investigadores –en este caso liderados por un científico de la Universidad de Valparaíso– que hicieron lo correcto cuando un lector encontró un error en su trabajo.

  • Un incentivo importante para que los investigadores incurran en prácticas dudosas es que gran parte de la evaluación científica –desde los rankings universitarios hasta las decisiones de financiamiento– se basa en las citas de su trabajo.

Aprovechando estos incentivos, firmas inescrupulosas han creado entidades denominadas paper mills, que producen artículos en serie y cobran altas tarifas a los investigadores por un lugar en la lista de autores. Estas fábricas luego se aprovechan de la desesperación de los científicos por contar con currículos más extensos y de la codicia de las editoriales por obtener más dinero, encontrando espacios para todo este contenido dudoso en revistas que no prestan suficiente atención a lo que aceptan. Y si se lo preguntan: sí, la IA está empeorando la situación.

¿Cómo resolvemos este problema? Sin duda, las editoriales cargan con una parte importante de la responsabilidad. Para empezar, no deberían estar inundando internet con estudios de dudoso valor científico únicamente con fines de lucro. También deben hacer un mejor trabajo al filtrar artículos deficientes, protegerse frente a las paper mills y trabajar para ganar la carrera armamentista de la IA.

Pero la carga no recae por completo en las revistas. Las instituciones –universidades, agencias de financiamiento y otros actores clave de la comunidad científica– deben cambiar la estructura de incentivos para los investigadores, quienes, de manera bastante comprensible, sienten que deben publicar tanto como sea posible –y ser citados con la mayor frecuencia posible– para tener éxito.

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LA DIGNIDAD ANTES QUE EL DATO: INTEGRIDAD Y ÉTICA EN LA CIENCIA

Crédito: Imagen generada por IA.

Por Natalia Chahin Inostroza
Kinesióloga, Magíster en Epidemiología Clínica

En una sociedad que busca avanzar mediante el conocimiento, la investigación científica constituye una herramienta fundamental para resolver problemas complejos. Por ello, es esencial que este proceso se desarrolle bajo los más altos estándares de rigor científico y ético. En este contexto, en el año 1999 en Chile se crean los Comités Ético Científicos (CEC), cuyo rol principal es proteger la seguridad, el bienestar y los derechos de las personas que participan en investigaciones científicas.

Los CEC son organismos independientes, alojados en universidades y centros de salud públicos y privados, que evalúan estudios que involucren seres humanos, muestras biológicas o datos identificables. En la práctica, se analizan aspectos como: ¿para qué sirve esta investigación?, ¿a quiénes se invita a participar y por qué?, ¿los riesgos son proporcionales a los beneficios esperados?, ¿la persona entiende en qué se involucra al firmar el consentimiento informado?, ¿quién la financia?, y ¿gana algo con los resultados?

  • Su marco normativo es sólido y su acreditación es obligatoria. Constituyen el mecanismo que distingue la investigación socialmente responsable de aquella que incluso puede dañar a los participantes.

La inteligencia artificial aplicada a la investigación, el uso masivo de datos personales y los estudios colaborativos internacionales han creado un escenario en el que los riesgos deben ser anticipados. Es allí donde los CEC resultan indispensables, no para frenar la ciencia, sino para que avance sin atropellar a quienes la hacen posible.

Los CEC además custodian la integridad del proceso. La honestidad, transparencia, respeto, confiabilidad y responsabilidad desde el diseño hasta la comunicación de resultados no son requisitos opcionales; hacen la diferencia entre la ciencia y la mera especulación. El cumplimiento de estos principios garantiza la validez y la aplicabilidad de los hallazgos.

  • Fortalecer la integridad científica requiere un enfoque multidimensional que demanda un esfuerzo colectivo, a nivel individual, institucional y sistémico. La promoción de una cultura de transparencia, la educación en ética de la investigación, el fortalecimiento de los CEC y la implementación de marcos regulatorios robustos son elementos clave a considerar. Avanzar hacia un ecosistema más confiable es esencial tanto para producir conocimiento válido como para la protección de los participantes en investigación, fortaleciendo la confianza pública en la ciencia.

