Martes, 31 de mayo de 2016Actualizado a las 01:27

Presidenta del PRI es “amorosa y puntuda”, según dicen en el sector

Alejandra Bravo, la nueva ‘generala’ de la derecha

por 11 febrero 2016

Alejandra Bravo, la nueva ‘generala’ de la derecha
Secretaria ejecutiva del Inacap y católica observante, es calificada por alguien que la conoce como una “persona con mucho temperamento y conflictiva. De armas tomar y muy ambiciosa. Fría y calculadora”. Ha mostrado fuerza y carácter durante el periodo en que le tocó la vocería de Chile Vamos, y es uno de los nuevos rostros dentro de los intentos de la oposición de derecha por organizarse en una estructura política más sólida de cara a los próximos desafíos electorales.

La dura arremetida contra la Presidenta Michelle Bachelet que realizó a comienzos de febrero, luego de que esta se refiriera al caso Caval, tras la formalización de su nuera, Natalia Compagnon, le dio una visibilidad que antes no conocía. Alejandra Bravo, la presidenta del PRI, en su carrera política siempre estuvo a la sombra del líder de los “colorines”, Adolfo Zaldívar, y ahora, desde el referente de la oposición Chile Vamos, busca brillar con luces propias.

“No llore tanto, mejor pídale a su hijo que devuelva el dinero”, fue la frase que resonó con fuerza en La Moneda y que incluso provocó la respuesta sarcástica del vocero de Gobierno, Marcelo Díaz: “Probablemente a alguna gente le están afectando las altas temperaturas y no están teniendo control sobre los juicios que emiten”.

Las palabras lanzadas por Bravo parecieron impulsarla a las “grandes ligas” de los dimes y diretes de la escena política, además de empezar a perfilarse como un nombre para la ansiada “renovación”, al menos de figuras, que busca la oposición. Sin embargo, para algunos todavía es una desconocida y no tiene peso político.

Pero ¿de dónde surge esta mujer que comparte la mesa de Chile Vamos junto a los líderes de la UDI, RN, y Evópoli? Bravo, de 51 años, sin hijos –“la política me realiza completamente, no tengo un vacío”, explica– se ha definido como una mujer de “clase media popular” y considera al centro como su trinchera.

En medio de una situación económica complicada familiarmente la madre decidió matricularla en un instituto profesional. Ahí surgió su pasión por el mundo político cuando estudiaba secretariado ejecutivo en el Inacap, donde –según ha relatado– aprendió a organizarse y tomar decisiones. En esa misma casa de estudio, se adentró en los conflictos de poder en 1983, luego del cambio, por un militar en retiro, de un rector jesuita muy querido por los jóvenes.

Su primera infancia la vivió en Chacabuco, en el fundo Los Talaveras, de propiedad de un tío y que administraba su padre. Después la familia se trasladó a El Colorado, hasta que su abuela materna enfermó, por lo que a sus seis años se fueron a vivir para siempre a Esmeralda, un pueblo de Colina, a una casa ubicada en un terreno de su abuelo paterno.

Hasta cuarto básico estudió en una escuelita del pueblo hasta que la mamá decidió trasladarlos a un establecimiento de Peldehue, que quedaba en un campo militar y donde se apuntaba más a la disciplina. Ahí estuvo hasta octavo. Luego la familia tomó la determinación de mandarlos a estudiar a Santiago, donde –según ella misma relató a un sitio web de Chicureo en 2008– le gritaban ¡huasa!

En medio de una situación económica complicada familiarmente la madre decidió matricularla en un instituto profesional. Ahí surgió su pasión por el mundo político cuando estudiaba secretariado ejecutivo en el Inacap, donde –según ha relatado– aprendió a organizarse y tomar decisiones. En esa misma casa de estudio, se adentró en los conflictos de poder en 1983, luego del cambio, por un militar en retiro, de un rector jesuita muy querido por los jóvenes.

Bravo, quien es vista como una persona muy católica, ha reconocido que gran parte de su familia es de derecha, pero que tuvo gran influencia de su madre, una costurera, quien era simpatizante de la Democracia Cristiana y cuyo referente era Eduardo Frei Montalva. Antes del plebiscito de 1988 conoció a Adolfo Zaldívar y tras ello comenzó a militar, integrándose a las juventud DC, llegando a ser presidenta comunal de Colina, desde donde participó en el No a Pinochet.

Dentro de la DC, la actual timonel del PRI llegó a formar parte, como vicepresidenta, de la mesa directiva que encabezó Adolfo Zaldívar, junto a Patricio Rojas, Rafael Moreno y Alejandra Krauss. Paralelamente se convirtió en concejala de su comuna. Sin embargo, dejó el partido un poco antes que el “colorín” fuera expulsado de la colectividad falangista.

Como concejala ha tenido fuertes enfrentamientos con el alcalde Colina, Mario Olavarría (UDI). Incluso Bravo debió enfrentar una acción judicial por injurias y calumnias por parte de profesionales del Departamento Comunal de Salud, de donde salió absuelta.

