Publicidad
Aranceles y proteccionismo en Estados Unidos Opinión Archivo

Aranceles y proteccionismo en Estados Unidos

Publicidad
Osvaldo Rosales
Por : Osvaldo Rosales Jefe Negociador del TLC con Estados Unidos
Ver Más

Las transiciones digital y energética, la IA, el cambio climático y la disputa por las nuevas tecnologías y los minerales críticos marcarán las próximas décadas. Este escenario exige una visión estratégica de cancillería, enmarcada en una política de Estado, visión que hasta ahora no se conoce. 


El Mostrador Fuente Preferida

EE.UU. impuso un arancel de 12,5% al 40% de nuestras exportaciones, contrariando un TLC que durante 22 años aseguró ingreso libre de aranceles y cuotas, cuando sus productos entraron sin restricciones a Chile y mantuvieron un superávit comercial sistemático.

El TLC contempla un mecanismo de solución de controversias basado en cooperación, consultas y acuerdos mutuamente satisfactorios. Basta leerlo. El Capítulo XXII, artículo 22.1, establece que las partes procurarán prevenir y resolver controversias y harán todo lo posible por alcanzar soluciones mutuamente satisfactorias. Una parte no puede imponer aranceles unilateralmente: antes deben operar consultas (22.4), buenos oficios, conciliación, mediación (22.5) y, si corresponde, un panel (22.6). El panel debe emitir un informe preliminar (22.12) y después de las apelaciones, uno final (22.15). Solo si este informe final determina una infracción, entonces procedería una compensación o suspensión, siempre equivalente al daño. Nada de ello ocurrió.

La Casa Blanca invoca presunto trabajo forzoso en importaciones chilenas. El argumento es burdo y carece de documentación. Además, el TLC ofrece vías laborales específicas en el Capítulo Laboral (Capítulo XVIII), Consejo de Asuntos Laborales (18.4), Mecanismo de Cooperación Laboral (18.5) y Consultas Cooperativas (18.6). Al ignorar todas estas instancias, Trump desconoce un acuerdo ratificado por ambos gobiernos y Congresos.

Este desvarío arancelario afecta al 99% del comercio de bienes de EE. UU., alcanza a cerca de 90 países y eleva el arancel medio norteamericano a cerca del 12%. No es una medida contra Chile, pero en productos sensibles nos deja con aranceles superiores a los de países sin TLC con el país norteamericano.

Aunque el gobierno sostiene que el TLC sigue vigente, en los hechos está parcialmente suspendido: 40% de nuestras exportaciones queda fuera de sus beneficios. Debe evitarse un acuerdo impuesto bajo coacción que convierta el arancel cero en un piso de 10%. No debemos aceptar una renegociación forzada del TLC, la que además pasaría por encima de las atribuciones del Congreso.

Además, ¿Qué se negociaría? Toda negociación supone do ut des: entregar algo para obtener algo. ¿Qué habría que conceder y a cambio de qué logro? ¿Bajar del 12,5% al 10%? ¿Por qué tenemos que negociar si ya tenemos un acuerdo de libre comercio?

Las concesiones podrían ser sensibles: ¿Limitar inversiones chinas, dar trato preferente en tierras raras, alinearnos con la doctrina Donroe, comprar aviones de combate, elevar el gasto en defensa del 1,5% al 3,5% del PIB o modificar la política exterior hacia Medio Oriente, alineándonos con Israel? ¿Abandonar el Tribunal Penal Internacional? En IA y gigantes tecnológicos, ¿Estaremos más cerca del Papa o de Elon Musk y Peter Thiel?

La cancillería anunció la salida de Chile del Movimiento de No Alineados. La decisión podría parecer coherente si el gobierno optó por alinearse con los objetivos estratégicos de Estados Unidos, pero entonces debe decirlo con claridad y explicar los estudios de respaldo. Una definición de esa magnitud exige política de Estado: análisis serios, consultas al Congreso, a la academia y a la experiencia diplomática acumulada desde la recuperación de la democracia. No puede resolverse mediante una simple declaración que, además, no aclara sus razones.

Un dato fundamental de la nueva realidad internacional es el cambio estructural en EE.UU. El Partido Republicano abandonó el libre comercio y el equilibrio fiscal. La Casa Blanca vive en encontrones con el Poder Judicial, con la prensa y las principales universidades. El país viró al proteccionismo, rompe con el multilateralismo y desconoce acuerdos bilaterales. Pregonar una alianza estratégica principal con quien daña nuestras exportaciones no parece buen negocio.

Diversificar mercados es urgente. Asia-Pacífico y África ofrecen gran potencial: India; siete economías asiáticas con más de mil millones de consumidores y solo cuatro países africanos suman 620 millones y un crecimiento que duplica el latinoamericano en los últimos cinco años. Para ello, hay que gastar más en innovación, fortalecer ProChile, articularlo mejor con Corfo e InvestChile, digitalizar aduanas y apoyar la internacionalización de pymes con financiamiento, factoring internacional e inversión logística y portuaria.

Desde el retorno a la democracia, la reinserción global de Chile descansó en un consenso dual: apertura comercial y conquista de mercados, junto con defensa de principios como soberanía, autonomía estratégica, no intervención, derecho internacional, paz, DD. HH. y fortalecimiento del multilateralismo. No ha sido solo un consenso comercial: basta recordar la negativa del presidente Lagos de acompañar la invasión a Irak, aún a riesgo de congelar la ratificación del TLC.

Ese consenso no puede abandonarse. Las transiciones digital y energética, la IA, el cambio climático y la disputa por las nuevas tecnologías y los minerales críticos marcarán las próximas décadas. Este escenario exige una visión estratégica de cancillería, enmarcada en una política de Estado, visión que hasta ahora no se conoce.

Nuestra orientación exportadora requiere reglas estables, multilateralismo sólido y respeto a los acuerdos comerciales. Hoy EE.UU. no ofrece esas garantías y deja de ser un socio confiable.

Chile debe evitar alinearse con cualquiera de las dos superpotencias. Frente al proteccionismo estadounidense y el debilitamiento multilateral, corresponde reforzar el CPTPP, acercarse al RCEP, priorizar acuerdos pragmáticos en la región, avanzar en el corredor bioceánico y estrechar alianzas con Europa, Canadá y otros defensores del multilateralismo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Inscríbete en el Newsletter +Política de El Mostrador, súmate a nuestra comunidad para informado/a con noticias precisas, seguimiento detallado de políticas públicas y entrevistas con personajes que influyen.

Publicidad