El diario que no salió el 11/9/1973: Clarín vuelve a los kioscos tras 40 años - El Mostrador

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Edición especial con motivo del Golpe de Estado. Las noticias serán de contingencia nacional.

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El diario que no salió el 11/9/1973: Clarín vuelve a los kioscos tras 40 años

por 5 septiembre, 2013

El diario que no salió el 11/9/1973: Clarín vuelve a los kioscos tras 40 años
El matutino fue clausurado por los militares el mismo día del Golpe, después de 19 años de existencia. Sus bienes fueron confiscados, y sus periodistas y editores perseguidos y encarcelados. Ese día el diario no salió, los militares llegaron a las 04:00 a parar las prensas para impedir su circulación. Según su dueño, Víctor Pey, hoy de 98 años, las máquinas fueron regaladas al Mercurio. En este artículo recordamos la edición de culto del 11 de septiembre de 1973 que nunca alcanzó a llegar a los kioscos.

Foto: Gentileza de www.loqueleimos.com

Foto: Gentileza de www.loqueleimos.com

La primera acción de los militares sublevados fue silenciar a los medios partidarios del régimen constitucional. El Clarín era uno de ellos, si no el principal, en virtud de los casi 250 mil ejemplares vendidos diariamente. El propietario del matutino, el empresario chileno-español Víctor Pey Casado, sostiene que los efectivos del Ejército irrumpieron alrededor de las 4:00 horas en oficinas y talleres del diario El Clarín, situadas por entonces en calle Dieciocho 263. Con la clausura de este medio impreso, la naciente Junta Militar infligía un golpe demoledor a la libertad de expresión y al pluralismo informativo.

Víctor Pey, hoy de 98 años, pretende revertir, al menos por un día, el inquietante cuadro que rodea al sistema de medios informativos, que es donde mejor se expresa –y que bien contribuye a perpetuar- la concentración que se advierte en todos los sectores de la economía chilena. La iniciativa es audaz, llena de simbolismos: lanzar una edición impresa del diario Clarín este miércoles 11 de septiembre, a un precio de 500 pesos en todos los kioscos del país. Para tales efectos, Pey cuenta con la colaboración de la Confederación Nacional de Suplementeros de Chile, Conasuch, gremio que atraviesa por una severa crisis debido a la irrupción de los medios impresos gratuitos.

“Ahí lo veremos de nuevo con su viejo lema ‘Firme junto al pueblo’ ( reutilizado hoy por The Clinic). Lo volveremos a ver en las calles a 40 años de aquella madrugada fatal en que fue avasallado. Será una edición única, pero queremos dar un toque de atención, hacer un acto de presencia, ante la posibilidad cierta y latente de que vuelva a surgir apenas tengamos los recursos que nos debe el Estado de Chile. Entonces el diario volverá de manera regular a las calles”, agregó Pey. Según el propietario del medio, Clarín volverá a circular con un tiraje mínimo de 70 mil ejemplares. El periodista Paul Walder encabeza el equipo de profesionales que se encuentra preparando los contenidos de esta edición especial.

¿Las razones para revivir el diario Clarín? Ciertamente no son económicas. Nunca lo han sido. “La razón es la búsqueda de una mayor pluralidad en la prensa escrita de Chile. En esa pluralidad aparece el espíritu crítico que ayuda a perfeccionar la democracia”, sostiene Pey, quien cree que su apuesta se inserta muy bien en estos días en que ha quedado en evidencia la crisis del sistema político y las fisuras que experimenta el “modelo”, máxime cuando observa que la ciudadanía no se admira con la pirotecnia macroeconómica, ya no celebra la firma de tratados de libre comercio y descree del mentado “chorreo”: “Los tiempos que están por venir ofrecerá a los jóvenes la posibilidad de realizarse más allá del consumismo. Comprenderá que también debe haber tiempo para el ocio, el conocimiento profundo del hombre, para que así también se sienta menos solo en esta humanidad sometida a las leyes de la oferta y la demanda”.

