Jueves, 30 de junio de 2016Actualizado a las 01:09

Poco apoyo desde el flanco izquierdo y descomposición de la Nueva Mayoría son sus preocupaciones centrales

Los fantasmas y dudas que rondan sobre Lagos

por 17 marzo 2016

Los fantasmas y dudas que rondan sobre Lagos
El principal tema que preocupa a Lagos es otro. El poco apoyo que tiene desde la izquierda, entendida más allá de la dirigencia y la orgánica del PC o de figuras como Camila Vallejo. Se trata de ese mundo progre, que como electorado muchas veces anula, que es crítico de su primer Gobierno, de la mirada neoliberal que tuvo su administración, del CAE en Educación, que tiene recelo y desconfianza de las excesivas alabanzas que recibe del empresariado.

“No voy a ser como Arturo Alessandri que llegó a La Moneda por segunda vez en brazos de la derecha”, una frase que, no una sino muchas veces, ha dicho en privado el ex Presidente Ricardo Lagos a varios miembros de su entorno en distintas ocasiones para graficar –explicaron– una de las varias dudas que lo rondan en estos días y que, con un contexto político distinto y por razones diferentes, igual hacen aparecer el fantasma del 2009, cuando una segunda candidatura quedó en el camino.

En el PPD y en el propio entorno de Lagos detallan que no se trata de que haya bajado los brazos, es más, mantiene intacta su agenda de actividades y reuniones con dirigentes del oficialismo, pero sí reconocen que en estos últimos meses está “menos convencido que antes” de volver a La Moneda, que “no sabe realmente si su destino sea regresar”. Las razones son varias y van desde el tema de la edad, que sí lo complica en alguna medida, hasta el temor a cumplir con el viejo refrán aquel que advierte que las segundas partes nunca son buenas, lo que es un riesgo real.

Lagos Escobar tiene 78 años y no hay dos voces para decir que se encuentra en excelentes condiciones físicas y mentales. Para nadie que haya estado con él en alguna reunión, que lo haya visto en alguna actividad pública –como el lanzamiento del libro sobre Patricio Aylwin el viernes 11 de marzo o la elección de su hijo, Ricardo Lagos Weber, como presidente del Senado el martes 15–, pasa inadvertida la energía y vitalidad que proyecta el ex Mandatario.

El tema de la edad, expresan sus cercanos, no lo complica para nada hoy. El punto es otro: son los cuatro años de Gobierno en los que tendría más de 80 y el desgaste físico que implica estar una vez más en la primera fila política. Esa es la duda –agregaron–, no tener la salud para gobernar, que lo afecte el “síndrome Reagan”, aludiendo al ex Mandatario de EE.UU. que, durante su segundo mandato entre 1985-1989, comenzó a evidenciar los síntomas del Alzheimer que lo afectó.

Sin embargo, el principal tema que preocupa a Lagos es otro. El poco apoyo que tiene desde la izquierda, entendida más allá de la dirigencia y la orgánica del PC o de figuras como Camila Vallejo. Se trata de ese mundo progre, que como electorado muchas veces anula, que es crítico de su primer gobierno, de la mirada neoliberal que tuvo su administración, del CAE en Educación, que tiene recelo y desconfianza de las excesivas alabanzas que recibe del empresariado.

En ese punto, poco y nada ayuda –reconocen en el laguismo– la imagen pública de ser “amado” por el empresariado, menos en un contexto como el actual, donde han ido quedando al descubierto todos los trapos sucios y vicios de la tenue línea que separa lo público de lo privado y de la compleja relación entre la política, su financiamiento y los intereses empresariales. Una elite completa cuestionada, aquella en la cual el mundo de la izquierda sitúa a Lagos Escobar como una de sus figuras más relevantes y de la cual siente una gran distancia.

Lagos entiende –explicaron– que la crisis política y de confianza es transversal, que los casos Penta y SQM han remecido todo, que por eso ha tratado de ser cauteloso con sus opiniones, ha manejado bien sus silencios, especialmente con lo relacionado con el ex senador UDI, Pablo Longueira, con quien en su momento generó una alianza estratégica a la luz de la política de los consensos.

"Lo que uno tiene que decir es que esperemos que las instituciones funcionen no saquemos conclusiones apresuradas, pero al mismo tiempo entendamos que hay que abordar el tema de política y dinero y eso es fundamental, verdad, y por tanto creo que lo que ya se ha avanzado ha sido importante y cómo se va a seguir ahora hacia adelante", respondió el martes sobre la situación del alicaído líder gremial, una respuesta “muy institucional”, muy “al estilo Lagos”, que le permite mantener la distancia, no cometer el error de José Miguel Insulza y poner el énfasis en la importancia de recobrar el sello de probidad y austeridad que tuvo la política en general.

