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Ex Presidente Lagos hace guiño de apoyo al ministro del Interior

Los estilos de Bachelet y Burgos que hicieron crujir a La Moneda esta semana

por 14 agosto, 2015

Los estilos de Bachelet y Burgos que hicieron crujir a La Moneda esta semana
No fue un conflicto artificial y la amenaza de un quiebre interno fue real, a tal punto que obligó a una conversación franca entre la Mandataria y su ministro. En ella, la Presidenta le habría dado señales de tranquilidad, pero sobre todo garantías de que no lo estaba cuestionando, que confiaba en él, lo que calmó las aguas y las regresó a su cauce normal. Por ahora. En La Moneda asumen que lo que imperó en este episodio fue la definición de los espacios de poder reales en Palacio, marcado por los especiales liderazgos de los protagonistas.
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Como pocas veces en este tiempo, no hay una sola versión ni lectura de lo sucedido en La Moneda esta semana entre el comité político y la Presidenta Michelle Bachelet. Menos, reconocen desde el propio Gobierno, hay un solo responsable. Desde las descoordinaciones internas entre los equipos que cohabitan en Palacio hasta una pasada de cuenta de los especiales estilos políticos y personalidades que caracterizan al ministro del Interior, Jorge Burgos, y a la Mandataria, llevaron a la actual administración a estar efectivamente –entre el domingo y el lunes– a un tris de un quiebre interno de proporciones, un punto sin retorno.

“La amenaza fue real”, recalcaron desde la Nueva Mayoría y La Moneda, para graficar el nivel de tensión que imperó en su momento entre Burgos y la Mandataria. Es más, reconocen en Palacio, ambos tuvieron una conversación franca antes que, el martes al mediodía, Bachelet viajara rumbo a El Salvador y México y el ministro asumiera como vicepresidente de la República, charla en la que la Presidenta habría dado señales de tranquilidad, pero sobre todo –explicaron– garantías de que no lo estaba cuestionando, que confiaba en él, lo que calmó las aguas y las regresó a su cauce normal.

La conversación entre ambos era necesaria, máxime porque el domingo 9 de agosto, nadie en el oficialismo entendía nada, y Burgos menos, confiesan desde el propio Ministerio del Interior. Es que durante toda la semana pasada no eran pocos en el Gobierno y la Nueva Mayoría los que aseguraban, día tras día, que después del cónclave de la Nueva Mayoría, el ministro del Interior y su par de Hacienda, Rodrigo Valdés, estaban cumpliendo el papel que les correspondía dentro de un diseño establecido, de aterrizar y poner ellos la cuota de realismo y gradualidad a la ruta que seguirá el Ejecutivo de ahora en adelante, luego que la Presidenta se hubiese jugado en dicha cita por acceder a las propuestas de todos los sectores y darles en el gusto un poco a todos.

Es más, en Palacio recalcaban que ambos ministros no iban a salirse del libreto establecido y sacaban a colación que la Mandataria participó fuera de agenda en una reunión el miércoles 5 de agosto en la que, además de estar presente el ministro del Interior, el jefe de la billetera fiscal exponía a todos los jefes de gabinete ministeriales el escenario de desaceleración económica y la necesidad de implementar modificaciones al programa de Gobierno, lo que fue leído como una señal de respaldo a sus secretarios de Estado.

Ahí vino la polémica entrevista que dio Bachelet a La Tercera ese domingo, donde dijo –entre otras cosas– que algunos “solo leyeron la parte del realismo, no escucharon la de sin renuncia” y que era una lectura equivocada pensar que el nuevo comité político, que la dupla Burgos-Valdés, había llegado a cambiar el rumbo del Gobierno. Lo que pasó después de eso es conocido, un concierto de declaraciones públicas en el oficialismo y la reunión-cena extraordinaria esa noche del lunes en la que la DC en pleno se parapetó tras su ministro.

Ya han transcurrido varios días y en el propio Gobierno hay varios que apuntan al estilo de Bachelet como responsable de este conflicto, que era totalmente innecesario y que puso públicamente en tela de juicio la autoridad y poder del ministro más importante del gabinete. “Fue un error que la Presidenta hablara, toda la entrevista fue una equivocación”, sentenció un alto asesor de Palacio, mientras que desde la Nueva Mayoría y entre quienes mejor conocen a la Presidenta, reconocen que “es muy porfiada”, que tiende a no hablar mucho con sus ministros, al menos no con la fluidez que se requiere, que eso genera vacíos entre las líneas generales que les comunica y lo que ella realmente piensa, situación en la que se encontrarían precisamente Burgos y Valdés, ya que la persona del comité político que más cercanía real tiene con la Mandataria es el ministro de la Segpres, Nicolás Eyzaguirre.

 Ya han transcurrido varios días y en el propio Gobierno hay varios que apuntan al estilo de Bachelet como responsable de este conflicto, que era totalmente innecesario y que puso públicamente en tela de juicio la autoridad y poder del ministro más importante del gabinete. “Fue un error que la Presidenta hablara, toda la entrevista fue una equivocación”, sentenció un alto asesor de Palacio, mientras que desde la Nueva Mayoría y entre quienes mejor conocen a la Presidenta, reconocen que “es muy porfiada”.

