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Inactividad física supera el 50% en Chile: expertos explican cómo afecta al corazón
Según la ENCAVI 2023-2024, el 51,2% de la población en Chile es físicamente inactiva y un 33% declara no realizar actividad física. Un especialista advierte que reducir el sedentarismo también implica incorporar movimiento durante la jornada.
El sedentarismo vuelve a aparecer como un desafío para la salud pública en Chile. Los resultados de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida y Salud (ENCAVI) 2023-2024, dados a conocer en 2025 por el Ministerio de Salud, muestran que más de la mitad de la población es físicamente inactiva, mientras que un tercio declara no realizar ningún tipo de actividad física.
Más de la mitad de la población presenta inactividad física
De acuerdo con la ENCAVI, el 51,2% de la población chilena es físicamente inactiva, cifra que supera la registrada en la medición anterior. A esto se suma que un 33% declara no realizar ningún tipo de actividad física.
El escenario también presenta diferencias según sexo. La inactividad física alcanza al 57,6% de las mujeres, frente al 44,5% de los hombres.
Helmuth Reinhardt, médico especialista en Medicina del Deporte y la Actividad Física de la Clínica de Recuperación de Lesiones (CRL), comenta que “una persona puede realizar 30 o 60 minutos de entrenamiento al día y, aun así, acumular demasiadas horas sentada”. Por ello, plantea que la prevención debe considerar tanto la práctica de ejercicio como la reducción del tiempo sedentario durante la jornada.

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¿Cómo puede afectar al corazón?
La actividad física regular tiene efectos sobre distintos factores relacionados con la salud cardiovascular. De acuerdo con el especialista, ayuda a mejorar la capacidad cardiorrespiratoria y favorece el funcionamiento de los vasos sanguíneos. También contribuye al control de la presión arterial, la sensibilidad a la insulina, el peso y la grasa visceral.
Asimismo, se relaciona con una menor probabilidad de desarrollar hipertensión, diabetes tipo 2, infarto y accidente cerebrovascular.
Uno de los aspectos que dificultan la detección de estos riesgos es que algunas alteraciones pueden desarrollarse durante años sin generar síntomas evidentes. La hipertensión, los cambios en los niveles de glucosa o colesterol y la acumulación de grasa visceral pueden avanzar silenciosamente.
Por ello, no es recomendable esperar a sentirse mal para comenzar a incorporar movimiento o controlar los factores de riesgo.
Señales que requieren atención
Existen, sin embargo, algunas señales que pueden advertir una disminución de la capacidad física. Entre ellas se encuentran una pérdida progresiva de la capacidad para realizar actividades cotidianas, cansancio excesivo al subir escaleras, falta de aire desproporcionada o la necesidad de detenerse al recorrer distancias que anteriormente se toleraban con normalidad.
Si durante el ejercicio aparece dolor o presión en el pecho, falta de aire intensa, mareos, desmayo o palpitaciones asociadas a síntomas, el especialista recomienda suspender la actividad y consultar.
No basta con entrenar: también hay que moverse durante el día
La recomendación apunta a incorporar movimiento más allá de una sesión específica de ejercicio.
“El sedentarismo no se resuelve únicamente con voluntad individual; también depende de cómo diseñamos nuestras jornadas, ciudades, colegios y lugares de trabajo”, señala Reinhardt.
Para comenzar a incorporar actividad física no es necesario partir con rutinas intensas. El especialista destaca ejercicios aeróbicos como caminar a paso rápido, andar en bicicleta, nadar, trotar o bailar para mejorar la capacidad cardiorrespiratoria.
A esto, plantea, se debería sumar entrenamiento de fuerza al menos dos veces por semana, debido a sus beneficios sobre la masa muscular, la funcionalidad y el control metabólico.
En adultos, las recomendaciones actuales apuntan a acumular entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana.
Para quienes llevan años sin realizar ejercicio, la indicación es comenzar de manera gradual y aumentar progresivamente la duración, frecuencia e intensidad.
Las brechas también están relacionadas con las condiciones de vida
La ENCAVI muestra que la inactividad física no se distribuye de manera uniforme entre la población. Entre las barreras identificadas se encuentran las responsabilidades de cuidado, la disponibilidad de tiempo y la percepción de seguridad, factores que pueden afectar especialmente las posibilidades de las mujeres de realizar actividad física.
En las personas mayores, el movimiento también cumple un papel en la preservación de la independencia. Junto con el ejercicio aeróbico y el trabajo de fuerza, se recomienda incorporar ejercicios de equilibrio y actividades multicomponentes para mantener la capacidad funcional y disminuir el riesgo de caídas.
Para Reinhardt, abordar el sedentarismo requiere considerar también el entorno en que las personas desarrollan su vida cotidiana.
“Las condiciones en que las personas viven, trabajan y se desplazan también influyen, como las jornadas laborales o de estudio sedentarias, mayor exposición a pantallas, desplazamientos poco activos y diferencias en el acceso a espacios seguros para realizar actividad física forman parte del problema”, plantea.