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Premios Nobel

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El Mostrador Fuente Preferida

¡Buenas tardes, estimados y estimadas tripulantes de este Universo Paralelo! 

A finales de 1911, una expedición liderada por Roald Amundsen fue la primera en pisar el Polo Sur de la Tierra. El libro El Polo Sur, donde Amundsen relata la aventura, tiene una introducción escrita por Fridtjof Nansen, explorador y científico noruego que apoyó decididamente esta empresa. Allí Nansen se pregunta por las razones que llevan a tanta gente a alegrarse por estos hitos, aparentemente inútiles, de la historia:

“¿Por los grandes descubrimientos geográficos, por los importantes resultados científicos? No; eso vendrá después, para los pocos especialistas. Esto es algo que todos pueden entender. Una victoria de la mente y la fuerza humanas sobre el dominio y los poderes de la Naturaleza; una hazaña que nos eleva por encima de la gris monotonía de la vida cotidiana”.

Si bien no cabe duda de que esto es en parte cierto, hoy es claro que la misma ciencia es también una gran aventura, también una victoria de la mente humana que nos eleva. Una que requiere de esfuerzos descomunales, de pasar por momentos muy duros, de persistencia y convicción.

La aventura del Premio Nobel de Física 2026, Francis Halzen, cabe perfectamente en la descripción de Nansen. Imaginó, casi 100 años más tarde, un experimento colosal que se hizo realidad bajo el mismo suelo que pisó Amundsen: el observatorio de neutrinos IceCube.

  • Se trata de un cubo de hielo de un kilómetro de lado, enterrado a un kilómetro y medio de profundidad bajo el Polo Sur, y que permite detectar neutrinos, una de las partículas más extraordinarias del universo.

Como todo explorador, Halzen fue donde otros habían desistido. Él mismo lo recordó años después:

“Sospecho que otros contemplaron la misma idea y la abandonaron. Si yo no hubiera ignorado por completo lo que entonces se sabía sobre las propiedades ópticas del hielo natural, probablemente habría hecho lo mismo”.

El proyecto IceCube que Halzen lideró nos ha permitido observar fantásticos eventos que ocurren en el centro de galaxias muy lejanas, protagonizados por agujeros negros capaces de acelerar partículas y provocar colisiones mucho más violentas que las que podemos hacer aquí con los aceleradores más poderosos.

Los neutrinos son partículas muy livianas, sin carga eléctrica y que interactúan muy débilmente con la materia. Eso significa que pueden viajar distancias enormes sin ser absorbidas ni desviadas, trayéndonos información fidedigna de las fuentes que los emitieron.

Como interactúan tan débilmente, son muy difíciles de detectar. Mientras más grande el detector, mayor la probabilidad de observar alguna huella de estos mensajeros cósmicos. Es lo que hace que esos grandes volúmenes de hielo antártico sean ideales.

  • La interacción de los núcleos atómicos del agua con neutrinos de alta energía produce otras partículas, muy veloces, que dejan estelas luminosas en el hielo. La fabulosa transparencia de estos hielos antárticos permite que esas señales viajen hasta alcanzar algunos de los miles de detectores de luz allí sepultados.

Como la de Amundsen, la gran aventura liderada por Halzen nos permite vislumbrar maravillas naturales en las entrañas del cosmos. ¿No es acaso también algo que “nos eleva por encima de la gris monotonía de la vida cotidiana”?

La ciencia suele estar impulsada por la curiosidad. Y quienes llegan a sus cimas más altas pueden decir, como Halzen:

“Esta fue una aventura en la que el éxito no estaba garantizado, pero superamos muchos desafíos. Fue un viaje largo… Espero refleje la valentía de las personas que me acompañaron en este proyecto”.

Este número de Universo Paralelo está dedicado a los científicos que este año están recibiendo el Premio Nobel, porque con ellos celebramos, en general, la gran aventura de la actividad científica y, retomando las palabras de Nansen, la victoria de la mente y la fuerza humanas sobre el dominio y los poderes de la Naturaleza.

