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La precariedad de la oficina de emergencias

Onemi operaba con teléfonos satelitales pre pago

por 14 mayo 2010

Onemi operaba con teléfonos satelitales pre pago
Un ex funcionario del organismo elaboró un informe en el que alertó acerca de las deficiencias que tenía el sistema para enfrentar catástrofes naturales de envergadura. Eso ocurrió el año 2008 y la entonces directora de la entidad, Carmen Fernández, lo habría conocido antes que su subordinado dejara la institución.

Cuando todavía no se apagan los ecos de las declaraciones de la ex directora de la Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior, Carmen Fernández, ante la comisión que indaga la reacción del organismo ante el terremoto y posterior tsunami el 27 de febrero, surgen nuevos antecedentes que reafirman la precariedad con que la entidad desempeña su labor.

Esto ocurre tanto a nivel de personal como de infraestructura para enfrentar sus tareas rutinarias y, con mayor razón, una emergencia con carácter de catástrofe. Así lo señaló a El Mostrador el primer jefe del Centro de Alerta Temprana, el ingeniero en prevención de riesgos, Rodrigo Jerez Salvo.

El experto estuvo a cargo del CAT entre enero y octubre del 2008, reclutado justamente por la entonces directora de la Onemi. Fernández  le asignó la tarea de “modernizar” el organismo de tal manera de entregar un servicio “de buena calidad”, eficaz y eficiente en sus respuestas. Pero también en sus tareas diarias. Porque “Carmen Fernández tenía clara la ineficiencia del sistema de protección civil”. Sin embargo, después de diez meses, Jerez renunció debido a que no encontró suficiente respaldo de su jefa para desempeñar la misión que se le había encomendado.

Según el trabajo del experto en prevención de riesgos, las comunicaciones constituían –y aparentemente lo siguen haciendo- una debilidad significativa para responder a emergencias. Y tuvo la oportunidad de comprobarlo el 2 de mayo del 2008, cuando el volcán Chaitén hizo erupción.

En el corto período que estuvo a cargo del CAT alcanzó a elaborar, junto a su pequeño equipo, un informe que contenía un diagnóstico de la situación en que se encontraba la Onemi y las medidas que se debían adoptar para superar las deficiencias. Dicho documento podría resultar lapidario. Ello porque según el trabajo del experto en prevención de riesgos, las comunicaciones constituían –y aparentemente lo siguen haciendo- una debilidad significativa para responder a emergencias. Y tuvo la oportunidad de comprobarlo el 2 de mayo del 2008, cuando el volcán Chaitén hizo erupción. En esa oportunidad, Jerez advirtió acerca de la “alta vulnerabilidad e inestabilidad” del sistema. Y también acerca de que con la tecnología, o falta de ella, que existía en la Onemi no sería posible enfrentar una catástrofe mayor.

Todo mal…

Una muestra de la precariedad con que intentaba ejecutar sus obligaciones la institución, lo que a la luz de los hechos no parece haber mejorado, es la forma cómo funcionaban los dos teléfonos satelitales que existían en el organismo. Según relata el propio Jerez, estos aparatos son portátiles y “funcionaban a través de un sistema de prepago. Cuando se utilizaban había que activarlos para que la compañía que prestaba el servicio diera la señal y cobrara desde el minuto que se autorizaba hasta que terminaba su uso. No eran equipos con plan permanente, sino que era un estilo de celular con tarjeta de prepago”.

Como el equipo debía ser activado para utilizarse, añade Jerez, “no era un método que necesariamente sirviera para respuestas a situaciones de emergencia, en las que se requieren las comunicaciones lo más rápido posible. En el fondo, este sistema estaba pensado para  actividades de acción preventiva, en las que un equipo se traslada a lugares más inhóspitos y que de antemano se sabe que no se tendrá acceso a cobertura celular o a otro medio de comunicación y se prepara, con uno o más días de anticipación, para estar en condiciones de transmitir información a diferentes partes”.

Otro elemento que Fernández se negó a considerar, lo que habría provocado el distanciamiento profesional entre ella y el jefe del CAT, fue la implementación de un Sistema de Gestión de Calidad. Algo que a los ojos de Jerez era indispensable para mejorar y modernizar el funcionamiento de la Onemi y su reacción ante cualquier tipo de emergencia. La idea del ingeniero era “colocar a la Onemi al nivel de los centros de países desarrollados, pero con un modelo basado en la cultura chilena”.

Ello porque un Sistema de Gestión de Calidad, como lo es la norma ISO 9000, para el Centro de Alerta Temprana aseguraría el cumplimiento de una serie de procedimientos adecuados en una emergencia.

A la comisión investigadora

A mediados de abril, Jerez sostuvo una reunión con el subsecretario del Interior, Rodrigo Ubilla, para entregarle los antecedentes que tiene en su poder y explicarle que cuando se produjo el terremoto y posterior tsunami, ya se estaba en conocimiento de los problemas comunicacionales que habría que enfrentar en el caso de una catástrofe natural. Y en este período ha estado en contacto con el senador de RN Francisco Chahuán. Este último, tras conocer  los antecedentes que le entregó el profesional decidió ponerlos a disposición de la comisión investigadora que ayer recibió a Carmen Fernández.

Ello, porque a juicio del parlamentario, los antecedentes que están en manos de Jerez “revelarían que se estaba en total conocimiento de la debilidad y falibilidad de las comunicaciones, frente a una catástrofe”, dado “el trabajo que desarrolló un equipo que trabajó para Carmen Fernández y que elaboró un informe que no fue considerado”.

Razón por la cual el parlamentario oficialista solicitará a la comisión investigadora que invite a Rodrigo Jerez, para que el profesional pueda exponer ante los diputados que la integran la labor que realizó durante el tiempo que estuvo a cargo del CAT. En la misma línea, Chahuán no descartó hacer llegar estos antecedentes a la jefa de la Fiscalía Metropolitana Occidente, Solange Huerta, que investiga la responsabilidad que puedan tener en lo sucedido el  27 de febrero la Onemi, el Shoa y la Armada. Para lo que se dio un plazo de seis meses.

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