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Entrevista al autor de "Zombie"

Cultura - El Mostrador

Mike Wilson: Los muertos están vivos

por 17 mayo 2010

Mike Wilson: Los muertos están vivos
“Zombie” es el nuevo libro del argentino-norteamericano, radicado en Chile, Mike Wilson, en la que un grupo de adolescentes, de una extraña versión del barrio alto, son los sobrevivientes del fin del mundo. Una novela, que en clave post-apocalíptica, escribe desde la memoria pop, de las películas que el autor consumió desde su infancia.

En el principio de todo sólo hay una pieza. En ella, una libreta se deja llenar por apuntes. El autor tras el lápiz es Mike Wilson (36), quien irá tomando notas bajo los siguientes títulos: James, Ana, Andrea, Fischer, Frosty y Emma. Se trata de los nombres de los personajes de lo que será su novela “Zombie” y a quienes pretende definir personalidades y otros detalles “para que cuando ya estén en la novela se expresen de una forma más orgánica, no tan caricaturesca” planea meticuloso.

Un año y algo después, Wilson espera en una cafetería. Ha debido hacerse un espacio entre lo que han sido las actividades de promoción de su libro recién editado por Alfaguara y sus labores como profesor de literatura inglesa en la Universidad Católica. Espera por una nueva entrevista. Ya empieza a acostumbrarse a ellas y se ha dado cuenta de que las preguntas se repiten una y otra vez. Aún siente algo de culpa de dar las mismas respuestas y anunciará cada cierto tiempo “como ya lo dije en otra entrevista” antes de entregar la réplica.

-¿Quieres pedir algo? –consulta, mientras engulle los últimos restos de un plato que no logro identificar si es una torta o un sándwich.

-Sí, una bebida.

Sobre la mesa, entre vasos y celulares, descansa también un ejemplar de “Zombie”, novela que sigue a “El Púgil” (Forja, 2008) y a otra novela anterior que Wilson pretendía sacar en Argentina pero que nunca vio la luz dado a la crisis del gobierno de de la Rúa y el quiebre de la casa editorial con la que había firmado, el autor no sabe si lamentarlo o no, la distancia le ha hecho ver esa novela extraviada como un proyecto inmaduro. En “Zombie”, en cambio, se canalizan todas las obsesiones pop que Wilson recopiló desde su infancia. Una catástrofe: el fin del mundo. Los sobrevivientes: adolescentes de un suburbio del barrio alto (La Avellana) que, abandonados a su suerte, terminan comportándose como zombies adictos a la metanfetamina.

¿Cómo fue el proceso de escritura de “Zombie”?

Es una novela que se enfoca en los personajes. Con la idea de poder representar una realidad desde la perspectiva de estos adolescentes y ver cómo ellos van armando esta historia, como un rompe cabezas, y a la vez situarlos en un espacio y en un tiempo que los descoloca de lo más cotidiano. Y ahí dejar que cada uno de estos chicos se desarrolle de su propia manera. Son adolescentes que aparte del trauma obvio de la destrucción de la ciudad, están lidiando con sus propios enredos y se manifiestan de distintas formas.

Mike Wilson

Mike Wilson

La idea de la destrucción de la ciudad ya estaba presente en tu novela anterior “El Púgil” ¿Qué hay detrás de esa idea?

Si. No sé. Tampoco fue algo que calculé. Yo creo que, en el caso de “El Púgil”, la destrucción de la ciudad es algo más personal y subjetivo del protagonista, por su experiencia en las Malvinas, y con su fracaso como boxeador. Él es un individuo muy solipsista, entonces, es más una destrucción que él procesa de esa manera. Con “Zombie”, siempre me interesó la representación de algo post apocalíptico. En la tradición occidental, los que llegan a sobrevivir tienen alguna búsqueda de redención. En esta novela no me interesaba representar el fin del mundo como purificación, ni como redención, ni como castigo. Simplemente, son personajes que tienen una existencia espectral, que no deberían existir. Entonces, en este espacio paradójico, con estas identidades que no deberían ser, me los imagino como merodeos en la oscuridad. Van chocando entre ellos, cruzando caminos, pero no es una historia de búsqueda ni desplazamiento, sino la historia sobre esto chicos y qué les está pasando.

-Hay una fotografía de Chile, en cuanto al abandono juvenil y la discriminación de ciertos suburbios de clase alta ¿no?