Para ello, esta semana nos acompañan Matías Vidal, astrónomo y docente del diplomado de Astronomía de la Universidad Autónoma; Ignacio Retamal, doctor en Ciencias; Hugo Madrid, doctor en Biotecnología y Enología de la Universitat Rovira i Virgili, España, y académico investigador de la Escuela de Tecnología Médica de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud y del Centro para la Resiliencia, Adaptación y Mitigación (CReAM), ambos de la Universidad Mayor, sede Temuco; Fabiola Arévalo, doctora en Física; y la periodista Francisca Munita.

  • Gracias por acompañarnos en esta edición de Universo Paralelo. Comenta y comparte este link. Y si este newsletter te llegó gracias a alguien que sospecha que sabe reconocer una idea brillante, inscríbete aquí y sigamos celebrando los descubrimientos que nos cambian la vida.
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 UNA NUEVA FORMA DE MIRAR EL UNIVERSO

Crédito: Foto de Juan Soler Campello.

Por Matías Vidal
Astrónomo

Durante siglos, la astronomía se basó en observar la luz, desde nuestros ojos hasta telescopios capaces de cubrir desde las ondas de radio hasta los rayos gamma. En las últimas décadas comenzamos también a estudiar el universo mediante mensajeros distintos de la luz. En 2015, la primera detección directa de ondas gravitacionales por LIGO nos permitió “escuchar” la colisión de dos agujeros.

  • El Nobel de Física 2026, otorgado a Francis Halzen por sus contribuciones decisivas al observatorio IceCube y al descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico, representa un nuevo paso en esta revolución: la astronomía moderna ya no depende solo de la luz, sino que puede estudiar el universo a través de distintos mensajeros.

Los neutrinos son partículas sin carga eléctrica, de masa extremadamente pequeña y muy baja probabilidad de interacción con la materia. Esa propiedad dificulta su detección, pero permite que viajen grandes distancias sin ser absorbidos ni desviados por campos magnéticos.

IceCube utiliza cerca de un kilómetro cúbico de hielo antártico como detector. Miles de sensores ópticos, instalados hasta unos 2,5 km de profundidad, registran la luz Cherenkov producida cuando un neutrino interactúa con el hielo. A partir de esa señal es posible estimar su energía y su dirección de llegada.

  • Su gran resultado fue demostrar que una parte de esos neutrinos tiene origen astrofísico. Esto abrió una nueva vía para preguntar dónde se aceleran las partículas más energéticas del universo. Los rayos cósmicos son desviados por campos magnéticos y pierden información sobre su origen. Los neutrinos, en cambio, viajan en línea recta y permiten relacionar la señal detectada con la región del cielo donde fueron producidos.

Este es uno de los fundamentos de la astronomía multimensajero. Un mismo fenómeno puede producir neutrinos, rayos gamma, luz visible, ondas de radio y ondas gravitacionales. Combinar estas señales permite comprender mejor la física de fuentes como núcleos activos de galaxias o explosiones estelares.

  • Chile tendrá un papel importante en esta nueva etapa. En Cerro Pachón, el Observatorio Vera C. Rubin inició en 2026 el Legacy Survey of Space and Time (LSST), que observará repetidamente el cielo austral y generará millones de alertas sobre fenómenos transitorios. Cerca de Paranal se construye el Cherenkov Telescope Array Observatory (CTAO), dedicado a los rayos gamma de muy alta energía y que, al igual que IceCube, utiliza radiación Cherenkov.

Cuando IceCube detecta un neutrino de alta energía compatible con un posible origen astrofísico, puede emitir una alerta en menos de un minuto. CTAO, Rubin, radiotelescopios y otros instrumentos pueden entonces buscar contrapartes en distintas longitudes de onda. Esta coordinación es una de las bases de la astronomía multimensajero y muestra por qué el Nobel 2026 reconoce no solo una detección fundamental, sino una nueva forma de estudiar el universo.