El Gobierno lanzó la Estrategia Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (CTCI) 2026, lo que indica que existe una agenda en esta materia, por lo que resulta indispensable reconocer y fortalecer el aporte de los CEC, y no considerarlos como un trámite administrativo. De poco sirve producir ciencia de excelencia si no existe una entidad que garantice que se hace bien, con las personas y al servicio de ellas.

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NOTICIAS: LA SEMANA EN CIENCIA

Habitantes de Massachusetts y New Hampshire se sorprendieron el pasado 30 de mayo con la explosión de un meteorito que liberó una energía equivalente a unas 300 toneladas de TNT. Crédito: Imagen generada por IA.

Por Francisca Munita
Periodista

Esta semana las noticias llegaron, literalmente, con el estruendo de un meteorito. También conocimos avances para producir agua potable y combustibles limpios, nuevas pistas sobre el origen de algunas formas de neurodivergencia y sorprendentes experimentos con células artificiales capaces de crecer, reproducirse y evolucionar.

  •  Un meteorito explota sobre EE.UU. y provoca estruendos a cientos de kilómetros

Un meteorito de cerca de un metro de diámetro se desintegró sobre Massachusetts y New Hampshire mientras viajaba a más de 120 mil km/h. La explosión, ocurrida a unos 64 kilómetros de altura, liberó una energía equivalente a unas 300 toneladas de TNT, generando fuertes estruendos que fueron escuchados en varios estados. La NASA confirmó que se trató de un objeto natural y no de basura espacial o un satélite reingresando a la atmósfera.
Dato curioso: el sonido más famoso provocado por un meteorito ocurrió en 2013 sobre la ciudad rusa de Cheliábinsk, donde la onda expansiva rompió miles de ventanas.
Publicado el 31 de mayo de 2026.  Conoce MÁS.

  •  Crean un sistema solar que convierte agua de mar en agua potable

Investigadores de la Universidad de Rochester desarrollaron paneles especiales que transforman agua de mar en agua potable utilizando únicamente energía solar. A diferencia de los métodos tradicionales, el sistema evita generar salmuera tóxica y recupera casi todas las sales y minerales en forma sólida. La tecnología fue probada con agua de los océanos Pacífico, Atlántico e Índico.
Dato curioso: algunos de los minerales recuperados podrían utilizarse para extraer litio, un componente clave de las baterías recargables.
Publicado el 31 de mayo de 2026.  Conoce MÁS.

  • Bacterias intestinales podrían influir en el riesgo de autismo y TDAH

Un amplio estudio encontró que la interacción entre genes, cambios epigenéticos y bacterias intestinales durante los primeros meses de vida podría influir en el desarrollo cerebral. Los investigadores identificaron combinaciones asociadas a señales tempranas de autismo y TDAH a los tres años, reforzando la creciente evidencia de que el intestino y el cerebro mantienen una estrecha comunicación desde muy temprano.
Dato curioso: el intestino contiene cientos de especies distintas de microorganismos que, en conjunto, pesan aproximadamente lo mismo que el cerebro humano.
Publicado el 2 de junio de 2026.  Conoce MÁS.

  •  Harvard logra que células artificiales se reproduzcan y evolucionen

Científicos de Harvard crearon sistemas celulares artificiales desde cero a partir de compuestos no vivos, capaces de reproducirse y mostrar evolución darwiniana en tiempo real. El hallazgo acerca a los investigadores a una de las preguntas más profundas de la ciencia: cómo la materia inerte pudo organizarse hasta dar origen a las primeras formas de vida en la Tierra.
Dato curioso: si algún día se logra crear vida artificial compleja, probablemente comenzará con sistemas simples capaces de reproducirse y evolucionar, las dos características que este estudio logró demostrar.
Publicado el 2 de junio de 2026.  Conoce MÁS.

ÓRBITAS PARALELAS

La IA dibuja el mapa de proteínas más grande jamás creado
Una nueva herramienta de inteligencia artificial generó un mapa con más de mil millones de estructuras de proteínas, ampliando enormemente el catálogo conocido por la ciencia. El sistema, llamado ESMFold2, supera incluso el tamaño de la famosa base de datos AlphaFold y podría acelerar la búsqueda de nuevos medicamentos, anticuerpos y tratamientos para diversas enfermedades.
Más información.