Poco y nada ayuda –reconocen en el laguismo– la imagen pública de ser “amado” por el empresariado, menos en un contexto como el actual, donde han ido quedando al descubierto todos los trapos sucios y vicios de la tenue línea que separa lo público de lo privado y de la compleja relación entre la política, su financiamiento y los intereses empresariales. Una elite completa cuestionada, aquella en la cual el mundo de la izquierda sitúa a Lagos Escobar como una de sus figuras más relevantes y de la cual siente una gran distancia.

El flanco izquierdo es lo que realmente lo complica, reconocen sin excepción en su entorno, porque no es un escenario que le acomode ni menos que sea muy auspicioso para el éxito de una eventual gestión ganar gracias a la derecha y gobernar sin la izquierda.

“Eso es lo que le está instalando principalmente las dudas”, agregaron en el PPD, junto con explicar que por la misma razón es el acento que el ex Mandatario pone en los temas constitucionales, la necesidad de una nueva Carta Magna o la apertura en relación con la legalización de la marihuana, dos ítems que son sensibles y relevantes en el mundo de la izquierda. “Efectivamente son guiños a este sector, pero no son suficientes”, reconoció un dirigente PPD.

Casa desordenada

Esta preocupación va de la mano con otro flanco que alimenta las vacilaciones de Lagos: la situación de la Nueva Mayoría. En el laguismo afirman que el ex Presidente ha mirado con atención los conflictos, las desavenencias y el desorden interno de la coalición oficialista, que a su juicio –dijeron– le generan incertidumbres, porque necesita un conglomerado mediamente alineado que le permita llevar adelante propuestas y un programa de Gobierno.

Los que lo conocen acotan que un punto muy relevante para Lagos es definir lo que quiere hacer políticamente y, bajo esa premisa, un conglomerado mal avenido, que no logra hacer valer sus mayorías en el Congreso, complica sus opciones. “Es clave el tipo de coalición que vamos a tener, si eso no está es bien difícil que decida ir de candidato”, afirmó otro dirigente PPD.

Transversalmente en la Nueva Mayoría el nombre de Lagos genera apoyos, no son pocos los que lo ven como la mejor opción para el 2017 y él lo sabe. Algo que quedó en evidencia, una vez más, el martes en el Senado, ya que al concluir la ceremonia del cambio de mesa, fue esperado por un grupo de parlamentarios del oficialismo a la salida de las tribunas, que lo querían saludar, entre ellos, el senador DC Andrés Zaldívar, además del diputado del mismo partido, Roberto León, involucrado en el caso SQM.

Pero más allá de los aplausos y los abrazos, en la Nueva Mayoría hay varios nudos que deben desatarse: la tensa relación que existe entre el PC y la DC, como la idea que se está fraguando en la falange de apostar por correr con candidato propio hasta la primera vuelta y el resultado de las elecciones municipales de octubre.

Todos los que reconocen que Lagos está “evaluando” su situación, también coinciden en que el resultado de la Nueva Mayoría en dichos comicios será clave y que después de eso será realmente cuando tome su decisión, independientemente de que la haga pública en marzo del 2017, como dijo en enero. Así, el porcentaje de votos que logre la Nueva Mayoría y la brecha que la distancie de la derecha son las dos cifras más relevantes, más allá de las alcaldías que se ganen y pierdan, esos serán los verdaderos “termómetros políticos” con los que medirá la base de apoyo con la que puede contar para partir.

La Nueva Mayoría tiene otra falencia que no es menor y de la cual Lagos, aseguraron, está plenamente consciente: la falta de elencos nuevos en la coalición a quienes recurrir como cuadros para armar Gobierno. Explicaron que sabe que no puede recurrir a la llamada vieja guardia ni a los principales exponentes del partido del orden, pero tampoco observa muchas opciones de recambio real.

La apuesta que se autoimpuso la G90 –liderada por el ex ministro Rodrigo Peñailillo– en su momento y que el laguismo miró con buenos ojos por varios años, como la construcción de una alternativa real de tiraje a la chimenea, quedó en el camino. Los cuestionamientos con actos reñidos con la ética política, por cuentas poco claras y boletas, han dejado caer uno a uno a los integrantes de este grupo, el último de ellos, el administrador de Palacio, Cristián Riquelme, lo que hace muy poco probable –recalcaron desde el propio PPD– que el ex Mandatario piense jugarse esa carta.

Ha llamado la atención, por lo mismo, el hecho de que Lagos se esté reuniendo habitualmente, que conversa mucho con Óscar Landerretche hijo, el vicepresidente ejecutivo de Codelco, un economista reconocido por su inteligencia, con trayectoria como académico de la Universidad de Chile, con doctorado en Estados Unidos, y que tiene solo 43 años.

Un perfil que tiene todos los elementos que atraen políticamente al ex Mandatario en una figura política y, por lo mismo, ya hay quienes observan que precisamente esté viendo en él a un posible hombre de confianza, un nuevo factótum.

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