La oportunidad para Chile no consiste solo en albergar grandes observatorios, sino en participar en su explotación científica, el análisis de datos, el desarrollo instrumental y la formación de investigadores. Esto requiere una inversión sostenida en ciencia básica, cuyos resultados rara vez pueden evaluarse solo por su impacto inmediato. IceCube es un buen ejemplo: nació de una apuesta científica de largo plazo y terminó abriendo una nueva ventana al universo. Para Chile, reducir esa inversión significaría limitarse a ser anfitrión de grandes instalaciones, en vez de participar plenamente en los descubrimientos que estas hacen posibles.

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DORMIR BAJO EL ÁRBOL CORRECTO

Crédito: The Nobel Prize.

Por Ignacio Retamal
Dentista y doctor en Ciencias

Esta semana le escribí a una amiga psiquiatra para felicitarla. Ella no ganó nada, pero Karl Deisseroth, psiquiatra y profesor de Stanford, sí. Cuando el Nobel cae en tu territorio, uno se siente un poco premiado.

¿Cuál es su impacto? La optogenética es una herramienta. Hoy se usa en laboratorios de todo el mundo, y el presidente del comité dice que permite mapear el cerebro, algo que antes solo se podía soñar. En la clínica el avance es más modesto. En 2021, Nature Medicine publicó el caso de un paciente con retinitis pigmentosa que, mediante un vector viral y unos lentes especiales, pudo percibir, ubicar y tocar objetos con el ojo tratado y los lentes puestos. Fue un solo paciente, y su primer autor, José-Alain Sahel, advirtió que ofrecer la terapia a otros tomará tiempo. El propio Deisseroth ha contado que su trabajo nació de la ciencia básica, sin relación explícita con la medicina, cuya relevancia clínica apareció años después.

Un ensayo que leí esta semana ofrece una imagen al respecto. Llegar a la cima del Everest es un logro claro, porque todos sabían de antemano que era la montaña más alta. En ciencia casi nunca se sabe qué descubrimiento va a importar cuando ocurre. Por eso el Nobel se parece más a ser el primero en dormir bajo un roble de California que, años después, alguien declara importante. Quien se alcanzó a meter bajo el árbol entra en la historia, y quien se quedó con las piernas afuera, aunque estuviera ahí mismo, no. Los que entraron tuvieron la suerte de dormir bajo el árbol correcto, y la sombra de este roble, por reglamento, alcanza para tres.

Igual le escribí a mi amiga. Los premios se pueden discutir, pero una alegría ajena se celebra igual.

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NOTICIAS: LA SEMANA EN CIENCIA

Ilustración artística de la formación de planeta a partir de una estrella moribunda. Crédito: Universidad de Warwick.

Por Francisca Munita
Periodista

Esta semana, la ciencia nos lleva desde mundos que nacen cuando parecía que todo había terminado hasta las estructuras más pequeñas de la materia. Entremedio, descubrimientos, grandes premios y una inteligencia artificial que vuelve a meterse donde nadie la esperaba.

  •  Un planeta que habría nacido de las cenizas de su estrella

Astrónomos encontraron evidencias de un candidato a planeta formado con los restos expulsados por su propia estrella al morir, una enana blanca ubicada a unos 270 años luz y denominada HS 0209+0832. Su extraña composición química, rica en elementos como el niobio, apunta a que este mundo no nació junto a su estrella, sino después de su muerte: sería un planeta de “segunda generación”, algo nunca observado alrededor de una enana blanca.
Dato curioso: el telescopio espacial TESS de la NASA detectó una señal que se repite cada 4,4 días, el tiempo que tardaría este posible planeta en completar una órbita.
Publicado el 5 de octubre de 2026.  Conoce MÁS.

