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Plástico: las caras del producto que debemos eliminar

por 1 marzo, 2019

Plástico: las caras del producto que debemos eliminar
A pesar de que llevamos usando polímeros como material hace varios siglos, solo nos percatamos de su nocividad las últimas décadas. Con una presencia apabullante en los océanos, materiales como el polietileno son amenazas directas para la vida marina, los ecosistemas y a nosotros mismos.
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No surgió ni con las botellas de bebidas, ni con bolsas plásticas ni como envases. Las culturas originarias de América Latina ya utilizaban materiales de polímeros, como el caucho de latex para confeccionar figuras humanas, bandas para atar cabezas de hachas y bolas del material, entre otros usos.

Recién a mediados del siglo XIX el comercio del preciado material tomó fuerza, muchas veces a costas de pueblos indígenas y comunidades rurales, cuando puertos brasileños se abrieron a la navegación internacional. Casi paralelo al desarrollo de la vulcanización, de la mano del estadounidense Charles Goodyear, con el que logró endurecer y aumentar la resistencia al frío del caucho. Pocos años después, fabricamos la baquelita, la primera sustancia plástica completamente sintética. De ahí en adelante conocemos la historia.

Plástico le denominamos a una serie de materiales que, creados en base a compuestos orgánicos y principalmente sintéticos, tienen en común la propiedad de ser maleables. Fácil de moldear, barato, impermeable, aislantes eléctricos, acústicos y térmicos. Propiedades que le dieron una posición privilegiada en el mercado apenas hecha masiva su producción.

Pero hoy, a más de un siglo de su industrialización, lo que al principio parecía -y fue- una invención revolucionaria, nos pone en una encrucijada. Nos despedimos del otrora milagro o nos preparamos para una crisis medioambiental sin precedentes

Producción y contaminación

Una de las facultades que hacen del plástico tan conveniente es precisamente la que más problemas genera a día de hoy: su durabilidad. Las bolsas de plástico, fabricadas generalmente con polietileno de baja densidad, tardan más de un siglo en degradarse totalmente. Caso peor son las botellas plásticas, producidas a base de Polietileno Tereftalato -o PET -: entre 450 y 1.000 años toma descomponerlo a los microorganismo que se encuentran encuentran en la naturaleza.

Son estas últimas de las más presentes en los océanos, debido a su tremenda producción y consumo. El año 2016 se vendieron cerca de 480 mil millones de botellas de bebidas: esto es cerca de un millón por minuto. Pero siendo justos, las botellas no son las únicas presentes en la contaminación marina: redes de pesca, cubiertos de plástico, vasos, tapas, envases de comida rápida, globos, bolsas, colillas de cigarro.

Si es plástico, probablemente termine en el mar: tan sólo un 9% de la producción mundial de plástico fue reciclada el año 2015, según un reporte de la revista Science Magazine. Otro 12% fue incinerado, mientras que el 79% acumulado en vertederos o expulsado a entornos naturales.

¿Y cuánto plástico hay entonces en el océano? Si bien los cálculos pueden variar dependiendo del estudio, se estima que existen cerca de 250 mil millones de toneladas de plástico en los mares del planeta. Cerca de 8 millones de toneladas van a parar al mar cada año: el peso de 800 torres Eiffel. Para el 2050 se estima que en términos de peso, habrán más particulas y residuos plásticos que peces en el planeta.

Podemos bajarlo a términos más cotidianos: cada segundo cerca de 200 kilos de plástico se vierten al mar. Sólo el 15% se queda en la superficie, con cerca del 70% que va directo hacia el fondo marino.

Efectos

Si bien los datos son apabullantes por sí solos, no basta con tener números en mano para entender su impacto. En los giros oceánicos de todo el mundo (las zonas centrales de los mares) ya hay más plástico en suspensión que plancton. Son las llamadas “grandes manchas de basura”. En su gran mayoría son microplásticos dispersos en superficies gigantescas (la mancha del Pacífico es mayor que EEUU) por lo que es imposible verlas a simple vista y mucho menos limpiarlas.

Estos fragmentos también vuelven a las grandes masas de tierras. Estudios aseguran que la totalidad de las playas del planeta presentan fragmentos plásticos y microplásticos. Lugares como Kamilo Beach, en Hawaii, son tristemente célebres por la acumulación de residuos plásticos que en algún momento estuvieron en el mar.

La fauna marina también se ve afectada: cerca de 1 millón de aves marinas y más de 100.000 mamíferos marinos mueren cada año por culpa de los desperdicios plásticos. La cadena alimenticia se ve también interferida por la presencia de estos polímeros, al hacer que aves y peces confundan los microplásticos (fibras plásticas casi imperceptibles al ojo humano) con comida.

Uno de los efectos recientemente descubiertos es el aporte que generan los residuos plásticos al efecto invernadero. Al exponerse a la luz solar, los plásticos más comunes -como el polietileno- liberan metano y etileno, dos potentes gases a la hora de generar efecto invernadero.

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