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Cultura - El Mostrador

Critica de cine: Neruda, una película para las masas

por 17 abril 2014

Víctor Minué. Periodista.

“Se busca a Neruda, vivo o muerto”.  Esa era la sentencia de farwest para los caza recompensas locales, con que González Videla, buscaba capitular el  destino del gigante de la poesía chilena en 1948, gracias a la “Ley de defensa de la democracia” y las contorsiones jurídicas que en esa época, permitía la “dictadura legal” del último presidente Radical.  Eran los tiempos donde los senadores eran poetas, muy distinto ahora, donde los poetas escriben con el coloquialismo instrumental del político, y el fisicoculturista hormonado es el  mejor candidato a concejal o al parlamento.

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Era una época, en donde incluso Pedro Aguirre Cerda, era un orador aceptable. Décadas después vendría Radomiro Tomic, Salvador Allende, Frei Montalva, entre otros, que parecían haber  leído la mejor poesía clásica griega al mismo tiempo que a Rousseau, para componer notables discursos -más allá de tripa ideológica-  donde la praxis social, era presentada como heroicas epopeyas sociales, por una innata facultad de encantamiento dialéctico.

En ese contexto histórico, se sitúa el primer largo chileno de ficción sobre Pablo Neruda.

El trabajo del director y sobrino del poeta, Manuel Basoalto, es un film que aunque podría tener la estructura narrativa de un thriller, se siente más cómodo como película de suspenso y  aventura. La secuela madurada del documental “Neruda, diario de un fugitivo” (2005) en la que colaboró el escritor José Miguel Varas, narra los aspectos menos conocidos de su infancia  y adolescencia, a través del gran escape que elaboró junto con sus amigos y camaradas comunistas hacia el sur de Chile en una frenética fuga por geografías inaccesibles, llegando a habitar 11 casas diferentes con fingida alma de ornitólogo, para ascender la cordillera y llegar a San Martín de Los Andes, en Argentina.

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El aspecto biográfico del vate chileno, evocado por él mismo en su discurso de aceptación del Nobel en Estocolmo, es uno de los tópicos menos explorados en la vida del poeta; Basoalto instituyó petróleo en esto, y lo llevó al guión cinematográfico. Para ello eligió a José Secall como Neruda, y aunque podrían haberse tomado más riesgos en la caracterización y en la inflexión de la voz, Secall logra, entrada ya la película, respirar con la hondura de Neruda su aire inimitable, para enfrentar con “sobrio dramatismo” el tour de force que experimenta su vida. Habrán apariciones indudablemente acertadas, como las de Luis Dubó, Erto Pantoja, Catalina Saavedra y el joven Fabián Cavada.

Dos años para la escritura del guión y cuatro de rodajes, más investigación y depuración: casi diez en total antes de llegar a los cines, hacen del trabajo de Basoalto, una criatura cuidada y compacta; delineada por el rastreo de huellas. Una investigación meticulosa que lo llevó a filmar en los sitios exactos donde caminó el poeta, incluida la casa de Valparaíso en cerro Lecheros, Cervantes Nº 18.  Mucho de ellos en exteriores, en donde afirma el director, Secall estuvo a punto de caer a una quebrada de 400 mts.

Lo mismo para el vestuario de época,  -se arrendaron 100 fracs para recrear la ceremonia del Nobel - y minuciosa dirección fotográfica en exteriores, y aunque hoy en día, los crepúsculos bucólicos recortando el paisaje nos parezcan de un lirismo trillado y anacrónico, -tan bien torpedeados por la antipoesía Parraiana- , están montados para las pretensiones de atmósferas, abismadas con astucia por líneas en off de poemas de Rimbaud, y música original interpretada por la Orquesta Sinfónica de Bratislava.

Recursos tradicionales en el cine como la elipsis, la voz en off, el racontto, hacen de esta superproducción made in Chile, una película de masas, dónde quizás la mejor apuesta haya sido, -más allá de los aspectos anecdóticos de su personalidad y nuevos laberintos de su biografía clandestina- ,  reconocer al Premio Nobel chileno en la adolescencia; en la juventud temprana del poeta niño, abstraído por el contacto con la naturaleza y la experiencia de amor romántico. Impulsos subterráneos del don excepcional de su poesía,  que resucitan “bajo las alas clandestinas de la patria” en el Canto General a Latinoamérica.

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