  •  Los glaciares suizos se derriten a un ritmo extraordinario

Los glaciares de Suiza perdieron cerca del 5,5 % de su volumen en apenas un año, una cifra que hasta hace poco habría parecido excepcional. Un invierno con poca nieve y las intensas olas de calor aceleraron el deshielo durante 2026. La pérdida no solo transforma el paisaje alpino, sino que también reduce una enorme reserva natural de agua, clave para ríos, agricultura y generación hidroeléctrica durante los meses más cálidos.
Dato curioso: incluso a 3.500 metros de altura hubo lugares donde al terminar el verano ya no quedaba nieve del invierno anterior.
Publicado el 1 de octubre de 2026.  Conoce MÁS.

  •  Nobel de Medicina y de Física: neuronas con luz, neutrinos en el hielo

Los Nobel de Medicina y Física premiaron dos formas extraordinarias de explorar lo invisible. Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel fueron reconocidos por la optogenética, técnica que permite controlar células nerviosas mediante luz. Un día después, Francis Halzen recibió el Nobel de Física por sus aportes decisivos a IceCube, un gigantesco observatorio enterrado en el hielo antártico que detecta neutrinos provenientes de algunos de los fenómenos más energéticos del universo.
Dato curioso: IceCube utiliza un kilómetro cúbico de hielo del Polo Sur como parte de su enorme detector.
Publicado el 5 y 6 de octubre de 2026.  Premio Nobel Medicina  Premio Nobel Física

  •  Una IA se adelanta a los matemáticos

Una inteligencia artificial de Anthropic habría resuelto una conjetura de teoría de probabilidades que llevaba décadas resistiéndose a los matemáticos. El problema pertenece a la llamada percolación y estudia cuándo conexiones aleatorias terminan formando una red que puede extenderse indefinidamente. La demostración generada por Claude fue verificada mediante Lean, un programa que comprueba razonamientos matemáticos paso a paso, aunque expertos todavía esperan una versión escrita para humanos antes de dar por cerrado el resultado.
Dato curioso: el medallista Fields Hugo Duminil-Copin había trabajado durante años en esta misma conjetura sin conseguir demostrarla.
Publicado el 1 de octubre de 2026.  Conoce MÁS.

ÓRBITAS PARALELAS

El hielo del polo norte de Marte es mucho más limpio de lo que creíamos
Un nuevo análisis revela que el hielo marciano contiene mucho menos polvo de lo estimado. En el cráter Korolev, donde cálculos anteriores hablaban de hasta un 22%, la nueva estimación baja a apenas 0,2–0,4%. El hallazgo importa porque el hielo limpio refleja mejor la luz, se calienta menos y puede conservarse durante más tiempo.
Más información.

Crean hilos moleculares gigantes que impulsan el crecimiento de neuronas
Científicos crearon moléculas que se ensamblan solas formando hilos que pueden superar el tamaño de una célula. Al organizar sus cargas eléctricas de manera precisa, lograron que neuronas de ratón desarrollaran prolongaciones más largas y ramificadas para conectarse con otras células. El avance podría abrir nuevas vías para diseñar biomateriales destinados a la medicina regenerativa.
Más información.

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LA IMAGEN DE LA SEMANA

Crédito: Hugo Madrid.

Por Hugo Madrid
Doctor en Biotecnología y Enología

Los hongos pueden reproducirse de forma sexual y asexual. Esta imagen muestra estructuras de reproducción asexual de Curvularia moniliformis, una especie fúngica recientemente descubierta en Chile.

Hacia el centro de esta foto se observa un filamento de color café, de contorno algo zigzagueante, llamado conidióforo. El conidióforo posee células con diminutos poros, llamadas células conidiógenas, desde las cuales se producen esporas asexuales llamadas conidios.

Los conidios en esta especie son elipsoidales a casi cilíndricos y contienen cuatro células en su interior. El color café de las estructuras se debe a la abundante presencia de melanina en las paredes del hongo.

5

BREVES PARALELAS

Crédito: Foto de Mojca J.