 Descubren una forma más eficiente de producir hidrógeno limpio
Investigadores desarrollaron un nuevo catalizador capaz de producir hidrógeno a temperaturas mucho más bajas que las tecnologías actuales. El sistema podría aprovechar el calor residual de fábricas, acerías o plantas de energía para generar combustible limpio de forma más barata y eficiente, reduciendo además la dependencia de combustibles fósiles.
Más información.

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LA IMAGEN DE LA SEMANA

Crédito: Science.

Por Camilo Sánchez
Geólogo

¿CUÁNTOS PECES HAY?

La Imagen de la Semana parece un ejercicio visual. A primera vista se observan peces león cebra (Dendrochirus zebra) fotografiados individualmente para un estudio sobre comportamiento social realizado en el James Cook University (Australia). Pero ¿estamos viendo individuos distintos como parece?

  • Esa misma duda fue la que encendió las alarmas dentro de la comunidad científica. Las fotografías forman parte del material suplementario de un artículo científico publicado en 2014 por el investigador Oona Lönnstedt. Como ocurre habitualmente en ciencia, gran parte de los datos utilizados no aparecen en el cuerpo principal del artículo, sino en anexos o archivos suplementarios que muchas veces reciben menos atención. Aquí estaba el problema.

El sistema científico moderno se sustenta en la publicación de artículos científicos. Los llamados papers no solo son el principal mecanismo de comunicación del conocimiento, sino también una de las métricas más utilizadas para evaluar productividad académica, financiamiento y desarrollo profesional. En consecuencia, publicar se ha transformado en una verdadera carrera, y en esta carrera también hay zonas grises.

  • Cuando un artículo presenta errores importantes, las revistas científicas pueden emitir una retractación, un mecanismo editorial mediante el cual un trabajo deja de formar parte del registro válido del conocimiento científico. Esto no implica necesariamente fraude, los errores pueden surgir por equivocaciones metodológicas, problemas estadísticos o interpretaciones incorrectas.
  • Sin embargo, existe una categoría más compleja, conocida como scientific misconduct o mala conducta científica. En ella se incluyen prácticas como la fabricación de datos, la falsificación de resultados o el plagio.

Una de las investigadoras más reconocidas en este ámbito es Elisabeth Bik, especialista en la detección de irregularidades en imágenes científicas. En un estudio publicado en 2016, estimó que cerca del 4% de los artículos biomédicos contenían algún grado de manipulación de imágenes.

  • En el caso de los peces león cebra, los cuestionamientos surgieron cuando investigadores externos analizaron las fotografías suplementarias. El artículo afirmaba haber trabajado con 86 individuos distintos. Sin embargo, múltiples imágenes parecían corresponder a los mismos peces fotografiados desde distintos ángulos, rotados o reflejados digitalmente.

Tras la investigación correspondiente, la revista retractó el artículo en 2019. El análisis posterior concluyó que la cantidad de individuos identificables era apenas de 12. Aunque una nueva versión del trabajo mantuvo algunas de sus conclusiones, el caso marcó la carrera de Lönnstedt.

A primera vista, historias como esta podrían interpretarse como evidencia de que la ciencia falla. Pero quizás muestran exactamente lo contrario. La ciencia es uno de los pocos sistemas humanos que incorpora mecanismos explícitos para detectar sus propios errores y corregirlos. El filósofo Otto Neurath comparaba la ciencia con un barco que debe ser reparado mientras navega. Como no existe un puerto seguro donde reconstruirlo por completo, las correcciones deben hacerse en pleno viaje o una vez ya publicada la investigación, porque eso también es hacer ciencia.

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BREVES PARALELAS

Crédito: Imagen generada por IA.

Por Francisco Crespo
Antropólogo social

LA PEOR RETRACTACIÓN DE LA HISTORIA

De esto quizás has oído hablar, pero en Universo Paralelo creemos que siempre es necesario recordarlo: no, las vacunas no tienen relación con el autismo. Sí, sabemos que hay “un estudio”, pero el estudio fue retractado. En 1998, la revista médica The Lancet publicó un infame estudio dirigido por Wakefield que sugería una posible conexión entre la vacuna MMR –sarampión, paperas y rubéola– y el autismo infantil. Aunque el trabajo se basaba en solo 12 niños y tenía graves debilidades metodológicas, recibió enorme atención mediática.