-Hay dos grupos de jóvenes en la novela: los que son de este suburbio y los que vienen de otra parte de la ciudad, pero que justo estaban ahí cuando ocurrió todo y se encuentran náufragos en este barrio. Inicialmente, se forma una comunidad pero después la misma discriminación que existía antes se manifiesta en La Avellana, y ese grupo termina marginado en el bosque. No quería que los que vivieran en la Avellana fueran de una forma y los del bosque otra, sino que de personalidades complejas, con las cuales uno empatiza o no. Tampoco quise hacer una novela didáctica sobre este tipo de espacios, el suburbio. A mí me parece que es la reproducción no sólo de un espacio norteamericano sino que también cinematográfico.

Mike Wilson nació en Missouri, Estados Unidos, pero las labores diplomáticas que su padre debía cumplir para el gobierno de Jimmy Carter, hicieron que pasara el resto de su vida en Latinoamérica: Paraguay, Argentina y Chile. Hoy, en sus recuerdos, están esas antiguas postales en medio de dictaduras, pero además, la cultura pop como las películas de Spielberg, los comics y la música se transformó en su única patria posible. Es por esta razón que Mike Wilson narra en imágenes, y emplea la cultura pop para reconstruir realidades ficcionadas. Memoria pop, podría decirse.

-En “El Púgil” las referencias estaban bastante más expuestas que en “Zombie”: La novela gráfica “El Eternauta” de Oesterheld y Solano López, Orson Welles, algunas lecturas de la tradición argentina, de Piglia…

-Sí, en el caso de “El Púgil” es así porque el protagonista es una persona que consumió todo eso. Y es parte de la forma en que va lidiando con sus propios traumas. Entonces, lo que él procesa de la realidad es a través de la novela gráfica, el proyector de cine, la televisión.

-Pero, al escribir “Zombie” ¿tuviste referentes pop y literarios?

-Sí. Tienen que ver con música, con el cine, con fotografía. Distintas imágenes que por alguna razón quedaron dando vueltas en mi mente. Hay cosas de cuando era chico, por ejemplo. Ver películas de fines de los setentas, comienzos de los ochentas, las películas gringas, las de Steven Spielberg. Esa imagen sobre la colina y de la ciudad como una red de luces. No sé si está todavía, pero recuerdo que antes de los estrenos en HBO daban una secuencia de sobrevuelo de un suburbio. Son imágenes que fueron quedando en una infancia indirecta, que no fue mía, sino que la heredé de los medios.

-Sobre la música, la novela abre con un epígrafe de Daniel Johnston ¿Qué hay con eso?

-Escribí un texto sobre Daniel Johnston hace un tiempo, en el que me lo imaginaba en un suburbio gringo, acostado sobre el asfalto cantándole a la alcantarilla. Fue una imagen que me gustó, así que cuando escribí la novela la usé, pero en lugar de Daniel Johnston, es Andy.

-¿Hay más referentes en otros personajes?

-Sí, hay personajes que son fragmentos tomados de imágenes de un fotógrafo que me gusta mucho, Gregory Crewdson, quien representa el espacio suburbano en una luz de extrañeza.

“El meth me sirve, me transforma en el terror, me hace poderoso, sin miedo” dice Frosty, uno de los chicos en “Zombie”. Un muchacho con el rostro deformado y quien se ha encargado de repartir metanfetamina (“cristal meth”) a los otros adolescentes de La Avellana.

-Frosty es un personaje increíble ¿Qué tal fue crearlo?

-Frosty me gusta. Lo pasé muy bien escribiéndolo. Inicialmente sabía que iba a estar pero no que iba a ser tan protagónico. Frosty, dentro de la novela, es el otro. No sólo porque no es de ahí del suburbio, sino que tampoco es del resto de la capital. Representa la otredad y aunque comete atrocidades permite la empatía.

-Es un monstruo…

-Para mí, hay otros personajes que son monstruos aunque físicamente no lo sean. Son monstruos impulsados por la metanfetamina, en realidad.

-Con respecto a eso, ¿qué importancia tiene el consumo de esta droga en la historia de la novela?

-Varias. En primer lugar, los personajes ven en ella una de las formas en que se evade esa realidad que ya no les ofrece nada. La metanfetamina les altera la percepción de tal forma que piensan que el mundo en el que están tiene algún sentido. A la vez también, para la trama, la metanfetamina provoca que los personajes puedan ver y escuchar otras cosas, hay un personaje que empieza a desaparecer, por ejemplo. Además hay un tema con el aspecto físico de quienes consumen cristal meth, la droga los deja demacrados y terminan pareciendo zombies.

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