Por Fabiola Arévalo
Doctora en Física

Imagínate la siguiente escena: personas vestidas de cucarachas y otras de plátanos, alguien afeitándose la barba en un escenario, cientos de personas tirando aviones de papel y alguien dándose golpes en la cabeza con una botella de cerveza hasta romperla. No, no es una reunión del equipo editorial de este newsletter ni una anécdota del 18. Es parte de lo que ocurrió en una entrega de premios científicos, la ceremonia 36 de los Ig Nobel.

  • Los Ig Nobel son un reconocimiento a investigaciones que te hacen reír y luego pensar y su ceremonia refleja ese espíritu. El evento anual tiene un ambiente que parodia al Nobel, un anti-Nobel, pero lo entregan y reciben investigadores destacados e incluso Premios Nobel.

Detrás de las situaciones absurdas hay investigaciones publicadas, experimentos y preguntas motivadas por la curiosidad reflejada en los anales de la investigación improbable. Hay para todos los gustos.

En los Ig Nobel de este año reconocieron investigaciones muy particulares, por ejemplo, ¿cómo mejorar el diseño de los urinarios para evitar las salpicaduras? o ¿qué ocurre cuando nos sonamos la nariz?

  • Aunque parecen preguntas sacadas de una conversación absurda, detrás hay física y matemáticas. Y lo más curioso: al hacer clic en ellas, llegamos a papers científicos reales.

En el primer caso, publicado en 2025, la respuesta está en la geometría y la dinámica de fluidos: el ángulo y la forma de una superficie pueden determinar cuánto rebota un chorro de líquido. En el segundo, un estudio publicado en 1977 midió la velocidad y el volumen del aire al sonarse la nariz comparándolo con el caudal de estornudar.

Preguntas cotidianas separadas por 50 años convertidas en problemas científicos que se podrían incluir en una prueba. Porque a veces la diferencia entre una pregunta absurda y una pregunta interesante es simplemente decidirse a estudiarla.

6

RECOMENDACIÓN: CIEN AÑOS DE COLTRANE

Crédito: Johncoltrane.com

Por Ignacio Retamal
Dentista y doctor en Ciencias

No soy especialista en jazz; escucho, y John Coltrane me atrapa. Nació el 23 de septiembre de 1926 en Hamlet, Carolina del Norte, y murió a los 40 años, en 1967, de cáncer de hígado. En abril de 1957, Miles Davis lo despidió de su quinteto por consumo de drogas; ese año, Coltrane dejó de golpe la heroína y el alcohol.

Giant Steps, grabado en 1959, se apoya en tres tonalidades (si, sol y mi bemol mayor) separadas por la misma distancia, de modo que reparten las doce notas de la escala en tres tramos iguales, y se toca a más de cuatro pulsos por segundo.

  • En 1967 Coltrane le regaló a su colega Yusef Lateef un diagrama circular de las doce notas, que Lateef publicó en uno de sus libros; Coltrane no explicó su sentido. El físico y saxofonista Stephon Alexander ve en él una geometría similar a la de Einstein –una interpretación personal–.

A Love Supreme se grabó en una sola sesión, el 9 de diciembre de 1964, con McCoy Tyner al piano, Jimmy Garrison al contrabajo y Elvin Jones a la batería. La primera de sus cuatro partes se basa en un motivo de cuatro notas que inicia el contrabajo. En la última, Coltrane toca el saxofón mientras interpreta las palabras de un poema devocional que incluyó en las notas del disco. Dura poco más de media hora.

Para celebrar el centenario, mi recomendación es escuchar Giant Steps y A Love Supreme completos, uno tras otro.


 Y esto es todo en esta edición de Universo Paralelo. Ya sabes, si tienes comentarios, recomendaciones, fotos, temas que aportar, puedes escribirme a universoparalelo@elmostrador.cl. Gracias por ser parte de este Universo Paralelo.

  • Mis agradecimientos al equipo editorial que me apoya en este proyecto: Fabiola Arévalo, Francisco Crespo, Francisca Munita, Ignacio Retamal, Camilo Sánchez y Sofía Vargas, y a todo el equipo de El Mostrador.

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