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El cáncer (y las emociones) en los medios de comunicación

por 4 abril, 2017

El cáncer (y las emociones) en los medios de comunicación

En cuanto a lo suscitado en los últimos días respecto de las declaraciones del Dr. Ricardo Soto en un matinal de la televisión abierta acerca de las causas del cáncer de mama, se ha generado un espacio de debate en el ámbito público, para discutir una temática de profunda relevancia que, hasta ahora, había permanecido acotada a la intimidad de quienes padecen una patología de este tipo, así como a su entorno más próximo y equipos tratantes.

El concepto de cultura se puede entender como el conjunto de patrones comportamentales, creencias y valores aprendidos y compartidos por un grupo social específico, que les proporciona un marco de referencia para interpretar su existencia y experiencia, así como para guiar sus acciones. De este modo, las creencias acerca de la enfermedad y la salud, el significado que se le otorga a los síntomas o a determinadas partes del cuerpo, la elección del tipo de tratamiento a realizar o la actitud que se tiene ante el dolor, estarán influidas en buena medida por la cultura en la que se vive. Otras variables, como las sociales o de personalidad, también inciden en la interpretación y el sentido que una persona le otorga a la enfermedad. Sin embargo, y a pesar de la variedad de cosmovisiones que pueden existir, el cáncer es una enfermedad a la cual se teme en todas las culturas. María Die Trill, connotada psicooncóloga española, explica en relación a lo anterior: “La cultura transmitida de una generación a otra, explicará en parte, por qué algunos tibetanos emplean minerales molidos o ‘pastillas preciosas’ para tratar el cáncer mientras que personas de otras culturas intentan ahuyentar a los malos espíritus que invaden el cuerpo del enfermo o acuden a centros oncológicos especializados para controlar su enfermedad”.

¿Qué tiene que ver esto con lo ocurrido en dicho matinal? Pues que efectivamente pueden existir tantas interpretaciones y significados como culturas y personas hay en el mundo, no obstante es el método científico, y desde ahí, la medicina basada en la evidencia, lo que ha permitido avanzar de modo consistente y ha posibilitado alcanzar mayor fiabilidad en el estudio y tratamiento de las enfermedades.

El Dr. Soto, da un paso más allá, afirmando que es el odio que una persona puede acumular “el que da la energía para realizar un cambio tan dramático en una célula, que empieza a crecer a destiempo y a formar un tumor”. Lo complejo y delicado de tal aseveración, es que se plantee que una emoción como el odio y la “posesividad” de las mujeres, son la causa directa de dicha enfermedad.

Desde hace ya algunos años, existen ideas que se dan por sentadas en cuanto a la etiología del cáncer, y particularmente en este caso, el cáncer de mama. Creencias tales como que es el sufrimiento el responsable del desarrollo de la enfermedad, se han instalado en nuestra sociedad como una “verdad” para muchos, indiscutible. Sin embargo, el Dr. Soto, da un paso más allá, afirmando que es el odio que una persona puede acumular “el que da la energía para realizar un cambio tan dramático en una célula, que empieza a crecer a destiempo y a formar un tumor”. Lo complejo y delicado de tal aseveración, es que se plantee que una emoción como el odio y la “posesividad” de las mujeres, son la causa directa de dicha enfermedad. Si bien hay evidencia científica respecto de cómo una variable psicológica como el estrés crónico, por ejemplo, puede afectar el sistema inmunológico de un individuo, esto dista de que exista una relación causal entre el estrés y el desarrollo de células cancerígenas. A este respecto, el National Cancer Institute plantea: “Si bien el estrés puede causar una serie de problemas físicos de salud, es débil la evidencia de que pueda causar cáncer (…) Las relaciones aparentes entre el estrés psicológico y el cáncer podrían manifestarse de diversas maneras. Por ejemplo, la gente con estrés puede adoptar ciertos hábitos, como fumar, comer en exceso o beber alcohol, lo cual aumenta el riesgo de la persona de padecer cáncer. O bien, alguien con un familiar con cáncer puede tener un riesgo mayor de padecer cáncer debido a un factor hereditario compartido de riesgo, no por el estrés resultante del diagnóstico del familiar”.

En síntesis, no existe evidencia científica de que variables emocionales puedan por sí solas generar una patología oncológica. Este enfoque desestima la multifactorialidad del origen de esta enfermedad, dejando en un lugar secundario (si es que son mencionados) los factores protectores y de riesgo, para los que sí existe evidencia (factores genéticos, tabaquismo, sedentarismo, obesidad, entre otros). Si las variables emocionales pudieran ser las responsables del cáncer, implicaría que una persona sería capaz de “crearse” un cáncer, así como sería de su entera voluntad, el recuperarse del mismo. De este modo, estas afirmaciones culpabilizan a quienes viven un cáncer de "habérselo provocado", estigmatizan la enfermedad y a los pacientes, los atemorizan respecto a su mundo interno y al proceso de adaptación a la enfermedad, desatiende las determinantes sociales de la salud y desresponsabiliza al Estado de lo que le compete en cuanto a asegurar no sólo la equidad en el acceso, sino en garantizar las condiciones mínimas necesarias para la buena salud de la población. Punto aparte es cómo se aplica esta teoría al cáncer infantil, donde muchos de quienes la comparten, extreman sus preceptos a tal punto de asegurar que la enfermedad, es el resultado de los sentimientos y conflictos de los padres traspasados a sus hijos. Una sobrecarga injusta y cruel para quienes viven una de las situaciones más dolorosas que puede experimentar un ser humano.

Resulta entonces perentorio, que los medios de comunicación emitan de manera responsable y apegada a los principios éticos fundamentales, los contenidos relacionados con enfermedades que hoy constituyen un problema de salud pública, de modo de que pueda utilizarse esta plataforma y el tiempo hoy destinado a cubrir estas “teorías”, en educar a la población sobre prevención, detección precoz y también sobre la vivencia emocional de las personas con cáncer y sus familias.

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