Opinión
Crédito: El Mostrador.
Cuidar también necesita cuidados
Cuando una persona enfrenta una enfermedad, gran parte del foco está en su diagnóstico y tratamiento. No obstante, existe otra cara de la moneda que también merece atención. Me refiero a quienes acompañan a estos pacientes después del proceso de intervención y asumen los cuidados que muchas veces continúan en el hogar.
Atender a una persona va mucho más allá de tratar una enfermedad, implica estar disponible para sus necesidades, velar por su bienestar y, al mismo tiempo, respetar su dignidad. Y si miramos hacia quienes ejercen este rol, según la Política Nacional de Apoyos y Cuidados 2025-2030 del Gobierno de Chile, son cerca de 1.200.000 personas, de las cuales, un 80% son mujeres (familiares o cuidadoras) que entregan su tiempo y dedicación hacia una labor que no cuenta con un sistema que ofrezca las herramientas adecuadas.
Durante 2025, se realizaron más de 500.000 atenciones domiciliarias en el marco del Programa de Cuidados Paliativos Universales, una cifra que dimensiona la importancia de mejorar la atención y cobertura hacia estos hogares, pero también nos invita a preguntarnos cómo estamos apoyando hoy a quienes asumen esta responsabilidad diariamente, muchas veces por sí solas.
Reconocer a las personas cuidadoras está bien, pero ese reconocimiento debe ir acompañado de apoyos concretos. Orientación, seguimiento y equipamiento adecuado son las bases para facilitar las tareas cotidianas y contribuir a un cuidado más seguro, especialmente cuando los pacientes requieren reposos prolongados.
En el Día Mundial del Cuidado y el Apoyo, la invitación es a más que conmemorar, ampliar la mirada hacia una atención verdaderamente integral, que no solo se preocupe de quienes enfrentan una enfermedad, sino también del apoyo que reciben quienes los acompañan día tras día.
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