Hijos e Hijas de Haiti - El Mostrador

Sábado, 24 de febrero de 2018 Actualizado a las 16:48

Opinión

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Hijos e Hijas de Haiti

por 14 febrero, 2018

Se ha visto el alza de población haitiana en Chile. Se ha visibilizado, se ha generado un fenómeno que es delineable, al cual apuntar el dedo, al cual comenzar a culpar de todos nuestros males y vicios capitalistas-neoliberales: la migración haitiana en Chile.

El enemigo es lo bárbaro decían en tiempos de Montaigne los jóvenes que recorrían sus campos, y él podría haber respondido que no existe lo bárbaro más que lo desconocido. Lo desconocido es a lo que tememos por que nos enfrentamos a el en nuestra casa o en nuestra patria.

Vemos a la población haitiana viviendo en cités, tomando trabajos dignos pero que indignan, los trabajos que muchos llaman “para el extranjero”, el último eslabón del trabajo. Y nos perdemos en lo desconocido…

La migración haitiana es un fenómeno en expansión reciente en Chile y reviste de complejidades mayores que las de otros fenómenos migratorios debido al racismo y la discriminación detectados en la población. Según Rojas, Amode y Vásquez (2015) desde los primeros estudios migratorios de la última década (Stefoni, 2003; Tijoux, 2003) se ha vislumbrado el racismo como un factor estructural de dominación y exclusión de los nuevos “migrantes laborales sur-sur”, y principalmente hoy frente al arribo de población afrodescendiente (principalmente desde Haití y desde el Valle del Cauca colombiano).

En la actualidad, se considera como un factor expulsor de población migrante la dificultad que tiene el país para instaurar un régimen democrático y una democracia participativa, traduciéndose en una crisis de representatividad. La coyuntura sociopolítica del país genera que la migración a terceros países sea una opción a mediano y corto plazo sustentado en el imaginario de democracia y estabilidad extranjeras.

Mientras tanto, en Chile, como en la mayoría de las sociedades receptoras de migrantes, el racismo está fuertemente condicionado por la ideología nacionalista y por mecanismos y representaciones de la jerarquización de clases.

Se observan como ejemplo de lo anterior los siguientes hitos; a) la renuncia del primer ministro Laurent Lamothe y el ascenso de Martelly en 2015 cuando se exigía justamente su renuncia, b) la realización de elecciones parlamentarias de 2015 con baja participación ciudadana, c) paros de transportistas que paralizan Puerto Píncipe debido al aumento del combustible, d) el recrudecimiento de los casos de cólera producidos por el terremoto de 2010 y la escases de medicamentos para su control. Sumado a todo lo anterior, e) un deterioro en las relaciones con República Dominicana debido al no reconocimiento de la nacionalidad de dominicanos con ascendencia haitiana.

En consecuencia, la migración haitiana no solamente encuentra sus razones en la expulsión política o en catástrofes humanitarias o naturales sino que principalmente es el resultado de factores que se combinan históricamente en la decisión de migrar hacia otro país. De esta manera, es más importante la percepción del país de llegada y de salida, como también la evaluación de un proyecto de vida colectivo en base a al prisma de su propia historia y contexto social.

Mientras tanto, en Chile, como en la mayoría de las sociedades receptoras de migrantes, el racismo está fuertemente condicionado por la ideología nacionalista y por mecanismos y representaciones de la jerarquización de clases (Rojas, Amode y Vásquez, 2015). Existiría una fuerte imbricación entre raza, clase y nación donde, por una parte, la raza constituye un componente importante dentro de la ideología nacional. Como plantea Cárdenas (2006: 102), en Chile “la construcción mítica de la idea de nación ha ido siempre acompañada de afirmaciones taxativas sobre la homogeneidad racial, cultural y religiosa de nuestra población.” La idea de nación siempre se basa en la ficción o construcción ideológica de una comunidad homogénea (van Dijk; 2003), la cual se define en gran parte en términos étnicos o raciales

En Chile, la construcción histórica del imaginario nacional, estaría fuertemente marcada por la idea de raza chilena en cuanto identidad étnica basada en lo “criollo”, en línea con la oposición sarmientina de “civilización” versus “barbarie”. Esta construcción identitaria de la nación chilena combina en concreto la negación del otro (principalmente, indígena) y la valoración de la ascendencia europea (Larraín, 2001; Subercaseaux, 1997, Todorov; 1982). Además, este relato nacional estaría vinculado a un darwinismo social (Subercaseaux, 2007) en la medida en que la construcción de la alteridad étnica sirve de justificación para la desigualdad socioeconómica (Rojas, Amode, Vásquez; 2015).

De esta manera, el Chile actual se ha constituido en base a un largo periodo de dictadura que ha ocasionado la polarización del país. Esta polarización se traduce en nuevas percepciones de la realidad donde el imaginario social ha perdido de vista la importancia política de la participación ciudadana de estos procesos, así como también, no ve con buenos ojos la llegada de nuevos migrantes a ocupar las fuentes de trabajo disponibles. Tanto la política como el imaginario social de Chile no se encuentra preparada para este fenómeno que avanza rápidamente.

Se abordará próximamente como empezar a discutir sobre educación el fenómeno haitiano de migración; ¿Cómo debe responder el Curriculum a este nuevo escenario? ¿Cuál es el perfil docente que comenzará a requerirse?¿Cómo integrar la complejidad de una cultura sin excluirla ni negarla como plantean los teóricos de la inter-culturalidad?. Son los Hijos e Hijas de Haiti que han quedado sin su madre patria hace mucho tiempo y que buscan ahora ese refugio que los identifique, los atraiga y lo sientan sagrado otra vez. Que lo desconocido deje de ser bárbaro para que se transforme en lo amado.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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