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Expertos advierten que la apariencia no define una buena condición física Salud Crédito: El Mostrador.

Expertos advierten que la apariencia no define una buena condición física

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El aumento del trote y el entrenamiento de fuerza ha instalado nuevas ideas sobre salud y condición física. Especialistas advierten que verse delgado o ir al gimnasio no siempre refleja un verdadero bienestar funcional.


Salir a correr, entrenar fuerza o asistir regularmente al gimnasio se ha convertido en parte de la rutina de miles de personas. Sin embargo, especialistas advierten que el concepto de “buen estado físico” no puede reducirse únicamente a la apariencia corporal o al rendimiento deportivo, sino que debe entenderse desde la capacidad funcional y la calidad de vida.

En los últimos años, el ejercicio físico ha ganado protagonismo en la vida cotidiana. El aumento de personas que practican trote, entrenamiento funcional o rutinas de fuerza responde tanto a objetivos de salud como a motivaciones estéticas.

En ese contexto, conceptos como “estar fit” o “estar en forma” se han instalado con fuerza, aunque no siempre reflejan el verdadero estado físico de una persona.

Desde la kinesiología, los especialistas plantean que el bienestar físico debe evaluarse de manera más amplia, considerando factores que permitan mantener autonomía, movilidad y capacidad funcional a lo largo del tiempo.

Más allá de la apariencia física

Juan Ignacio de la Fuente, académico de la Escuela de Kinesiología de la Universidad Andrés Bello, señala que “el buen estado físico significa contar con las capacidades necesarias para moverse con seguridad, tolerar esfuerzos, recuperarse adecuadamente y mantener la autonomía a lo largo del tiempo. No se trata solo de cómo nos vemos, sino de cómo funcionamos”.

Entre los factores más relevantes para evaluar la condición física aparece la capacidad cardiorrespiratoria, asociada a menores riesgos de enfermedades crónicas y mortalidad.

A esto se suman otros componentes como la fuerza muscular, la movilidad, el equilibrio, la estabilidad y el control neuromuscular.

Todos estos elementos permiten enfrentar de mejor manera actividades diarias como caminar largas distancias, subir escaleras o mantener el equilibrio.

“En la práctica, el buen estado físico se refleja en acciones concretas como caminar con seguridad, subir escaleras sin fatigarse en exceso, levantarse de una silla con facilidad o mantener el equilibrio”, explica De la Fuente.

Crédito: El Mostrador.

El rol de la fuerza y el músculo

El auge del entrenamiento de fuerza también ha puesto el foco en la importancia del músculo para la salud general.

Según el académico, la musculatura no solo cumple funciones relacionadas con el movimiento, sino que también tiene un impacto metabólico relevante.

“El músculo cumple un rol fundamental en el control de la glucosa, la sensibilidad a la insulina y el metabolismo general. Por eso, el entrenamiento de fuerza tiene beneficios concretos, especialmente en personas con diabetes tipo 2 o riesgo metabólico”, indica.

Sin embargo, el especialista aclara que no basta con aumentar masa muscular. Lo importante es que esta sea funcional y permita responder adecuadamente a las demandas físicas del día a día.

El peso no siempre refleja salud

Uno de los puntos que más enfatizan los expertos es que el peso corporal, por sí solo, no permite determinar el verdadero estado físico de una persona.

“Una persona puede no tener una enfermedad diagnosticada y, aun así, presentar baja capacidad aeróbica, poca fuerza o dificultades para realizar actividades diarias. Incluso dos personas con el mismo peso pueden tener condiciones físicas muy distintas”, advierte.

Este enfoque busca alejarse de una visión centrada únicamente en la estética y promover una comprensión más integral de la salud física.

Así, para los especialistas, mantener una buena condición física tiene efectos que van más allá del deporte o la apariencia.

La capacidad de moverse con independencia, participar activamente en la vida cotidiana y mantener autonomía en el tiempo aparece como uno de los principales beneficios.

“Cuando una persona tiene un buen estado físico, tiene más posibilidades de involucrarse en su entorno familiar, laboral y comunitario. No hablamos solo de rendimiento, sino de calidad de vida, autonomía y participación efectiva en la sociedad”, concluye el académico.

En medio del creciente interés por el ejercicio y los hábitos saludables, el debate sobre qué significa realmente estar en forma comienza a trasladarse desde lo estético hacia una mirada más funcional e integral del bienestar físico.

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