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¿Pandemia inclusiva?

por 24 marzo, 2020

¿Pandemia inclusiva?
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En estas semanas hemos visto como avanza el Coronavirus, una pandemia como lo ha definido la Organización Mundial de la Salud (OMS), poniendo a prueba a los estados, la ciudadanía y las instituciones. Autocuidado y empatía son los conceptos claves, y en la evaluación pareciera que las desigualdades en estos puntos, hacen la diferencia a la hora de enfrentarla con éxito.

Más de 1.000 millones de personas, el 15 % de la población mundial, tienen alguna discapacidad. En Chile, suman más de 2 millones 600 mil. Para ellos, las respuestas en esta crisis, parecieran no ser suficientes, adecuadas y certeras.

¿El Estado ha diferenciado las medidas según las necesidades de las personas? ¿Las respuestas y campañas son inclusivas? ¿El acceso a comida, medicamentos, vacunas están pensadas en ellos? ¿Son los primeros en la fila en las planificaciones de salud o el actuar de las instituciones? ¿Hemos considerado que muchos requieren de ayuda permanente? ¿Incluso el afecto físico que hoy es limitado?

Concuerdo con Catalina Devandas, relatora especial de las Naciones Unidas sobre los derechos de las personas con discapacidad, quien hace pocos días levantó una voz de alarma sobre la falta de medidas para proteger y ayudarlas ante el coronavirus: “Las personas con discapacidad sienten que las han dejado atrás (…) Las medidas de contención, como el distanciamiento social y el aislamiento personal, pueden ser imposibles para quienes requieren apoyo para comer, vestirse o ducharse”.

Hemos olvidado que muchas de las personas con discapacidad pertenecen a grupos de riesgo y dependen de servicios que han sido suspendidos o acotados, o que simplemente no cuentan con los recursos económicos para entregas a domicilio de alimentos o medicamentos, entre otros.

Esto, sin olvidar los espacios de afecto y contención emocional, que muchas veces requieren de contacto físico.

Solo un ejemplo, la Confederación de Autismo de España solicitó al Gobierno que las personas con trastorno del espectro del autismo (TEA) puedan, de forma excepcional, salir solas o acompañadas a la calle cuando sus circunstancias así lo requieran, porque la permanencia indefinida en sus hogares puede generar alteraciones de comportamiento o afecciones graves en su bienestar psicofísico y personal.

Por tanto, es urgente tomar medidas adicionales de protección, entre las que debieran al menos ser consideradas:

  1. Campañas accesibles e inclusivas sobre salud e higiene, incluyendo la interpretación en señas, subtítulos, formatos y medios que permitan una lectura fácil y sencilla.
  2. Protocolos que prioricen su atención en domicilios, como la entrega de vacunas o suministros preventivos de salud.
  3. También establecer protocolos que den garantía a las personas con discapacidad que su supervivencia es considerada una prioridad, cuando los recursos médicos u hospitalarios sean limitados.
  4. Incorporar la expertise de las organizaciones de personas con discapacidad, para ser involucradas en todas las etapas de respuesta al coronavirus o COVID-19. Ahí hay un recurso importantísimo que no es aprovechado en estos momentos.
  5. Trabajo desde el hogar o licencias con goce de sueldo garantizado en tiempo y oportunidad, para proteger los ingresos personales, de sus familias o cuidadores.
  6. Apoyos económicos adicionales para reducir el riesgo de que puedan caer en pobreza o mayor vulnerabilidad.
  7. Flexibilizar el acceso de familiares a instituciones de cuidado, porque limitar el contacto con sus seres queridos deja a las personas con discapacidad totalmente desprotegidas frente a cualquier forma de abuso o negligencia.

Esta es una oportunidad, para que el Estado de Chile haga la diferencia, y en la urgencia no olvide la inclusión por la que tanto hemos abogado. Esto es un llamado a las entidades públicas, al Gobierno, pero también a la empresa privada y de servicios y a las instituciones que trabajamos en el tema. No perdamos el tiempo, rompamos con la discriminación estructural que estamos reforzando en esta pandemia. En Chile y el mundo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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