Luego Bravo se integró al PRI, de la mano del propio ex líder de la DC, poco a poco fue ganando influencia en la colectividad, convirtiéndose en vicepresidenta y hace poco en la líder de la colectividad. “Su único plus es que ha crecido al alero de Adolfo Zaldívar”, dice a El Mostrador un ex militante del PRI que conoció sus inicios en esa colectividad.

Otro de quienes la conoce la califica como una “persona con mucho temperamento y conflictiva”. Además, agrega que es de “armas tomar y muy ambiciosa. Fría y calculadora”.

Ha pasado por varios trabajos, estuvo incluso en el Sernam por tres meses, cuando este era encabezado por la subdirectora Cecilia Pérez, y en este se dedicó completamente a la política. De hecho, reconoce que debido a sus labores no ha podido dar el examen de Periodismo, que empezó a estudiar en 2008 en la Uniacc.

El pololeo con la derecha

Las primeras conversaciones para que el PRI se incorporara a una federación de partidos de centroderecha las inició el ex presidente de RN, Carlos Larraín, con el propio Adolfo Zaldívar. Las negociaciones tomaron impulso luego que el ex democratacristiano aceptará ser embajador en Argentina en el gobierno de Sebastián Piñera. No obstante, el cáncer terminal y la muerte del ex senador en febrero de 2013, pusieron paños fríos a las conversaciones.

Con Eduardo Salas encabezando la colectividad con la estrecha colaboración de Alejandra Bravo –son pareja hace 5 años, viven juntos y esperan casarse “por la iglesia” con ella, dice– se retomaron las conversaciones. Tras cerca de un año de diálogos periódicos entre el propio Salas y el entonces secretario general de RN, Mario Desbordes, llegaron las negociaciones finales que encabezó el propio timonel de la tienda de Antonio Varas, el diputado Nicolás Monckeberg. Hasta que en diciembre pasado se materializó el lanzamiento oficial del nuevo conglomerado, que incluyó a la UDI y Evópoli. Este último partido será el aliado en las lista de concejales para las próximas elecciones municipales que se realizarán en octubre.

La relación de casi dos meses formales entre los partidos del nuevo bloque de centroderecha han sido buenas, según plantean quienes participan de las instancias de la coalición. Para algunos de quienes toman parte en estos encuentros, Bravo es una dirigenta muy activa y, a la hora de ponerle adjetivos, apuntan a que es “amorosa y puntuda”.

En tanto, quienes conocen a Bravo señalan que ella encuentra aún “muy cuico” al timonel de la UDI, senador Hernán Larraín, mientras a Monckeberg lo considera una persona simpática, a quien además califica como un “hippie chic”.

Con todo, en el conglomerado apuntan a que pueden sobrevivir con las diferencias. De hecho, en el PRI replican, una y otra vez, que no son un partido de derecha sino de centro y que, por ejemplo, la colectividad tiene convicción respecto a una economía social de mercado.

Por ahora, las fuerzas de Bravo están puestas en inscribir en seis regiones más al partido que actualmente se encuentra solo legalizado en tres y en seguir buscando y confirmando candidatos para que en los próximos comicios lideren el “centro humanista cristiano”, como ella misma señala, ya que advierte que renunciaron a la DC pero no a sus convicciones.

El problema del PRI

“Era la única del partido que no tenía boletas, y por eso llegó a la presidencia”, explicó a El Mostrador un ex militante de la colectividad, para dar cuenta de cómo Bravo llegó a instalarse como la timonel del PRI.

En esa línea, es que surge una de las apariciones más mediáticas de Bravo antes de su frase contra Bachelet. Esto fue cuando debió hacer frente a las críticas a su partido por las vinculaciones de varios militantes con el denominado caso SQM.

En abril de 2015, una de las más duras fue la senadora de Amplitud Lily Pérez, quien calificó al PRI como “un grupo de operadores políticos pagados por SQM”. La legisladora recalcó que “están todos metidos con boletas en el Ministerio Público, el (ex) presidente (Humberto de la Maza) y el secretario general (Eduardo Salas), parece que la gente sabe poco de esta cuestión. Entonces a mí me da risa cuando dicen que están en la Alianza representando algo”.

En esa oportunidad, Bravo respondió y sostuvo que Lily Pérez “cacareaba mucho”. Con todo, la situación que comprometió a militantes de ese partido fue dura para ella, sobre todo porque uno de los involucrados era, ni más ni menos, su pareja. Según explica la presidenta del PRI, Eduardo Salas “no está formalizado, como todo profesional además con experticia con temas mineros, trabajó para SQM, tiene todos sus informes entregados, hasta hoy no ha tenido ningún problema”.

Algunos explican que Salas sigue siendo quien lidera al partido y que salió de la primera línea mediática por el caso judicial. En tanto, Bravo reconoce que en su casa se habla mucho de política y que ahí a ambos les cuesta dar su brazo a torcer.

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