“El problema que hubo es que la Presidenta no entiende que no puede gobernar de la misma forma que lo hizo en su primer mandato”, recalcaron en La Moneda, sacando a colación esa suerte de corte palaciega que tiende a rodearla, pero que también la aísla, hace difícil acceder a ella, un círculo de hierro que, por lo mismo, adquiere más poder que el que corresponde a los cargos que ocupa, eclipsando la verdadera estructura y jerarquía política de todo Gobierno. No por nada en estos días, en el Ejecutivo atribuyen a que no son pocos los que apuntan la responsabilidad de la entrevista y su contenido a la poderosa e influyente jefa de gabinete presidencial, Ana Lya Uriarte, y a la jefa de prensa, Haydée Rojas, argumentando que son varios los episodios que se han registrado de “descoordinación permanente” de esta dupla con el comité político.

Hay otros en el Gobierno que apuntan al ministro Burgos como responsable, defienden lo que hizo Bachelet como una reafirmación necesaria ante la construcción mediática que –aseguran– se ha hecho de su suerte de abdicación política que implica la moderación del programa. Precisan que no contribuyó en nada el perfil del ministro del Interior conocido por su mal genio y poca tolerancia, la autosuficiencia de su estilo político, que peca a veces de “actuar como hijo único”, como afirman muchos en el Gobierno y la Nueva Mayoría.

En todo lo sucedido están de trasfondo los espacios de poder reales en La Moneda –explican en el Gobierno–, qué poder y cuánto le otorgará la Presidenta Bachelet de verdad a su ministro del Interior y cuál es la cuota a la que aspira Burgos. Si bien es cierto que en Palacio se comenta que la Mandataria no ha hecho esa bajada concreta con su ministro, también lo es que se asuma que, por muy empoderado que este el comité político, ninguno de sus integrantes –recalcaron– puede tener “más poder que la PresidentA, los ministros son los que obedecen y no al revés”.

Un punto que abordó el ex ministro del Interior de Bachelet en su primer Gobierno, Belisario Velasco, en una columna este jueves en El Mercurio: “En Chile impera un régimen presidencial y, a menos que reformemos la Constitución, los titulares del Interior y Hacienda, excelentes ministros, no detentan el cargo de Primer Ministro, jefe del Ejecutivo. Ambos están subordinados a la jerarquía y autoridad de la Presidenta de la República, en quien descansa la función de fijar la jerarquía, prioridad y oportunidad de la gestión gubernamental. Nadie, sino al precio de fuertes desajustes, puede tomar el atajo de utilizar a los jefes de cartera para imponer sus objetivos”, reza el texto.

No es menor que lo diga Velasco, considerando que renunció a su cargo, después de semanas en que la Mandataria no lo recibiera ni le hablara y tras estar totalmente eclipsado en su poder por el entonces poderoso segundo piso y círculo de asesores que rodeaban a Bachelet: Juan Carvajal, María Angélica “Jupi” Álvarez, Rodrigo Peñailillo y Fernando Ayala.

 Como anillo al dedo

La reunión estaba agendada de antes, se enmarca en el contexto de las reuniones que hace semanas protagoniza Burgos para recoger propuestas y planteamientos para el proceso constituyente anunciado por Bachelet, ese era el tema de la cita de hecho, pero a todas luces el encuentro que ayer tuvo el ministro con el ex Presidente Ricardo Lagos en La Moneda, le cayó como anillo al dedo.

“Cuando acordamos esta reunión nunca pensé que sería con el vicepresidente de la República”, dijo Lagos sonriendo a la salida de la cita, en la que también participaron Eyzaguirre y el vocero, Marcelo Díaz.

A sus anchas se movió Lagos en Palacio, habló de todo lo que quiso y, aunque precisó que no era su rol “poner nota” y que quién era él para decir a quién respalda, al final lo hizo igual, de manera elegante, porque hizo hincapié en que su reunión con Burgos había sido una conversación de “amigos” y que lo vio como siempre, “un hombre que sabe exactamente, fue mi subsecretario, hizo un gran trabajo, alguien que colaboró conmigo”.

Así también marcó su postura en el debate de la gradualidad de las reformas. Recordó que Eduardo Frei Ruiz-Tagle hizo “una tremenda Reforma Procesal Penal, pero que tuvo que ser implementada en mi Gobierno y se resolvió que se iba a empezar por dos regiones y luego otras dos, se aplicó gradualmente, era lo que parecía más sensato”.

Tras poner el acento en que, más que los matices de la coyuntura, lo relevante del debate actual pasa por entender que gobernar implica tener una visión de país, pensar el Chile de la próxima generación, de aquí a treinta años, sacó a colación su conocido estilo paternalista. “Los que hemos estado tanto tiempo en esto sabemos que siempre ha habido dificultades al interior de cualquier coalición, es parte de la democracia, si no las hubiera sería muy sospechoso, porque quiere decir que nadie está pensando”, sentenció Lagos Escobar.

Más allá de la suerte de espaldarazo de Lagos a Burgos, en La Moneda coinciden en que el comité político actúa en bloque, que hay una efectiva coordinación entre Burgos, Valdés, Díaz y Eyzaguirre, a pesar de que el ministro de la Segpres siempre trabaja más aislado y “actúa solo”. Precisamente, a esa cohesión fue hacia donde apuntó el ministro Valdés cunado esta semana catalogó de mito urbano lo de la dupla con Burgos, lo que reafirma el intento por destacar el concepto de equipo.

Explican que entre los cuatro hay conciencia absoluta de que no existe espacio político para que este comité político fracase, menos en un contexto de un Gobierno que ha estado débil, que no logra recuperar el respaldo ciudadano y con una Mandataria que cayó del Olimpo de las encuestas y ahora se ubica bajo del umbral del 30% de apoyo. Una claridad al respecto que abarca a todo el Gobierno e incluso a Bachelet, razón por la que afirman que ambos conversarían por segunda vez al regreso de la Presidenta a Chile durante mañana del sábado 15.

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