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Candidata llama a “mantener a Dios en el centro de la vida”

Matthei da manotazos de ahogado y apela al voto evangélico

por 4 noviembre, 2013

Matthei da manotazos de ahogado y apela al voto evangélico
La necesidad de volcarse hacia el votante más conservador de la derecha, inclinándose hacia la iglesia evangélica, ha terminado desconcertando al sector liberal que, en el fondo, ya se rindió ante la realidad de que la presidencial está perdida. Y ve en esta sorprendente metamorfosis de su abanderada nada más que “desesperación”.
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“Le mando un gran cariño y admiración al pueblo evangélico. En el proyecto de cambio de Constitución se nombraría a Chile como laico”, advirtió la abanderada oficialista, Evelyn Matthei, casi al final del debate Anatel, el pasado miércoles. Y el jueves, en una reunión con pastores evangélicos, criticó algunas de las propuestas hechas por la candidata de la Nueva Mayoría, afirmando que “hay una amenaza fuerte a tener a Dios como centro de la vida, tratando de negar esto como ocurrió en los países socialistas durante tanto tiempo”. Si bien sus palabras sorprendieron en todo el espectro político, especial asombro causaron en el sector liberal de la derecha, donde la separación entre el Estado y la Iglesia, que rige en Chile desde la aprobación de la Carta Fundamental de 1925, constituye un elemento particularmente diferenciador respecto del mundo conservador. Las palabras de la ex ministra terminaron echando por tierra su reconocida trayectoria liberal y convenciendo, a quienes aún dudaban, de que la elección presidencial “está perdida, porque pedir el voto de los evangélicos, o de cualquier grupo religioso, significa que ella está renunciando a sus convicciones para pasar a la segunda vuelta” y que necesita imperiosamente atraer al tradicional voto duro de la Alianza por Chile para no terminar como Arturo Alessandri en las presidenciales de 1993 –que llegó sólo al 24,41 por ciento–, o peor.

Las críticas a la postura de Matthei vienen más que nada desde el mundo liberal de Renovación Nacional, donde pese a admitir que los evangélicos han llegado a constituir un votante con perfil “más cercano a nuestro sector”, también estiman que asumir compromisos programáticos con ellos podría “limitar algunos cambios en lo que es necesario avanzar”, y un legislador recuerda que “ella misma, mientras fue senadora, presentó un proyecto de aborto terapéutico con (Fulvio) Rossi. Pero cuando asumió la candidatura se echó para atrás. ¿En qué va a tener que ceder para asegurarse el voto de la iglesia evangélica?”. Lo cierto es que algunos creen que si logra atraer el tan ansiado voto del mundo evangélico, paralelamente va a perder el de los liberales y de centro, a los que no les atrae la idea de un gobierno amarrado a cualquier doctrina cristiana. Ya han inquietado a algunos sectores de la Alianza las permanentes alusiones a Dios que el Presidente Sebastián Piñera hace en la mayoría de sus alocuciones al país.

 El cientista político Cristóbal Bellolio, plantea su propia tesis: “Mi impresión es que Matthei está leyendo que con voto voluntario la gracia es movilizar a los propios, a los duros, a la derecha confesional. Si no hace ni siquiera eso, puede que se quede pegada bajo el 20 por ciento y eso sería catastrófico. Tiende a polarizar, de la mano de la UDI, para picar el amor propio del sector, donde ya no caben matices: ellos son los cristianos, los otros unos ateos casi inmorales”.