La contumacia de la democracia transicional

Dos son los acontecimientos que más han marcado la vida de Pey Casado: la Guerra Civil española (fue uno de los refugiados republicanos que Pablo Neruda trajo en el Winnipeg) y el Golpe Militar de 1973 que derrocó al gobierno de la Unidad Popular encabezado por Salvador Allende. Acababa por desmoronarse el sueño de millones de chilenos que habían depositado sus anhelos de cambio en un proyecto político y social único en el mundo, con su consabido reguero de sangre y abusos. De ahí al expolio hubo un solo paso.

“Las hordas militares entraron en el Clarín, detuvieron al subdirector Alejandro Arellano, a varios periodistas y trabajadores que se encontraban a esa hora en el lugar. Creo que fue ahí donde se inició la etapa del terror y la infamia de la dictadura”, recuerda Víctor Pey, quien logró asilarse en la embajada de Venezuela. Los bienes de Pey fueron expropiados al igual que las posesiones de personas naturales, partidos políticos, sindicatos, etc. El director del diario, Alberto “Gato” Gamboa, fue detenido la misma mañana del Once.

“Con (Patricio) Aylwin dejamos pasar el tiempo pues veíamos al dictador (Pinochet) haciendo ejercicios de enlaces y boinazos. Pero con (Eduardo) Frei pedimos la restitución de los bienes para que Clarín volviera a salir impreso. Hubo muchas peticiones denegadas, así que recurrimos en 1997 a un tribunal internacional dependiente del Banco Mundial (El Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones, CIADI) para obtener una indemnización del gobierno de Chile.”, agrega el chileno-español, quien recuerda, no sin cierta congoja, la contumacia del Estado de Chile a la hora de eludir sus obligaciones, experimentando una extraña amnesia respecto al sacrosanto principio de la propiedad privada. Primero fue a través de dilaciones y evasivas; luego, por medio de negativas que se extendieron a las administraciones más “progresistas” de la Concertación.

“El gobierno de (Eduardo) Frei, pero también en el de (Ricardo) Lagos y el de (Michelle) Bachelet, sumado al de (Sebastián) Piñera, en todos ellos, la posición fue la misma: negarse a un arreglo y así impedir que volviera a circular un medio de expresión independiente de los grupos económicos, de los intereses empresariales, de los grupos de interés religioso o de los partidos. El juicio lleva 16 años”, dice Víctor Pey, quien aclara que el CIADI reconoció sus derechos sobre los bienes confiscados. Sólo resta conocer el monto de los dineros que el estado de Chile deberá restituir no ya sólo por los activos expropiados, sino también por las ganancias que su empresa dejó de percibir en estos 40 años. La  resolución será adoptada próximamente por un comité arbitral convocado por el organismo.  Pey, que es parte del juicio como integrante de la Fundación Salvador Allende, exige el pago de 500 millones de dólares.

Juan Pablo Cárdenas, exdirector de revista Análisis, profesor de Periodismo en la Universidad de Chile y columnista de la versión online de Clarín, aplaude el retorno fugaz de un diario que innovó en el uso del lenguaje, aun cuando ha sido muy crítico con el rol que desempeñaron los medios en los años que precedieron a la dictadura. “Me parece excelente. Fue el diario más gravitante, comprometido con el cambio, independiente y popular sin ser vulgar, muy cercano a la gente de trabajo”, asegura el Premio Nacional de Periodismo 2003.

Según Cárdenas, el diario Clarín hubiese sido una piedra en el zapato para la lógica de los acuerdos que predominó durante la transición, esa misma que dio pábulo o toleró todo tipo de componendas y abusos en aras del crecimiento económico, la gobernabilidad…. He ahí la razón de fondo que explicaría, según dice, la negativa constante de la Concertación a pagar una indemnización acorde con el daño causado: “Clarín tenía la mejor infraestructura, una rotativa nueva que habían traído recién del extranjero. Los militares se quedaron  con esa maquinaria y al parecer se la regalaron a El Mercurio. Y aunque los mismos militares le entregaron después a Víctor Pey los papeles que acreditaban la propiedad del diario, la Concertación se negó siempre a restituirle los bienes. Sí indemnizaron a los partidos, pero a Víctor Pey no. Eso se debe a que le tienen miedo a Clarín, que seguro habría sido más exigente en la búsqueda de profundizar la democracia y la verdad en las violaciones a los derechos humanos”, concluye.

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