  • El primer gran golpe llegó en 2004, cuando el periodista Brian Deer empezó a revelar problemas graves: conflictos de intereses, vínculos con abogados que preparaban demandas contra fabricantes de vacunas, y discrepancias entre los historiales médicos reales de los niños y lo que el artículo reportaba. Ese mismo año, 10 de los 13 autores retiraron la interpretación principal del estudio.

Más de 10 años tardó The Lancet en retractar oficialmente el artículo, en 2010, dejando una marca indeleble en la discusión sobre políticas de vacunación. Todos los medicamentos y tratamientos, eso incluye a las vacunas naturalmente, tienen riesgos y efectos secundarios; pero es importante no dejarse llevar por el clickbait mediático.


LA PEOR HUMILLACIÓN NACIONAL

Esta breve es para mis paralelines (lo siento, ese es vuestro nombre, tienen que aceptarlo) que no les gusta la lectura, porque viene con un excelente video documental.

En 2004 y 2005 el científico surcoreano Hwang Woo-suk publicó dos trabajos en Science que planteaban haber logrado clonar embriones humanos para extraerles células madre. La idea no era clonar un bebé completo, solo el embrión.

  • En investigación de células madre, la técnica usada era extraer el núcleo de una célula adulta e introducirla en un óvulo al que antes se le quitó su propio núcleo. Otros equipos (occidentales) usaban una aguja para “succionar” el núcleo del óvulo, pero Hwang decía que eso dañaba la célula. Su equipo, en cambio, hacía un pequeño orificio y retiraba el núcleo presionándolo delicadamente con dos varillas metálicas, comparadas con los palillos metálicos coreanos. El impacto simbólico era simplemente sublime: la victoria era científica y cultural. Hwang era un héroe nacional.

El relato comenzó a tambalear cuando se averiguó que los óvulos usados no fueron obtenidos de maneras éticas, lo que generó la formación de una comisión de ética de la Universidad Nacional de Seúl que puso la duda sobre las 11 líneas de células clonadas.

Se descubrió que los laboratorios nunca recibieron las células, sino que muestras de ADN que naturalmente podrían haber sido tomadas del mismo sujeto y no de sus supuestos “clones”. Por último, hubo confesiones de imágenes duplicadas y alteradas. En 2006, ambos papers fueron retractados y Corea sufrió una humillación nacional sin precedentes.

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RECOMENDACIÓN: THE INVENTOR: OUT FOR BLOOD IN SILICON VALLEY

Crédito: Ethan Pines/The Forbes collection.

Elizabeth Holmes tenía diecinueve años, ojos de un azul glaciar y la convicción de que iba a cambiar la medicina con una gotita de sangre del dedo. Silicon Valley se la compró. Los políticos le creyeron. Las portadas de revistas la convirtieron en rockstarKissinger le creyó. El famoso general Mattis, también. La empresa llegó a valorarse en 9 mil millones de dólares. El único problema: la tecnología no funcionaba.

Escuchamos lo que queremos escuchar, sobre todo cuando quien habla es joven, brillante y lleva cuello de tortuga negro.

John Carreyrou, del Wall Street Journal, hizo la pregunta obvia que nadie quiso formular: ¿funciona? No funcionaba. El juicio posterior la condenó a más de 11 años de prisión. La confianza, una vez rota a esa escala, no se repara con una segunda ronda de financiamiento.

Bad Blood, tanto el libro de Carreyrou como el documental, constituyen un retrato brutal de cómo el entusiasmo colectivo puede reemplazar la evidencia. Un espejo incómodo, en especial para quienes trabajamos con diagnósticos.

Dónde verlo: el documental The Inventor: Out for Blood in Silicon Valley (HBO, 2019) está disponible en Max. El libro se consigue en español como Mala sangre.


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 Y esto es todo en esta edición de Universo Paralelo. Ya sabes, si tienes comentarios, recomendaciones, fotos, temas que aportar, puedes escribirme a universoparalelo@elmostrador.cl. Gracias por ser parte de este Universo Paralelo.

  • Mis agradecimientos al equipo editorial que me apoya en este proyecto: Fabiola ArévaloFrancisco Crespo, Francisca Munita, Ignacio Retamal, Camilo Sánchez y Sofía Vargas, y a todo el equipo de El Mostrador.

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