El punto es que este elemento que ha incluido Matthei en su discurso no parece ser parte de una estrategia ideada con anterioridad, sino más bien una reacción al temor que genera en su entorno el hecho de que su candidatura corra –como se dijo– el riesgo de terminar en peor situación que la de Arturo Alessandri en 1993. De ahí que, a juicio del analista de la Universidad Central, Marco Moreno, “el estilo conservador” que ha estrenado estas últimas semanas la abanderada oficialista, incluyendo sus guiños a la iglesia evangélica, surge a partir de los resultados arrojados por la encuesta CEP. Estos demuestran que los llamados temas valóricos han cobrado mayor relevancia para el electorado, lo que habría “asustado” a algunos representantes evangélicos y haría más atrayente para ese sector el discurso de Matthei. Lo que busca la candidata oficialista, dice Moreno, es “contener el voto duro de la derecha que es lo único que va quedando. Poner un dique al voto duro para que no se lo lleven otros candidatos”.

“Clivaje de emergencia”

Por otro lado, añade el analista, el voto progresista, al que Matthei parecía más cercana antes de su aventura presidencial, “ya está ocupado por Michelle Bachelet y ese electorado no le creería ese discurso. Además el voto liberal es menos significativo electoralmente para la derecha, por lo mismo que la “'nueva derecha' no ha prendido”. En este contexto, lo que busca es un discurso que le permita “un resultado honroso y no tener menos de lo que obtuvo Alessandri el 93, porque menos que eso sería un desastre”. Mientras que la lectura que hacen en la propia Alianza es que con el voto de la derecha dura que aspira a contener Matthei “podríamos, a menos, salvar la parlamentaria. Con menos que eso, la debacle pronosticada por (Carlos) Larraín sería una terrible realidad”.

Debacle parlamentaria de por medio o no, lo cierto es que todas las encuestas, partiendo por la CEP, que el comando de Matthei ha intentado desacreditar ya dos veces para evitar la estampida en el sector, revelan que, tal como están las cosas, la candidata de la Nueva Mayoría, Michelle Bachelet, podría ganar en primera vuelta. El desánimo cunde en la derecha y estas arremetidas de su representante no contribuyen a levantarlo, sino muy por el contrario. Un parlamentario de la Alianza no puede creer este “repentino ataque de religiosidad” y otro legislador del sector se lamenta de que, durante lo que va de la campaña presidencial encabezada por Matthei, “nunca fue ella, sólo en sus pachotadas y sus arrebatos, pero en sus convicciones nunca fue ella. Ha perdido toda credibilidad. Esto es como no tener candidato presidencial. Ella es un invento”. A lo que un tercero atribuye que tenga, también según la CEP, más rechazo (53 por ciento) que aprobación (23 por ciento).

Con la cabeza fría y mirando el escenario presidencial desde la distancia, el cientista político Cristóbal Bellolio plantea su propia tesis: “Mi impresión es que Matthei está leyendo que con voto voluntario la gracia es movilizar a los propios, a los duros, a la derecha confesional. Si no hace ni siquiera eso, puede que se quede pegada bajo el 20 por ciento y eso sería catastrófico. Tiende a polarizar, de la mano de la UDI, para picar el amor propio del sector, donde ya no caben matices: ellos son los cristianos, los otros unos ateos casi inmorales”, explica. Desde su punto de vista, lo que se está tratando de imponer “es la candidatura cristiana versus la atea. Ya lo intentaron en 1999 y el 2005. El 99 la Concertación llevaba ya dos presidentes y los dos creyentes. (Joaquín) Lavín pensó que acorralar a (Ricardo) Lagos con su agnosticismo daría frutos. No pasó. El 2005 fue menos estridente, porque estaba (Sebastián) Piñera entremedio, pero Lavín fue aún más integrista en sus intervenciones. Esta vez me parece un esfuerzo más coordinado: la columna de (Gonzalo) Rojas, el miércoles; las declaraciones de (Cristián) Larroulet; Víctor Pérez y la propia Matthei. Todos apuntan a lo mismo: levantar un clivaje de emergencia. A un lado los creyentes y al otro lado los no creyentes. Y en Chile ganan los primeros. Como ya no quedan clivajes favorables a la derecha, deben pensar que, en una de esas, este resulta para salir del pozo”.

 

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